El principe de los no voladores
Para mi salvadora de pingüinos particular. Que lo disfrutes Eiram^^El paÃs de las Aguas Heladas estaba en el lejano Mar del Hielo y era un lugar inhóspito y solitario. Sus habitantes eran gente huraña que vivÃa refugiada en las cuevas de las Montañas de Hielo, dormÃan todos juntos en un mismo lugar para darse calor unos a otros y adoraban al gran dios Khinse. Ese gran dios controlaba las tormentas, los peces y las épocas de hambruna, por eso, cada luna llena se ofrecÃa en su pequeño sacrificio en su altar.
Esta vez la luna llena llegó tras un largo ayuno, con tormentas desoladoras que impedÃan salir a cazar y muchos de los suyos habÃa muerto. El gran sacerdote de los hombres de las Aguas Heladas decidió que debÃan ofrecer un sacrificio mayor para aplacar la ira del helado dios. Asà que los agotados isleños salieron a buscar pos sus tierras una ofrenda que pudiera agradar a su dios.
Recorrieron las heladas praderas, las bravas costas y los escarpados acantilados. Al fin volvieron los agotados cazadores al calor del hogar. Fueron recibidos en medio de una gran alegrÃa ya que traÃan una bestia legendaria, cazada en los peligrosos acantilados.
Era una bestia con alas, parecida a una foca, pero con el pico de un pájaro. Su cuerpo era blanco y negro y sus pequeños ojitos brillaban con inteligencia.
Los moradores de las Montañas estaban encantados. Nunca habÃa visto un animal como aquel. En las antiguas leyendas, transmitidas de madres a hijas, generación a generación, se les llamaba los No Voladores. Eran unos pájaros de mal agüero, maldecidos por el gran Khinse. Uno de ellos se habÃa atrevido hace muchas lunas a desafiar al rencoroso rey del frÃo. El No Volador dijo que con sus grandes alas negras podrÃa volar más alto y más rápido que el grandÃsimo dios.
Entonces, el dios, castigando su arrogancia, le quitó sus grandes alas y lo condenó a no volver a volar nunca. Lo castigó a ser un ser torpe, la burla de todos los de su especie. El arrogante pájaro, demasiado avergonzado por su nuevo aspecto, se refugió en el único mundo que aún le quedaba: el agua.
Allà se convirtió en el más rápido de los nadadores. Nadaba desde el fondo y alcanzaba los peces antes que sus hermanos voladores y conseguÃa eludir las fauces de las hambrientas focas con su veloz aleteo.
Sin embargo sus crÃas debÃan nacer en la tierra, y era allÃ, con su lento y torpe caminar, donde se volvÃa más vulnerable, para ser cazado por los hombres y ser ofrecido para expiar su negra culpa ante el dios Khinsé.
Cuando Eirma, un joven de la tribu, vio a la extraña ave, no le pareció que fuera una bestia arrogante. Miraba a su alrededor con miedo y emitÃa unos estridentes graznidos parecidos al llanto desconsolados de un bebe.
Eirma se apiadó de la criatura y esa misma noche liberó al No Volador de sus ataduras y lo condujo en medio la oscura y calmada noche hasta los acantilados. Allà el pingüino le hizo una reverencia de agradecimiento y saltó al agua.
A la mañana siguiente cuando la tribu despertó y descubrió que su ofrenda habÃa desaparecido la ira corrió como la pólvora. Todos estaban furioso y pronto descubrieron que habÃa sido Eirma, la enojada tribu decidió ofrecerle a él como sacrificio.
Llevaron a su ofrenda hasta los acantilados donde la noche anterior Eirma habÃa liberado a la bestia. Le ataron las manos y los pies para que no pudiera huir y defenderse y entonces, el gran sacerdote, rezó al dios Khinsé, para que aceptara su humilde ofrenda. Y arrojó a Eirma por el acantilado.
El joven cayó al agua helada y desesperado intentó librarse de sus ataduras. Era imposible. Cuando el joven ya se daba por vencido, vio como una elegante figura se acercaba a él nadando. Era el No Volador que el mismo habÃa liberado.
El pájaro agarró con su pico las ropas de Eirma y tiró de él a toda velocidad hacÃa el fondo. Ante los ojos del joven apareció un palacio submarino. Tallado en la piedra, brillante y hermoso como el amanecer.
El No Volador le llevó hacia una sala donde habÃa un viejo pájaro. Ese pingüino decÃa ser el rey de los No Voladores y le estaba tan agradecido por haber salvado a su hija de su cruel muerte, que deseaba nombrarle prÃncipe de su reino y entregarle la mano de su hija.
En cuanto Eirma aceptó aquella agradecida oferta, su cuerpo empezó a cambiar. Sus brazos se convirtieron en unas picudas y vigorosas aletas. Su nariz se alargó y formó un pico anaranjado y duro. Se volvió ágil y rápido dentro del agua. Se convirtió en un No Volador.
Asà fue como la bondad de joven Eirma fue recompensada y vivió feliz para bajo las aguas, y nunca más volvió a pasar hambre ni frio, mientras que sus hermanos de la superficie sufrÃan las iras de un inclemente dios, que al maldecir a aquellos pájaros los habÃa hecho más especiales.
