El abismo y la playa

Las rocas tiemblan inestables bajo sus pies. El revoltoso viento del oeste despeina su cabello azabache, empañando su mirada, gris pétrea, que sigue clavada en el océano embravecido, coronado por sombrías nubes de tormenta. 
El frío puño del miedo atenaza su corazón, pero no retrocede a pesar de que su corazón golpea su pecho como un pájaro asustado, mientras su garganta, casi asfixiada, contiene las lagrimas. Le dijeron que no llorara...la instaron a sonreír...y a guardar sus sentimientos allí donde nadie más que ella pudiera verlos... pero ahora, a un sólo centímetro del abismo, la desesperación le da alas: sus brazos se extienden, desafiando al viento del oeste, un segundo antes de dar el paso hacia el vacío.
La caída es larga.
Los sonidos desaparecen.
El mar... el viento... el rugir de las olas... No son más que vagos ecos que resuenan en su mente. 
El agua la recibe con sus mil agujas heladas. La sorpresa y el dolor son tales que de sus labios escapa un pizca de burbujeante aliento. 
Se deja arrullar un momento por la tétrica ternura del mar. Se acurruca en su glacial y oscuro abrazo. Su cuerpo va cediendo su calor al agua, que ambiciosa, exige más. 
Sus ojos se abren, piedra gris en un océano azul. Su mente despierta y se sacude entumecida del frío.
Cuando sus yemas atrapan la áspera arena de la playa, ella sonríe y llora a la vez, hasta que el llanto se desborda y no deja espacio a nada más. 
Los ojos le escuecen por la sal, pero las lagrimas lo limpian todo a su paso: la sal...el corazón...la tristeza.
Cuando la lluvia llega, ella está acurrucada en la playa, y del torrente de llanto no quedan más que los resquicios. Siente su pecho más ligero y mira al cielo negro que descarga sobre ella. Sus ojos ya no son fríos ni pétreos, ahora son grandes espejos grises, que libres de todo dolor ven el lento caer de la lluvia. 

Sus ojos se cierran y se deja arrullar por las olas, que lamen la playa, por la tormenta que ruge sobre su cabeza, por todos los sonidos del mar que ahora la hacen sentirse libre. 

Martes 13


Las calles estaban silenciosas. Ni un suspiro rozaba el asfalto. Unas pisadas se intuían, a lo lejos, acercándose apresuradas hasta el punto donde nosotros, meros espectadores, observamos todo extrañados, quizás algo expectantes. Casi suspiramos al verla, una muchacha joven, tapada con un manto tan negro como las sombras, oscuros centinelas de las calles. Es descuidada, tropieza con un pequeño obstáculo y toca una pared. Aparta su mano con el rostro lleno de terror, pero ya es demasiado tarde, toda la pared del edificio se ha vuelto de cristal. No, cristal no, toda la pared del edificio se ha convertido en un enorme espejo, que se resquebraja y deja caer una lluvia de afiladas agujas sobre la chica, que se protege con las manos. Ninguna de ellas la daña, ninguna de ellas daña la nívea piel, solo dejan marcas negras en su piel. Estigmas, tatuajes que recorren sus brazos y su cara con sinuosas letras...

Entonces se oye un ruido. Tampoco es un ruido, ni siquiera se pude decir que lo oigamos. LO SENTIMOS. Algo se acerca, la muchacha parece aterrada, mira en todas direcciones e intenta retroceder pero algo parece cortarle el paso. Ahora los vemos, ocultos en la sombra, solo se ven decenas de pupilas amarillentas, clavadas en la joven. Gatos, decenas de gatos negros, más oscuros que una noche sin estrellas. Forman un circulo a su alrededor, la acechan desde su umbría posición. Tememos que la ataquen…desearíamos ayudarla, pero somos menos que espíritus que rondan a su alrededor, y no podemos parar el impasible avance de los gatos.

Los gatos no la atacan, solo la observan; sus ambarinos iris escrutan a la joven, pacientemente esperan a que la joven se vea cubierta de negros tatuajes, de que su piel pierda toda su blancura, entonces se acercan. La joven intenta retroceder, pero está cada vez más débil. Los gatos la rodean y la cubren, como un manto negro. Escuchamos atentamente y esperamos oírla gritar, pero nada sucede, y por un momento un silencio aterrador zumba en el ambiente. Al fin los gatos se separan y en lugar de la joven encontramos a otro felino, de ojos grises, humanos, que poco a poco se vuelven ambarinos.

La mala suerte se ha cobrado su víctima, los gatos se retiran de las calles, las sombras pierden su profundidad tenebrosa, y las ventanas se abren tímidamente, como parpadeantes ojos, y de ella asoman personas de todas las edades.

La maldición del martes 13 ha terminado.

Los amantes de agua


Veo nuestro amor y pienso en cientos de comparaciones, pienso que somos como el fuego, que nos quemaba al principio como un deseo incontrolable, pero que luego se convirtió en una llama firme y calida… pero el fuego es demasiado tempestuoso, demasiado intenso y efímero. Pienso en el agua, en como puede ser brava como una torrente o calmada como el agua que gotea suave por un canalón. El agua puede parecer calma y mansa cuando en las profundidades bulle en medio de una tempestad. El agua puede hervir ante la pasión más fogosa y convertirse en hielo ante la ausencia más triste…pero mi rey, mi amado, lo que importa es que el agua es una pizca de infinitud en un mundo tristemente finito…y eso, eso es tu amor para mi…

Minihistorias


Por ti bajaría a los infiernos y arrancaría las granadas encarnadas de las mismas manos de la esposa de Hades. Yo por ti me creería pájaro, más liviano que la brisa, y abriría por ti mis brazos y daría un paso seguro y firme hacia el vacio, sin temor. Caminaría por la negra furia de un volcán por ti, por llegar a alcanzarte y susurrarte en el oído que ojala fueras mía.
***
Largas son las horas que caen sobre mis hombros, como el polvo dormita sobre los muebles viejos y abandonados. La escarcha helada y la liviana nieve se agolpan en mis desgastados huesos, que han viajado tanto que han visto caer las nubes sobre el suelo y rayos centelleantes subir como deslumbrantes centellas, he presenciado como el dedo de Dios tocaba el mundo y he sentido tanto odio, temor e ira como para desencadenar un millón de guerras. He visto un mundo al revés y lo he visto enderezarse todo de nuevo. Hoy, el día de mi muerte, veré como este, mi mundo, tan cambiante permanecerá imperturbable cuando yo desaparezca.
***
Gime la tela ante el embravecido viento. Ruge el agua ansiosa ante la impaciencia del ocena, acallan los negros truenos los gritos de temor de los hombres. Todo es caótico. Todo es temor. Todo es supervivencia. Una docena de hombres y mujeres contra toda la fuerza de una naturaleza colérica e implacable. Luchamos a brazo partido contra una tormenta que quiere alimentar a los peces con nuestros huesos. Batallamos porque la hora antes del amanecer siempre es la más oscura.
***
El aire es pegajoso, se pega a mis extremidades. Siento un escalofrío que me recorre la espalda. Puedo oír un sonido bajo y ronco, como un gruñido, quizás una risa ahogada. Por el rabillo del ojo presiento un movimiento, pero al volverme solo hay sombras, que bailan al compas de una vela. Otra vez ese sonido, esta vez más cerca, está casi a mi lado. Siento una brisa en mi nuca, que me eriza el vello. No, una brisa no, un aliento, que se siente cálido y huele a podredumbre. Mis piernas tiemblan por el miedo, mis manos están empapadas de sudor, y mis dientes castañean ansiosos en mi boca, pero no soy capaz de moverme. No consigo convencerme a mí mismo de que el miedo es real. Cuando me decido a huir es demasiado tarde. Unas garras negras y frías como el acero se ciernen alrededor de mi cuello y siento como la sangre resbala cálida por mi cuello. Luego la risa resuena en mis oídos y todo se vuelve negro. 

Exposición en Madrid

Buenos días, buenas tardes y buenas noches queridos seguidor@s!!
El post de hoy va a ser algo excepcional por que me voy a auto publicitar un poco!
He tenido la enorme suerte de poder participar este año en el FAIM, la feria de Arte Internacional de Madrid, que se celebrará del 25 al 27 de noviembre en el Palacio de Congresos de Madrid...
Solo quería deciros que quedáis todos invitados a pasaros por la exposición, no sólo para verme a mi si no por que allí se concentran algunos de los artistas importantes a nivel Internacional (yo soy de los otros, solo me conocen en mi casa ;)...)
En fin muchas gracias a los que podáis/queráis pasaros...y nos vemos en mi próxima historia!

Mas información sobre el evento: www.feriade.com/faim_art.php

Luces en la noche

La letanía de las sombras se cernía poco a poco sobre la ciudad. Las luces de mil colores, hacían frente a la ausencia del Sol, llenando el escarpado relieve de la ciudad de luz artificial y brillante.
Las estrellas, desde aquel cielo anochecido, contemplaban las luces de la ciudad sin disimulada envidia. Antes ellas eran las dueñas de la noche y junto a la impávida luna, iluminaban u oscurecían a su antojo la noche de los caminantes.
Ahora no eran más que puntos pálidos en el cielo. Habían sido olvidadas. Los niños de la ciudad solo pintaban una luna solitaria en el cielo. Los poetas ya no hablaban de ellos, y los enamorados preferían ahora refugiarse en parque con farolas anaranjadas que hacían de manera torpe y brusca, el trabajo que ellas sabían hacer tan bien. Ya ni siquiera los marinos, sus más antiguos seguidores, pasaban las noches contemplándolas, decidiendo que rumbo debía tomar su barco. Ahora existían grandes y precisos mapas y costosos aparatos electronicos que les decían donde ir. 
Así que aquella noche, especialmente tristes, las estrellas abandonaron su puesto en el cielo nocturno y bajaron a la tierra.
Vagaron por las calles sin descanso, preguntando a extrañados viandantes si conocían sus nombres, los nombres de las estrellas. Ellos negaban confundidos. Y las estrellas dolidas seguían su camino, apagándose su luz poco a poco.
Ya desistían las estrellas en su gesta, cuando una descubrió a un humano, que miraba al cielo a través de un telescopio y se preguntaba donde habrían ido esa noche las estrellas. 
Era un hombre viejo pensaron las estrellas entristecidas. Sólo un hombre viejo y sólo las echaba de menos. En ese momento apareció correteando al lado del anciano, un niño, un niño muy pequeño. El niño se acercó al abuelo, y con sus ojos llenos de lagrimas preguntó:
- ¿Por qué se han ido las estrellas abuelo?-

Aquella tristeza en sus palabras, llenó de alegría el corazón de las estrellas, pues si un niño era capaz de echarlas de menos, es posible que hubiera cientos, quizás miles, que también estuvieran mirando al cielo y pensando donde se habrían ido las estrellas.
Las estrellas volvieron al cielo alborozadas y brillaron con toda su luz aquellas noche. Era tan brillante su luz, que hasta las luces de las ciudades palidecieron. Los urbanitas levantaban su vista al cielo, y por primera vez en mucho tiempo se maravillaban con la belleza de un cielo nocturnos; todos ellos, viandantes, enamorados y hasta los marinos dejaron de faenar para mirar a un cielo lleno de brillantes estrellas.
Ya nadie las olvidaría.

Corazón altivo


Son siempre mis pensamientos tuyos. Lo son también mis desvelos, y en esta hora oscura, la una, el sueño me robas de nuevo.
Remendaría mis palabras, nada más salieran de mi boca, si el tiempo así me lo permitiera. Odio y me escuecen cada palabra que ha llegado a herirte, por eso en esta historia no habrá más reproches, ni miradas, ni nada, sólo un corazón altivo, que en tus manos fue a caer, y desde sabe Dios cuándo, solo late por tu ser. Es ese, mi corazón altivo, quien humilde te dice que te ama, que otra cosa no se atreve a desear, no espera más que el tuyo, también testarudo, sepa querer y perdonar los errores de una servidora, que tiene tantos defectos como virtudes y que gratamente es toda tuya.