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El diario de los amantes bobos (Parte 1)

Buenas de nuevo lector@s!! Aqui traigo la nueva entrega de mis diarios, aunque para los que les gusten las historias largas, siento decepcionarles, pero este solo tendrá 3 partes y bastante cortas cada una. Esta historía se me ocurrió hablando con un amigo, sobre lo dificiles que son todas las relaciones y de lo complicado que lo ponemos todos, hombres y mujeres. Espero que sepais leer entre líneas ^^

Diario de Elena, 1995

Hoy he tenido mi primera cita con David, el chico ese sobre el que escribía antes, ese tan guapo, con esos ojos tan verdes que cuando sonríe parece que te vas a caer de culo…El otro día me invitó a salir, bueno algo así. Vino con gesto cabreado, tanto que mis amigas se apartaron pensando que nos iba a pegar o algo, se me quedó mirando y luego me dijo que tenía entradas para una “peli” que nadie quería ver con él y que si quería ir con él. Me moría de ganas por decirle que sí, pero entonces habría parecido una chica fácil así que espere un par de días hasta decirle que sí.

Ese día era una matojo de nervios, vacié el armario encima de la cama, pensando en qué ponerme y como estar guapa, MUY guapa. Me pasé horas durante el espejo maquillándome, peinándome y echándome toda la clase de potingues que tenía.

Una pena, por que cuando llegué el apenas me miró y en seguida me llevó dentro del cine. Era una película muy romántica, de esas que hacen llorar y todo. Yo esperaba esperanzada, que cuando los protagonistas después de todo el drama, acabaron besándose bajo la lluvia, él cogiera mi mano y me besara a mí también. Y de verdad que parecía que iba a hacerlo, pero al final parece que se arrepintió y volvió a meter la mano en la bolsa de las palomitas.

La película terminó y ya era hora de volver a casa. Me acompaño hasta la puerta y nada más, ahí también me quedé con las ganas del beso, pero que se le va a hacer, al final igual solo me invitó porque tenía una entrada de más. Debería haberme lanzado en vez de esperar a que se lanzara él…

Laura en el país de las guitarras

Esta historía se la dedico a un amiga. Tortu! esta va por ti!

La maldita púa debía haberse caído debajo del asiento. Esa cosita con vida propia a la que tanto adoraba había decidido perderse por algún lado y hacerme buscarla por todo el vagón. Menos mal que a estas intempestivas horas para volver a casa desde la universidad, las nueve de la noche, no hay nadie en el tren. Si no me habrían visto agachada, de rodillas en el suelo con medio cuerpo metido debajo del asiento.
Por una púa normal no habría hecho esto, pero entendedme, es mi querida púa del concierto de los Chiiiiildren of bodooooom(imaginaros el tono de heavy ¿vale?). Vamos que no es una de esas cosas que una se pueda permitir ni siquiera perder de vista un momento. Tuve que morder a un tipo alto como una torre para conseguirla, agarrarme del pelo de una de esas fans larguiruchas que me impedían el paso y agarrar mi preciosa púa… que grandes momentos aquellos, los gritos de la fan, el tipo aún quejándose del mordisco en la mano y yo con mi pequeña y dulce púa acunada en la palma de mi mano.

Y ahora estaba perdida. Estoy tan distraída que cuando el tren casi frena en seco y yo me golpeo de la forma más imprevisible. Sentí el golpe del asiento contra mi nuca y luego todo se puso borroso y negro…

Ahora la luz era muy intensa, tanto que me hacía daño aún con los ojos cerrados. Tenía la boca seca y espesa. El suelo era caliente y arenoso, me hacía cosquillas en la palma al mover la mano. Yo no quería abrir los ojos, se estaba demasiado a gusto sobre la arena calentita, pero había algo que me molestada, se me clavaba en la espalda y me estropeaba el momento, así que al final, a regañadientes y con muuucha calma, abrí los ojos un poco, giré sobre mi costado, me dejé caer hacia un lado y cuando la arena empezó a molestarme de verdad en la boca, me levanté.
Si no hubiera estado tan dormida, supongo que me habría sorprendido levantarme en medio de un mar de arena roja, en lo que era lo más parecido a un cementerio de guitarras. Pero bueno, no es que esté muy lúcida cuando me despierto ¿vale? El caso es que aquella cosa que me molestaba tanto en la espalda, era la bendita púa, que de alguna manera había llegado allí conmigo. Sin perder un momento, volví a engancharla en el cordón que me colgaba del cuello y la puse a salvo bajo mi camiseta de Evanescen.

El caso, es que ahora que estaba bien despierta, aquel mundo era un poco raro. Allá donde mirara no había más que arena roja y aquí y allá desperdigados partes de guitarras. El caso es que yo no podía estar más sorprendida que cuando, surgió de la arena, ni más ni menos que James Hetfield (el cantante de los Metálica para aquellos que no le conozcáis) y dijo…

Continuará...

Inés&Raúl: La lluvia se lo lleva todo (Final)

Por fin me atrevo a colgar la ultima parte de este diario. Me ha llevado mucho tiempo decidir cual sería el final para estos dos, así que espero que os guste. Un saludo^^


La lluvia me caía como una pesada cortina sobre los ojos, las piernas me pesaban como si fueran de plomo, pero seguía corriendo. Seguí corriendo casi ciega por la lluvia, buscándole.
Le encontré donde esperaba. Estaba sentado en el parque donde soliamos jugar de pequeños, la mirada baja, clavada en el suelo. No la levantó cuando llegué a su lado, pero habló:
- ¿Qué haces aquí Inés?
- He…venido…a… buscarte – casi no podía respirar por la carrera mucho menos hablar
- ¿Por qué? – en ese momento levantó la mirada y me encontré con un abismo gélido que pretendía engullirme
- Por que te quiero – la respuesta me salió sola, natural y limpia y mi pecho se relajó por el peso de la verdad
Se rió y se levantó del banco poniéndose frente a mí. Me sacaba casi una cabeza así que tuve que alzar la vista para mantener su mirada:
- ¿Qué me quieres? – sus ojos estaban llenos de orgullo – No me jodas Inés, tu solo te quieres a ti misma – el reproche me dolió, pero me mantuve firme
- Ya no es así –
- Siempre ha sido así – alzó la mirada y siguió hablando – cuando yo me marché decidiste que no merecía la pena esperarme, que sería mejor liarse con algún imbécil-
- ¡Por dios Raúl! ¿Cuántos años teníamos?¿ocho?-
- Yo ya te quería con ocho años Inés – me volvió a mirar y la esperanza aleteó nerviosa en mi corazón – pero me has demostrado que ya no eres quien creía – el aleteo murió en la tempestad de ira de sus ojos – jamás te podré perdonar por lo que eres ahora-
La puñalada se clavó en mi corazón y casi sentí como los pedazos se deshacían en mi interior. Las lagrimas llegaban a mis ojos a toda prisa y por una vez en aquella maldita tarde agradecí la lluvia que me empapaba la ropa y me estaba dejando helada. Agradecí el frío que impedía que mi cara se enrojeciera más aún y agradecí la mirada cruel de Raúl, en la que no había esperanza a la que agarrarse. Se había acabado, mi viaje había acabado antes de empezar.
Incapaz de pronunciar otra palabra me di la vuelta y eché a andar todo lo deprisa que mis doloridas piernas me permitían. Quería desaparecer, esconderme bajo el barro que inundaba la calle. Quería irme de allí.
Sin embargo mi cuerpo no podía más. Mis cansadas piernas se negaban a llevarme a casa y mi cabeza estaba demasiado embotada para encontrar el camino. Al final acabé me acabé sentando en la parada del autobús, a salvo bajo la marquesina de cristal coloreada de grafitis. Me encogí, abrazando mis rodillas con mis brazos y dejé que la suave somnolencia me atrapara. Tenía frío, si, pero eso no importaba, solo quería dormir un poquito…
Me desperté poco a poco, ahora ya no hacía frío. Algo grande y pesado me caía sobre los hombros, dándome calor, aunque también estaba húmedo. Abrí los ojos lentamente, arropada por aquel calor suave. Había alguien de pie junto a mí pero me costaba enfocar la vista.
Cuando mis ojos enfocaron del todo vi a Raúl de pie frente a mí. Tenía la respiración agitada y me miraba con el rostro enrojecido. Sus ojos me miraban ya sin ira, pero yo no podía entender nada…
- Raúl…qué…- intenté preguntar
- Mentira – dijo entre jadeos
Alcé la mirada aún más para que nuestros ojos se encontraran. Ahora me di cuenta de que los tenía rojos. Frunció los labios y se agachó para poner sus ojos a la altura de los míos:
- Todo lo que dije antes era mentira –
Debía haberme quedado dormida en la parada del autobús por que esto no podía estar ocurriendo. No después de todo lo que había dicho:
- Yo… - me miró como intentando explicarse – cuando volví y te volví a ver…bueno, tu eras mucho más de lo que yo recordaba…pero habías cambiado por dentro… y yo no formaba parte de tu vida ya….-
Bajó la mirada, buscando como seguir. No pude evitarlo y le acaricié el pelo. Era negro y brillante, mojado, y tenso. Sorprendido alzó la mirada y se encontró con mis ojos.
Raúl
Sus ojos estaban tan llenos de pena, que se me encogió el corazón en el pecho. No lloraba ahora, pero los ojos la traicionaban. Su caricia me había sorprendido.
Me había costado llegar hasta allí. Me había ensañado con ganas con uno de los árboles del parque hasta que me había calmado.
Mi orgullo no paraba de gritarme que no fuera, que no perdiera que ella no debía ganar. Pero aún así sentía que estaba perdiendo. Al final salí corriendo tras ella
Cuando la encontré estaba medio dormida en una parada de autobús, helada y calada hasta los huesos. Le puse mi cazadora sobre los hombros y la abracé hasta que entró en calor. En cuanto empezó a despertarse me separé de ella.
Había intentado decirlo lo que sentía de verdad, lo que pensaba de ella, pero ahora no podía, sus ojos estaban tan triste que me ahogaban en sus lagrimas. Me sentía miserable por haberla hecho llorar, no sabía qué hacer, y al final ella tomó la iniciativa
Me cogió la cara con manos temblorosas y frías y guió mi mirada hacia la suya. Había tantas cosas que me decían que no siguiera que no lo hiciera que estuve a punto de echar a correr otra vez, pero ella dijo lo que necesitaba oir, lo dijo aunque en ese momento no me lo mereciera
- Te quiero –
Lo dijo tan bajo que apenas fue un susurro, pero a mí me dejó un sabor dulce y cálido en los labios. Entonces fui yo quien me levanté y la abracé. Acurruqué su cara contra mi hombro y acaricié su pelo ahora corto y desmelenado. Ella me agarraba con fuerza de la camiseta, y notaba como sus lagrimas cálidas se mezclaban con la lluvia que empapaba mi ropa.
La separé de mi solo un segundo para mirarla a los ojos y decirle lo que siempre había pensado. Lo que me había vuelto loco de celos, orgulloso e irracional:
- Tú lo eres todo para mi, te quiero, te quiero, te quiero…- se lo seguí diciendo mientras le limpiaba las lagrimas con mis besos.

Inés&Raúl: Cuando la tempestad estalla (11ª parte)


Inés

El cielo parece partirse en dos ante los rugidos de los truenos. Arrastro las zapatillas empapadas de agua a través de los charcos de la calle. La gente huye y se refugia bajo los tejadillos de las tiendas mientras yo sigo corriendo bajo la lluvia. Me despeja me libera y me limpia. Voy a su portal y llamo insistente al timbre. Nadie contesta, ahora no se qué hacer, he ido hasta allí corriendo, esperando que estuviera en casa, que me abriera la puerta y poder decirle todo. Eva. Ella seguro que sabe dónde está. Me pongo en marcha de nuevo.
***
Eva
Ya no lo aguanto más. Le lanzo el cojín a la cara pero él lo esquiva y me coge de las muñecas. No dice absolutamente nada. Se queda ahí mirándome con pena. Me mira intentando pedirme perdón buscando perdón para sí mismo. Pero yo no le voy a perdonar ni a él ni a mí. Me zafo de sus grilletes y le abofeteo. Ni siquiera intenta defenderse. Vuelve a mirarme con esos ojos azules llenos de culpa y remordimiento. No quiero mirarme en esos ojos y verme como él me ve:
- Así que me dejas y ¿ya está?- las lagrimas empiezan a salir a borbotones de nuevo, él intenta acercarse- ¡No quiero que me toques!- retira la mano pero no se mueve ni dice nada – es por ella ¿no? Eres un estúpido ¡ella no te quiere!- La única estúpida aquí soy yo, por interponerme, por quererle y por muchas otras cosas- Inés no es quien tú crees…ya no es la niña que conociste…-
Me sigue mirando con el gesto imperturbable y los ojos llenos de pena. Sé que no me va a decir nada, va a dejar que le abofetee y que le grite hasta que me canse, así dejaré limpio su honor. Maldito estúpido, no hay nada que puedas hacer ahora, lo sabes, el daño ya está hecho. La has querido a ella desde el principio, no pudiste olvidarla y por eso has vuelto, por ella, por la niña a la que ayudaste en el parque. Vaya dos estúpidos orgullosos. Yo, celosa, me interpuse entre vosotros, pero no ha servido para nada, he acabado con el corazón roto y prácticamente empujándoos a los brazos del otro. Pero no vas a reconocerlo, no reconocerás que has vuelto por ella, ni que la quieres, porque ella te hizo daño aquel día. Esperabas que fuera una niña pulcra y recatada y te encontraste con una belleza caprichosa y malcriada. No eres capaz de darte cuenta por lo que ha pasado y lo mucho que la has cambiado en tan poco tiempo. ¿Por qué no pudiste hacer eso conmigo? ¿Por qué no fui yo a quien rescataste en el parque? ¿Por qué me vas a dejar de nuevo aquí sola, atrapada en mi propia telaraña de falsedades y mentiras? Te has acuclillado a mi lado y me miras con la expresión que se mira a un perrillo abandonado .La ira me hace hervir la sangre:
- ¡¿ES QUE NO VAS A DECIR NADA?!¡¿VAS A QUEDARTE CALLADO COMO SIEMPRE. COBARDE?!- le grito
- Lo siento-
Es lo único que dice y me deja en el suelo gritando y golpeando las paredes, desesperada, despechada y sola:
- Lo siento no es suficiente- logro balbucir entre sollozos, pero él ya no me oye
Estoy sola otra vez. Me quedo tendida en el suelo enmoquetado de mi habitación. Me hago un ovillo y me cierro tanto que me gustaría hacerme cada vez más chiquitita y así desaparecer.
Cuando creo que estoy a punto de desaparecer por una vez llaman a la puerta. Me doy cuenta de que sigo siendo igual que siempre, que el dolor del pecho no ha desaparecido en absoluto y que el frío del suelo me ha entumecido el cuerpo. Me levanto de mala gana y voy hasta la puerta renqueante. Antes de abrir me miro al espejo. Tengo los ojos hinchados y la cara con marcas rojas de haber llorado. Mi pelo está alborotado y en una mejilla tengo la marca de la moqueta. No estoy presentable ni de lejos, pero hago un esfuerzo por sonreír y abro la puerta. La sonrisa se me desvanece en cuanto veo quien está al otro lado. Inés con la ropa empapada y el pelo pegado a la cara por la lluvia respira jadeante al otro lado del quicio, demasiado cansada para articular una frase coherente. Está acalorada por el esfuerzo y en su mejilla se distingue la marca clara de un golpe. También parece que ha estado llorando. Me mira confundida mientras recupera el aliento:
- ¿Está aquí Raúl-
Como no, cenicienta viene corriendo bajo la lluvia para buscar a su príncipe. Me siento tentada a mentirla, a decirle que no quería verla, pero me muerdo el labio, ya son demasiadas mentiras acumuladas:
- Se ha ido…- me mira disgustada
- ¿sabes a donde?-
- No…-
- Bueno…gracias- me dice antes de darse la vuelta para coger el ascensor
- Inés- se da la vuelta y me mira – me ha dejado – clavo las uñas en la puerta para no perder el control – no me quería a mi –
Los ojos de Inés parpadean un momento con sorpresa y luego la puerta del ascensor se vuelve a cerrar antes de que pueda decir nada. En cuanto el ascensor se cierra me hundo detrás de mi puerta y lloro, esta vez tranquila, mientras esta vez las lágrimas se mezclan con la risa que no puede evitar salir ante lo ridículo de la situación. Tanto esfuerzo para acabar dándoles yo el ultimo empujón.
Inés
Le veo. Es una figura encorvada y solitaria que camina bajo la lluvia igual que yo. Le pido un último esfuerzo a mis cansadas piernas y le alcanzo.

Inés&Raúl: Viejos conocidos(10ª parte)

- Vaya, no esperaba verte por aquí-
- Yo tampoco, no sabía que vivieras por aquí-
- Ya ves, yo jugaba aquí de pequeña – le sonrío sin ganas
- Es un parque muy bonito –
- Me trae muchos recuerdos –
Hundo la barbilla entre las rodillas y sigo mirando hacia delante. Se sienta a mi lado y se recuesta sobre el respaldo del banco, siento sus ojos pegados en mi nuca, pero no sé que decir. Al final habla él, lo hace con un tono desenfadado:
- Has cambiado de estilo por lo que veo-
- Si, cosas que pasan- le respondo sin mirarle
- Aún así estás muy guapa-
Ahora si que le miro. Esta sonriendo. Me mira como si fuera mi amigo, como si yo nunca le hubiera hecho daño, como si yo nunca hubiera jugado con él, me dan ganas de llorar, pero no lo hago, por que se compadecería de mí y no merezco su compasión. Si solo pudiera hacer algo para volver al pasado y no hacer lo que hice. Es un buen tipo y yo no sé ni como se llama:
- Oye, lo siento pero no me acuerdo de cómo te llamas-
- Me llamo Marcos- me tiende la mano
- Encantada Marcos yo soy Inés- le sonrío
- Vaya, ya era hora de que supiéramos nuestros nombres ¿no crees?
- Pues si, la verdad que si-
Nos quedamos en silencio un rato. No sabemos que más decir. Le miro de reojo. Está mirando hacia el infinito con una sonrisa bobalicona. Está esperando a alguien. Me siento obligada a romper el silencio, a saber más de él:
- Bueno y ¿qué haces por aquí?¿esperas a alguien?- su cara se ilumina con una gran sonrisa
- Si, la verdad es que sí – se sonroja un momento y yo le sonrío alentándole a seguir- la verdad es que estoy esperando a una chica-
- Vaya, me alegro por ti- lo digo sinceramente
- Si, bueno después de nuestro “encuentro” en noviembre, conocí a alguien especial y tal- se pasa la mano por el pelo nervioso- me arriesgue, me lancé y me salió bien- dice guiñándome un ojo-y hoy será la despedida hasta dentro de un tiempo y tal-
- ¿Y habeís quedado aquí?- asiente con la cabeza – más para allá hay un café estupendo, además la camarera es amiga mía – se sonroja y luego empieza a reírse a carcajadas- ¿qué pasa?-
- No, nada, ya he estado allí y si, también conozco a la camarera-
Se oyen como alguien viene corriendo y en seguida aparece por la esquina una chica diminuta. Al principio había pensado que era una niña, tan bajita y con esa ropa tan ancha y estrafalaria que lleva, pero en cuanto veo la cara de Marcos iluminarse sé que es ella. Llega y se queda parada delante nuestro recuperando el aliento y mirándome con curiosidad:
- Hola – se levanta y la da un beso en la mejilla- Olga, esta es Inés una amiga.
- Encantada – le digo sonriendo y ella me sonríe de vuelta y sus ojos grandes y verdes se vuelven chispeantes
- Bueno nos…-
- Si, si marcharos – les digo sonriendo
- Nos vemos- se despide con la mano Marcos

Les veo alejarse aún sentada en el banco del parque. Apenas unos meses y una persona a la que yo había hecho desgraciada de pronto es feliz. Sólo es cuestión de arriesgarse pienso. En el cielo se acumulan las nubes de tormenta y empieza a tronar. Tomo una decisión y empiezo a correr. Las primeras gotas empiezan a caer.

Inés&Raúl: Aterrizajes forzosos(9ª parte)

Todavía siento el calor de la bofetada en mi mejilla, a pesar de que el frío de enero me azota con fuerza. He salido corriendo de casa, huyendo como una cobarde. Esa no soy yo, pero tampoco había visto a mi madre tan enfadad jamás.
Cuando he llegado a casa estaba en el salón, como siempre, recostada en su sofá de cuero favorito, leyendo un libro con la elegancia de un gato. Entonces me ha visto, sus ojos parecían que iban a salirse de sus órbitas. Se acercó a mí chirriando los dientes y con cara de furia y me agarró del pelo:
- ¿Quién te ha hecho esto?- dijo casi en un susurro rechinando los dientes
- Nadie, he sido yo sola- sigue agarrando mi pelo con fuerza
Sus labios se aprietan en una línea fina y blanca y sus ojos se abren tanto que empiezan a ser peligrosamente amenazadores Sigue tirándome del pelo con fuerza y temo que se quede con el mechón en la mano:
- ¿Y por qué has hecho una cosa así, niña estúpida?-
- Quería cambiar de estilo…- me tira más fuerte del pelo
- No me mientas niña, yo sé por qué ha sido – me coge de la barbilla con la otra mano y me obliga a mirarla directamente a los ojos – ha sido por él ¿verdad?-
- No sé de queme hab…-
- ¡He dicho que no me mientas!- es la primera vez que la veo tan alterada gritando, me arrastra hasta el espejo y me enfrenta con mi cara, mi pelo corto a mechones desiguales que yo misma he cortado –mírate, ahora eres fea, horrenda – los insultos me duelen pero trago saliva y me mantengo firme - ¿crees que el te querrá esta vez?- me acaricia la mejilla y siento como un escalofrío me recorre la espalda – No, cariño, ya te dejó una vez, ¿qué te hace pensar que no lo hará otra vez?- Me acerca más al espejo, tanto que siento el frío del cristal cerca de mi mejilla – y ahora has destruido todo lo que tanto tiempo me llevó crear por nada, por un chico que ni siquiera te quiere-
Eso fue la gota que colmó el vaso. Tiré hacia abajo intentando librarme de su mano pero su garra era demasiado fuerte. AL final sentí un dolor punzante y luego un quemazón en la nuca donde se había arrancado el mechón. Mi madre me miraba entre perpleja y furiosa con el mechón de pelo aún en la mano. Pero ahora yo también estaba furiosa, tensa y dolida. Raúl no me quería, pero yo le quería a él, y era duro cruel y sin sentido, pero era así. Pero mi madre, mi madre me estaba hablando como si yo solo fuera una muñeca, un títere en sus manos, y no quería ser eso, ni ahora ni nunca más:
- ¿Eso es todo lo que soy para ti?- estoy gritando y me mira con desaprobación, pero ya no me importa- Una niña mona de la que presumir ¿y ya está? – no se mueve ni un milímetro – no me quieres, nunca me has querido – la verdad me duele en el pecho pero aún así lo digo en alto.
- Claro que te quiero, ¡eres mi hija por dios! Todo lo que he hecho lo he hecho por ti-
- ¿si?¿Y que has hecho por mí, madre?-
- Te he cuidado, te he mimado y te he dado todo lo que hayas podido querer-
- Eso no es suficiente-
- He hecho lo mejor para ti siempre, aunque a veces tuvieras que llorar por eso-
- ¿Qué has hecho?- se me pone un nudo en la garganta y me cuesta respirar
- Tú ya lo sabes, en el fondo lo has sabido todo este tiempo- ahora sonríe con suficiencia
- ¡DILO!- tengo los nervios de punta
- Yo hice que Raúl se fuera - me quedo congelada en el sitio – yo fui quien le ofreció a su padre el trabajo – intenta acercarse a mí pero me alejo de ella – lo hice por tu bien-
Mi bien, que sabrá ella de eso. Es una presumida manipuladora sin corazón. Todas esas palabras y algunas más duras vienen a mis labios, pugnan por salir, pero me muerdo los labios hasta hacerme sangre con tal de no hablar. Ella puso la trampa y yo caí en ella. Todos estos años haciendo lo que ella quería, siendo lo que ella quería, para nada, para no estar a la altura de esa gran falsa que era yo misma. Y en el momento que intento cambiar, intento liberarme ahí está ella preparada, volviendo a echar sus redes pegajosas y escurridizas por encima de mi, atrapándome de nuevo. Pero no esta vez:
- No lo hiciste por mi, sólo tenías miedo de que me diera cuenta de lo que quería y que no me convirtiera en una falsa amargada como eres tú-
La bofetada me cruza la cara. Siento que una lagrima se escapa por el golpe y resbala por mi adolorida mejilla, pero nada más. No monto en rabia, ni la vuelvo a gritar, sólo me quedo callada y la miro como si no la mirara como si mirara a otra parte:
- ¡No me mires con esos ojos!-
Lo que veo es alguien que está perdida, que no tienen nada que hacer. Tiene el pelo revuelto y los ojos desorbitados, ha perdido el aura de calma y que normalmente la rodea. Ya no es la madre que yo conozco, lo ha perdido todo. Me doy la vuelta y me dirijo hacia la puerta. Ella intenta agarrarme pero yo me zafo. Cuando cierro la puerta todavía oigo su voz gritando algo, pero no llego a comprender qué es.
He acabado aquí sentada en el parque sola. Acabo volviendo aquí siempre que tengo un problema. No quiero volver a casa hoy. Las nubes tormentosas amenazan en el cielo gris oscuro. Hundo la cabeza en mis manos y mi valor se derrumba. Me hago un ovillo, agarrando las piernas con los brazos y enterrando la cabeza entre las rodillas. Mi ropa huele a jazmín, como la colonia de mi madre, ese olor que antes me reconfortaba tanto pero que ahora no me hace más que daño y me dan ganas de llorar. Noto el roce incómodo del vaquero contra mi mejilla amoratada, provocándome una sensación lacerante que me obliga a despegar la cara.
Hay un chico mirándome preocupado, le conozco, sé quién es, es muy importante para mí, pero las palabras no salen del todo:
- Vaya, no esperaba verte aquí-

Inés&Raúl: Eva (8ª parte)

Bueno por fín la octava parte del diario. Siento mucho haber estado tan silenciosa, pero he estado ocupada con cosas de la universidad y avanzando mi libro y no he tenido tiempo de escribir, pero hoy he actualizado doble y espero que os guste. Un saludo





Eva
Desde el primer momento que la vi, la odie. Mi madre dice que era demasiado pequeña para acordarme, pero me acuerdo. Recuerdo aquellos ojos grandes oscuros, la melenita corta y esa sonrisita graciosa que encandilaba a todo el mundo. Recuerdo la admiración que despertaba los mimos que le daba mi madre y como miraba mi padre a su madre, pero lo peor era ella. Esa fierecilla con cara de angelito que los había hechizado a todos, pero no era más que una revoltosa disfrazada de princesita y allí la única princesa era yo. Ahí empezó la guerra.
Íbamos a todas las comidas con nuestras madres, con nuestros incómodos vestidos de algodón blanco almidonado y las horquillas molestando en la cabeza. Sonreíamos y hacíamos jugarretas inocentes mientras nos pellizcábamos por debajo del mantel. Fui a la misma guardería, a la misma clase de ballet, a la misma piscina…pasábamos todo el tiempo juntas. Era una lucha constante, pero de alguna forma lo pasábamos bien. Hasta que llegó él.
Él lo estropeó todo. Inés dejó de hacerme caso para irse con ese crío de ojos azules y mirada tranquila. Eso me enfadaba. Si, la chinchaba pero era mi amiga, pero hubo un momento en el que dejó de serlo. Dejó de existir esa lucha constante entre ella y yo, y el odio se volvió verdaderamente cruel. Era una niña repipi y presumida, orgullosa de su larga melena azabache que sólo se preocupaba de que los niños la miraran, y eso no cambio cuando él se fue, empeoró aún más y yo empecé a ser como ella, a querer superarla en todo, en volver a ser la princesita a la que todos miraban.

Casi me quedo sin aliento cuando la he visto entrar en clase hoy. Como siempre, la he visto entrar por el rabillo del ojo y he aprovechado la ocasión para hablar con Raúl, porque su indiferencia empieza a volverse muy molesta. Entonces he empezado a oír los murmullos y los grititos de sorpresa ahogados y me he vuelto para mirar. No creo que mis ojos puedan abrirse ya más, no comprenden lo que están viendo. Inés, la niña orgullosa de su melena larga y sedosa, ahora parece un chico. Se ha cortado el pelo muy corto, a mechones desiguales, como si lo hubiera hecho ella misma. Parece otra persona, se la ve intranquila pero sin perder el temple. Pasea la mirada por la clase buscando algo. A alguien. Yo sé lo que busca. Miro a Raúl que está sentado a mi lado. Él también la está mirando, su rostro está tan frío como siempre, pero yosé lo que está pensando, él no es más que otro estúpido orgulloso. Está pensando que está aún mas guapa con el pelo así, que sus ojos oscuros parecen llenos de luz y que se muere de ganas por levantarse y abrazarla, pero no lo hará, porque ella lo ha decepcionado y ha herido su orgullo. Ella es de lo único que habla. Apenas la menciona, pero sólo habla de ella. Habla de ella cuando me besa sin fuerza a penas, cuando pasa la mano sobre mis hombros como si fuera sólo un conocido y no mi novio, cuando tras hacerlo, exhausto mira al techo de mi habitación deseando que fuera ella y no yo la que estuviera desnuda a su lado. Yo sé todo eso, pero cada vez que me mira, me sonríe y me miente diciéndome que me quiere con un beso, yo soy feliz, una idiota feliz y engañada. Porque yo le quiero, yo también le he querido desde siempre, pero como siempre me ha dejado en segundo lugar. Me consuelo a mí misma pensando que él es mío de momento y le planto un beso en la mejilla antes de levantarme para hablar con ella:
- Vaya Inés, ¿le debías dinero al peluquero?-
- No, que va, simplemente me apetecía cambiar de imagen, ya sabes renovarme – retuerce entre sus dedos un mechón desigual – la vida es para los que se arriesgan ¿sabes?- y le mira como pidiendo que le dé la razón pero contraataco
- Y de los que no tienen gusto en tu caso –
- Puede, pero eso ya me da un poquito igual – me quedo sin respuestas un segundo eso me sorprende, pero no puede haber cambiado tan rápido
- Vaya, menos mal porque ayer mismo hablaba con Raúl de lo poco atractivas que son las chicas de pelo corto- ha merecido la pena hacerme pasar por imbécil para ver su cara herida, le mira otra vez pero él ya ha apartado la mirada. Cobarde, dejarás que la hagan daño por orgullo
- Entonces está bien que sea tu novio y no el mío – lo dice con naturalidad, pero su voz flaquea en la última palabra
- Ya lo sé, es un encanto – cojo uno de sus mechones y lo acaricio entre las uñas de manicura francesa perfecta – aún así estas preciosa, seguro que algún chico le gustan las chicas un poco…masculinas – me voy meneando el culo como la furcia que le acabo de demostrar que soy y me siento al lado de Raúl acariciándole el brazo

***
-¡¿ES QUE NO VAS A DECIR NADA?!¡¿VAS A QUEDARTE CALLADO COMO SIEMPRE. COBARDE?!- le grito
- Lo siento-
Es lo único que dice y me deja en el suelo gritando y golpeando las paredes, desesperada, despechada y sola:
´- Lo siento no es suficiente- logro balbucir entre sollozos, pero él ya no me oye

Ines&Raúl: Cosas que valen la pena(7ªParte)

Es miércoles, el día que más odio de la semana. El tren llega a la estación ruidoso como siempre y yo me subo siguiendo a la multitud. La música retumba en mis oídos a todo volumen, pero ya no me hace sentir a gusto. Hace más de un mes y medio que nada me hace sentir así. Más o menos desde el botellón. Desde aquella noche que lloré hasta quedarme seca, desde que Raúl y Eva empezaron a salir juntos. Nada me importa de verdad y siento esa sensación de vacío en el pecho continuamente. Pero todo sigue como siempre, para los demás nada ha cambiado, sigo siendo la misma risueña de siempre. Solo en los momentos que estoy sola, aprovecho para descansar, para dejar de fingir y hundirme en el vacío. No quiero pensar en las razones de este vacío No quiero pensar en ellos.
Estoy tan inmersa en mis pensamientos que no me entero de que un chico se sienta a mi lado e intenta llamar mi atención:

hey, hola- dice tocándome el hombro
hola...- me resulta familiar pero no sé quien es
No sé si te acuerdas de mi, hablamos hace tiempo ya, aquí en el tren...- me mira suplicante.

Si, él había sido el desencadenante de todo. Si yo no hubiera flirteado con él aquel día nada de esto habría ocurrido. De pronto todo mi odio, acumulado y enterrado se vuelca contra él. Necesito que alguien lleve mis culpas y él ha aparecido en el momento correcto:

si,ya me acuerdo de ti- digo seca y me vuelvo a poner los cascos
Bueno, esto dijiste que me llamarías pero nunca lo hiciste- insiste
Lo siento, se me olvidó – el desdén en mi voz es palpable.
No importa, da igual – ¿como puede ser tan estúpido? - entonces quieres que quedemos algún día – eso colma mi limitada paciencia y estallo.
NO, NO QUIERO QUEDAR CONTIGO – le grito – no me interesas – las palabras salen de mi boca como un torrente – hablé contigo aquel día por que me sentía mal y necesitaba que alguien me consolara, ¡ya está! -

En el momento en que mi boca se cierra desearía que no se hubiera abierto jamás. Todo el vagón me está mirando, pero lo peor es la mirada del chico. Le he hecho daño, mucho. Me doy cuenta de lo que he hecho e intento arreglarlo, pero él se levanta y se va sin darme tiempo a reaccionar. Me siento miserable, muy miserable, me empieza a doler la cabeza y a marearme. No me encuentro bien. En la siguiente parada me bajo del tren y nada más tocar el anden me pongo a vomitar. Es una situación muy embarazosa. Los que se bajan por la misma puerta que yo simplemente me ignoran e incluso alguno me mira con reprobación. Nadie se acerca a ayudarme, a nadie le preocupa lo que me pase. Posiblemente piensen que soy una mala persona, que me lo merezco. Posiblemente tengan razón.
Me vuelvo a casa, el mareo y el dolor de cabeza no desaparecen. La casa está vaciá cuando llego. Me meto en la cama vestida y me duermo. No sé cuanto tiempo ha pasado. Recuerdo que alguien ha entrado en mi habitación. Oigo conversaciones, ruidos, noto como la luz de la habitación cambia, pero esto demasiado cansada para abrir los ojos. Pasa más tiempo, quizás un momento, quizás un día.

Al final me despierto, me obligo a abrir los ojos perezosa. El reloj de mi mesilla marca las seis de la tarde, pero del viernes. Mi madre entra en la habitación, me dice que he estado enferma, con mucha fiebre. Me deja algo de comer sobre la mesilla, tiene que irse a trabajar. Como con pocas ganas lo que me ha dejado y luego cojo el móvil. Busco el número del chico. Dos tonos y alguien responde:
¿Diga?
Hola, esto...soy Inés- trago con fuerza- la chica del tren- hay un silencio incómodo.
¿Que quieres?- dice al fin
Me gustaría quedar contigo...-
No me interesa, no quiero que juegues más conmigo-
No por favor, creo que te debo una disculpa- se vuelve a quedar callado
Esta bien, quedamos en la estación en media hora-
Allí estaré -

***

Has venido-
Claro, yo si digo algo lo cumplo – me clava la mirada
Muchas gracias – susurro
Y bien, ¿qué querías decirme? -
Yo, quería disculparme, por lo que hice -
¿Te refieres a jugar conmigo? -
Si, lo siento...-
¿Por qué lo hiciste? -
Tenía un mal día... -
Eso no es excusa para jugar con alguien -
Lo siento mucho – lo digo de corazón
Mira – se pasa la mano por el pelo nervioso – cuando vi que te fijaste en mi ese día en el tren, pensé que eras una chica preciosa y que aquel era mi día de suerte – iba a disculparme de nuevo pero sigue hablando - no me llamaste, y cuando te vi el otro día en el tren, me puse muy contento, bueno hasta que me soltaste todo eso...estos días lo he pasado fatal...-
Lo siento, lo siento, lo siento mucho... -
¿Te ha pasado algo malo últimamente? -
Si, unas cuantas cosas -
Entonces con eso me doy por contento – se da la vuelta y se marcha, con las manos metidas en los bolsillos.

Paseo un rato por el parque que hay junto a la estación. Ya estamos en noviembre y cada vez hace más frío. Aún así el parque está lleno de niños que corrían con los abrigos enganchados, imitando a superman. Este también era mi parque de pequeña, aquí fue donde conocí a Raúl. Busco por el parque los columpios antiguos. Ahora están vacíos, han puesto columpios nuevos, con colchonetas y mucho más seguros, así que los antiguos se han quedado abandonados.
El tobogán ahora ya no me parece tan alto. Tantas memorias de esos columpios, sobre todo de Raúl. Por primera vez en mes y medio no siento que el vacío en mi pecho se hace más grande al pensar en él. Cierro los ojos y me concentro pensando en él, en lo que le diría si le viera. Puede que le dijera la verdad, la que yo hace poco he descubierto, que estoy celosa, mucho y que le...:

¿Hola?-

La voz me obliga a abrir los ojos. Hay un chico de pie a mi lado mirándome con sus inconfundibles ojos azules. Mi corazón se para un segundo y pienso que todavía tengo los ojos cerrados, pero me sacude un poco del brazo, si lo he sentido esto despierta:
Hola...¿qué haces tu aquí?-
He venido a dar un paseo ¿y tú?- no me mira a los ojos, esquiva todo el rato mi mirada, aún está enfadado conmigo
Lo mismo – silencio incomodo
Esto...¿qué hacías ahí en medio plantada con los ojos cerrados?-
Recordaba viejos tiempos- le sonrío
¿Ah si?-
Si, pensaba en el día que nos conocimos y en todo lo del tobogán-
Si fue una anécdota curiosa...esto, mira me tengo que ir, he quedado-
¿Con Eva?- ya se la respuesta, pero aún así le hago la pregunta
Si, hemos quedado para dar una vuelta, ya sabes, ella y yo, estamos saliendo-
Me alegro por los dos – miento
Ya, bueno, tengo que irme-

No puedo dejar que se vaya, pero no debo...

He dejado de pensar por un momento. Le he agarrado de la manga y me he puesto de puntillas para besarle. Ha sido un beso rápido en los labios, apenas un parpadeo, pero lo he hecho. Está sorprendido, no se esperaba eso. Yo tampoco. Me muerdo el labio preocupada, ahora debo decir algo:

Yo...- hago acopio de valor- yo si sentí algo el otro día y solo quería que lo supieras...-

Me quiero morir. Sus ojos se han vuelto duros de repente, fríos como el hielo. Me doy la vuelta para irme, pero me tiene sujeta. Me giro para pedirle que por favor me suelte, que ya he hecho el ridículo suficiente, pero las palabras no tienen tiempo de salir. Sus labios están sobre los míos y ahora el beso es más largo, más intenso, pero lleno de desesperación. Cuando se separa sus ojos siguen siendo fríos y distante:

Esto sigue sin significar nada, no te líes, ha sido sólo un beso-
Está bien...-

Un simple beso para mí basta, es suficiente de momento. Ha llegado el momento de cambiar.



Futuro

La lluvía apenas me deja ver. Él ni se inmuta
-¡¿Todo esto no ha significado nada para tí?!¡¿NADA?!-

Inés&Raúl: Agujeros negros(5ªParte)

Lo primero quería pedir perdon a aquellos que siguen el diario por tardar tanto en actualizar, pero es que no me sentía con ganas de continuar y ha sido gracias a un comentario anónimo en la parte anterior que he decidido seguír. Asi que quería agradecerselo por animarme y no se me ha ocurrido una manera mejor que ponerme a escribir^^. Espero que os guste^^

Han pasado más de dos semanas desde la discusión con Raúl y seguimos sin hablarnos. Tampoco nos miramos, cuando nos cruzamos es como si no nos conociéramos. Al principio me molestaba que me ignorara de esa manera, e incluso trataba de sonreír al cruzarnos, pero sus miradas frías me hacían hervir la sangre. Orgullos, prepotente, se creía con derecho a juzgarme. Así que dejé de intentar ser amable. La cosa no hubiera tenido mayor importancia para mi, sino fuera por que tenía que aguantar a Eva todos los días, restregándome lo encantador, divertido y guapo que era. Me hacía hervir la sangre y necesitaba mucho auto control para no levantarme y ahogarla con mis propias manos. Entró tarareando en clase con su sonrisa de “soy mejor que tú” estampada en la cara:

  • Buenas, ¿qué tal?- mi tono era encantador pero mi sonrisa decía “piérdete”

  • ¡Holaa!- canturreó al sentarse- Oh tía acabo de recibir un mensaje de Raúl- empieza la primera ronda del combate.

  • ¿Ah si?no sabía que era de esos, siempre parece tan autista, tan metido en su mundo-

  • Nada, no creas, el otro día me acompaño a casa y fue la mar de cariñoso- se sonroja un poco, será teatrera...- Incluso me dio un besito de despedida muy tierno- deja caer las pestañas pero veo su mirada envenenada


Eso me ha sentado como un puñetazo en el estómago, y no debería pero me recompongo y sigo escuchándola buscando un punto por donde contraatacar:


  • Si, dice que se acuerda mucho de mi, de cuando eramos pequeños- sonríe y me mira con picardía- de ti dice que apenas se acuerda, solo de la anécdota del tobogán- KO total.


No me ha dado tiempo a defenderme ha ido hacía mi punto débil y me ha destrozado. No quiero seguir oyéndola, así que en cuanto Victoria y Sonia entran en clase me levanto para saludarlas. Traen noticias interesantes, habrá un botellón está tarde. Sonrío y hago como que estoy interesada, pero las palabras de Eva siguen vibrando en mi cabeza. No quiero pensar en ello, quizás beber me ayude a no pensar.


***


No tenía que haber venido al botellón, estoy bebiendo demasiado. Hay mucho ruido a mi alrededor, mucha gente, casi toda mi clase y mucha otra gente que no conozco. Le doy otro trago a la botella de JB. Ya llevo más de la mitad. Todo el mundo parece estarse divirtiendo, pero yo no. Cuando he llegado todavía estaba enfadada por lo de esta mañana y he cogido una botella, pensando que el alcohol ahogaría mis penas, y al principio no ha ido mal, hasta que ha llegado Eva. Ha llegado colgada del brazo de Raúl, y hablando con Javi, mi ex. Sé que lo ha traído aquí aposta, para restregarme lo sola que estoy ahora mismo. Es una bruja. Ahora mismo no soy capaz de pensar con claridad, el mundo parece tambalearse, inseguro, como mis pisadas. Consigo llegar hasta una esquina y me siento allí sola. Sonia y Victoria, están por ahí riéndose y disfrutando. Son estúpidas, no saben nada, no entienden nada, tan comunes, tan vulgares...Alguien se sienta a mi lado. También lleva una botella en la mano. Levanto la mirada pesadamente para verle. Debo estar más borracha de lo que pensaba. Raúl está sentado a mi lado, alza la botella y le da un buen trago, me mira fijamente. Tampoco parece muy feliz. Se acerca a mi cada vez más, hasta que tengo su cara a pocos centímetro de la mía. Le miro a los ojos. Le brillan mucho. El beso sale solo.

Cuando nos separamos noto que me arden las mejillas, pero el permanece serio. Cuando habla por fin lo hace despacio, poco a poco:


  • sabía que sería así-

  • ¿Cómo?- la nube de alcohol en mi cabeza se despeja un poco

  • No he sentido nada, absolutamente nada- le da un trago a su botella- cuando te vi en el tren coqueteando con ese tío, me enfadé mucho y luego pensé que quizás todavía sentía algo por ti- se ríe- pero es absurdo- su mirada ha vuelto a ser dura- eres una niñata malcriada, no me gustaría nada colarme por ti-


Una a una sus palabras me atraviesan el pecho. Me duele tanto que tengo ganas de llorar. “Nunca llores si no vas a conseguir algo a cambio” las palabras de mi madre me hacen tragarme las lagrimas. No le digo nada, me levanto y me voy. Desde ahora él para mi no existe. Todo lo que paso de pequeños no importa. Jamás volveré a pensar en él. Me despido de la gente con una sonrisa. Pongo una excusa cualquiera. Sonia me ruega que me quede pero yo le digo que tengo que irme. Me alejo con la cabeza bien alta y pisando fuerte. Por el rabillo del ojo veo que Eva se sienta al lado de Raúl, justo donde estaba yo. Parece que se están besando. Espero que les vaya bien. Cuando tuerzo la esquina y compruebo que nadie me ve, echo a correr. Corro tan rápido como me lo permiten mis piernas y el alcohol. Llego a mi casa asfixiada, sudorosa y jadeante. Mi madre me espera en el salón. Me mira de arriba a abajo cuando entro y levanta una ceja con desaprobación:


  • Inés, ven aquí, siéntate-


Continuará

Ines&Raúl: Remordimientos(4ª Parte)

Otro día más, uno como cualquiera de los siete que han pasado desde que empezó el curso. Me levanto, desayuno, me arreglo,salgo, cojo el metro, el tren y llego a clase. Pero hoy parece que me he levantado con el pie izquierdo. El despertador no ha sonado, he tardado más de lo normal en desayunar y elegir la ropa, tenía el pelo lleno de nudos y la punta del lápiz de ojos se ha roto mientras me maquillaba. Toda esta serie de catastróficas desdichas se traduce en que he llegado veinte minutos tarde al metro y he tenido que esperar otro tanto a que llegara el siguiente tren.

Una vez sentada y tranquila en el tren mi suerte cambió. Bastaron un par de miradas insinuantes,caídas de pestañas y un juego insinuante de piernas para que el chico sentado en el asiento de enfrente, se sentara a mi lado y me dijera hola. No había nada en él que me atrajera especialmente, de hecho ni siquiera me habría fijado en él de no haber tenido una mañana tan horrible, pero ahora necesitaba que alguien me echara unos piropos y me levantara el animo. Sabía que no estaba bien y que en verdad era muy cruel, pero mi ego no admitía excusas.

Quizá fue por que parte de mi se sentía culpable, pero en el momento en el que me encontré con esa mirada fría y de desprecio, me sentí la persona más miserable del mundo. Estaba tan ocupada compadeciéndome a mí misma y buscando formas de sentirme mejor, que no me había fijado que él también estaba allí. Raúl, apoyado en una de las puertas del vagón, me miraba fijamente, con la mandíbula tensa y el ceño ligeramente fruncido. Lo sabía, sabía lo que había hecho y por qué. Y me despreciaba por ello. Intenté mirarle con cara de pena, rogándole que me comprendiera y me perdonara, pero sin renunciar a la validez de mis acciones, pero él giro la cabeza y no me volvió a dirigir la mirada en todo el trayecto, a pesar de que yo le miraba una y otra vez.

Cuando por fin acabó ese viaje torturados y llegamos a la estación, me despedí a toda prisa de mi acompañante con una vaga promesa de que le llamaría y corrí tras Raúl. Llevaba un buen paso y parecía dispuesto a no pararse aunque le llamara:

Raúl ¡espera, quiero hablar contigo!- dije en cuanto le di alcance
¿Qué quieres Inés?- el tono frío de su voz me dolió pero seguí hablando
Te he visto en el tren...-
Yo también a ti. Adiós- dijo zafándose de mi mano
¿Por que estás tan enfadado?¡yo no he hecho nada!- se volvió con los ojos echando chispas y los labios tan apretados que estaban blancos. Cuando se calmó fue peor. Sus ojos azules se volvieron fríos e indiferentes como el hielo, tanto que quise hacerme cada vez más pequeña para que dejara de mirarme así.
Si tan segura estás de que no has hecho nada mal ¿Por que has venido a disculparte?No has cambiado nada- eso fue como un puñetazo en el estomago.
No he venido a disculparme- dije muy dolida- te he visto y he venido a saludarte- mentí
Lo que tu digas. Ni que me importara. Se dio la vuelta se puso los cascos y me dejo allí tirada.

Si ese momento hubiera tenido banda sonora, probablemente habría sido Highway to hell. Y allí me sentía yo, en el infierno. Y lo peor es que no entendía por que. Pero cuando le había visto allí en el tren mirándome mientras yo coqueteaba con, bueno el chico, no me acuerdo de como se llamaba, hubiera preferido morirme antes de que el me hubiera visto. Había sido irracional y estúpido. Me había comportado como una cualquiera y yo no era así. Yo era Inés, Inés Zabala, la que todo el mundo admiraba. Y Raúl no estaba a mi nivel, no podía permitirme ni pensar en él como para encima preocuparme por él.
Aún así el resto del día fue un desastre. En clase estaba demasiado preocupada por lo que me había pasado como para prestar atención y para colmo Eva no paraba de coquetear con Raúl, que se dejaba y encima la sonreía todo el rato mientras que todos mis intentos de volver a hablar con él y arreglarme solo recibieron más miradas de desprecio e indiferencia y ni una frase más.

Esa noche mi mal humor y mis remordimientos se juntaron para provocarme un dolor de cabeza terrible que me obligó a pasar de la cena (a pesar de las quejas de mi madre) y encerrarme en mi habitación a oscuras. Me costó dormirme. El día se repetía una y otra vez en mi cabeza y tenía que desahogarme enterrando la cabeza bajo la almohada y gritando con todas mis fuerzas. Al final más allá de media noche, agotada, conseguí dormirme.

Eso fue solo el principio.

Ines&Raúl: Casualidades y desencuentros(3ª Parte)

Para los nuevos seguidores(los demás no hace falta):
Es la tercera parte de un diario,yo os recomiendo que no os la leais si no os habeís leido las otras dos por que no os vais a enterar de nada. Un beso!!





¿Alguna vez os habéis levantado con la sensación de que algo va a ocurrir?Si, cuando sientes esa presión incómoda en el pecho con la que te cuesta tragar y que te hace sentir incómoda todo el tiempo.
Yo me levanté así el primer día de universidad. Sería comprensible si fuera una persona nerviosa o que estuviera asustada por el primer día de clase. Pero ni una ni la otra. Mis nervios estaban calmados y desde luego la universidad no era algo que pudiera asustarme. Aún así la molesta presión no desaparecía, así que decidí ignorarla.
Una hora más tarde, mientras escuchaba Linkin Park a todo volumen por mis cascos Skull Candy rosas, la presión había disminuido hasta transformarse en una pequeña molestia a la que apenas hacia caso. Mi preocupación en esos momentos eran no mirar lo bonitas que eran mis piernas bronceadas. Años implacables de ballet le habían conferido a mis piernas una largura y forma de las que yo estaba más que orgullosa. El otro gran motivo de mi orgullo era mi pelo. Me llegaba más abajo del codo, era de color negro como la obsidiana (o al menos eso decía mi padre siempre) y liso. Me aparté de la cara los mechones que me estorbaban aireando de paso un poco de mi colonia. Aquellos tíos no me importaban un comino, pero la sensación de sentirse admirada y deseada era deliciosa.

Cuando llegué a la facultad me seguía relamiendo con la sensación del tren y la molestia había desaparecido por completo. En la puerta me encontré a un par de chicas que había conocido en la charla introductoria de Julio, que me saludaron muy efusivas. Se llamaban Victoria y Sonia. Unas de las muchas chicas que había escogido Psicología. Chicas como yo. Bueno, más o menos. Eran chicas muy majas y me caían bastante bien, pero no se podía decir que fueran precisamente agraciadas. Mejor, ya se sabe que siempre hay una persona guapa en el grupo y los demás que están para hacerle fondo(cita textual de mi madre). Bueno, pues ellas eran mi fondo.

Entre muchos grititos de ilusión y sorpresa por su parte y mucha paciencia para aguantarlos por la mía llegamos a nuestra clase. Todo el mundo dice que la universidad es un gran cambio, pero cuando entré en la clase el primer día, fue como volver al instituto. La gente ya se había juntado en grupos de estilos parecidos, amigos comunes, gustos comunes o simplemente coincidencia. Todos se apiñaban alrededor de las mesas nerviosos y chillones. Muchas chicas, pocos chicos. No me molesté en reconocer el terreno. Ya tendría tiempo durante el resto del curso y además era mucho más divertido que ellos vinieran a mi. Por eso no lo vi llegar.

Iba mirando distraídamente a las mesas de los laterales y me choqué con alguien Me volví en seguida con la más encantadora y falsa de mis sonrisas para disculparme. La sonrisa se me deshizo en los labios. Unos ojos azules, fríos como témpanos y enmarcados en pestañas largas y negras se clavaron en mis pupilas. En ese momento sonaba en mis cascos la canción Another Heart Calls de The All- American Rejects. La presión se intensificó en un segundo en mi pecho dejándome sin respiración. Fue como si el tiempo se detuviera y sin darme cuenta me sonrojé hasta las orejas. Yo nunca olvidaba unos ojos, y mucho menos aquellos. La voz que me saludó no se parecía nada a la que había escuchado hacía mas de doce años, mucho mas ronca y grave:

Vaya, esto si que es una casualidad- se pasó la mano por el pelo, que seguía siendo igual de rebelde- no sabía que fueras a hacer psicología-
Ya, es lo que tiene no verse desde hace mucho tiempo. Pensé que tu querías ser piloto-
Bueno, es que todos los niños quieren ser pilotos ¿no?-

Me hizo sentirme como una estúpida por hacer un comentario como aquel, pero no le dio tiempo a verlo por que el profesor entró en clase, y exactamente igual que en el instituto nos mando sentarnos a gritos.
No fue hasta sentarnos que me fije en la chica pelirroja con el pelo rizado. Cruce los dedos por que no fuera quien yo creía. No tuve esa suerte. En cuanto me senté me encontré con su odiada carita angelical mirándome:

Vaya, ¡que coincidencia!Que bien que vayamos a la misma clase-
Si, claro que si Eva lo estaba deseando-

Claro que no. Nos odiábamos a muerte desde que eramos pequeñas. Ya os he contado la aventura del castillito. Habíamos ido juntas a la guardería, al colegio y al instituto. Y ahora para colmo me tocaba aguantarla también en la carrera. No había manera de quitársela de encima:

¿Sabes que Raúl ha vuelto a Madrid y que está haciendo primero aquí?-
Si, me acabo de cruzar con él. Está en esta clase también- intenté mantener el tono de voz neutro, pero eso no iba a colar a estas alturas con Eva.
Si, yo también le he visto. Se ha puesto muy guapo- echó una mirada malvada hacia donde estaba sentado y luego me miró a mi- Igual se convierte en mi próximo novio,¿que te parece?-
¿A mi?me da exactamente igual, ¿por que debería importarme?-
No sé como os traías ese rollo de novios cuando eramos pequeños-
Por favor, teníamos seis años. No significa nada-

En el momento en que lo dije y vi la expresión de Eva desee haberme tragado mis palabras una a una. Ahora en mis cascos sonaba Time is running out. Muy propio pensé mientras hacía como que copiaba lo que decía el profesor. No eran más de las nueve y ya estaba cansada. Iba a ser un curso muy duro...

Inés&Raúl: El comienzo


Verano de 1995

Ese verano era caluroso, más que los anteriores supongo, pero aún asi, yo estaba jugando en el parque con la arena. Mi niñera se había sentado a la sombra de un arbol y se abanicaba, roja como un tomate y con los churretones de sudor resbalándose por la frente y sus hinchadas mejillas. Yo llevaba un vestido de verano, de esos blanquitos sin mangas y unas sandalias del mismo color. Aunque después de pasarme toda la tarde jugando en la arena, corriendo entre los aspersores y trepando a todas partes, el pobre vestido era de todos los colores menos blanco. Era mi parte favorita del dia, en la que podía dejar de fingir que era una niña buena y adorable y dar rienda suelta a mis travesuras, más animadas: ser una pirata, capitana de un barco, hasta Robin Hood...

Estaba yo en eso de la conquista de cajón de arena, cuando como no, Eva, mi repelente vecina, vino a molestarme. Claro en presencia de los vecinos hay que ser una niña buena, así que yo dejé a un lado, la conquista para pasar a hacer castillitos, un juego muy tranquilo y adorable. Pero claro una niña tan repelente, poco femenina e incapaz de hacer pucheritos como Eva no podía dejarme en paz. Vino y piso mi castillito con una de sus sandalias rosas de mariposas. Esas que yo siempre había querido y las que se deleitaba pasarme por las narices cada vez que podía. Repelente. Me miraba desde arriba con sus angelicales ricitos rojos cayéndole por dos lados de la cara, mientras que sus ojitos negros me miraban con malicia. Para más saña y para provocarme más pisó mi castillito un par de veces más, hasta que me levanté de un bote, dispuesta marcharme. Pero Eva no es de las que deja ir así como así. Me agarró de la coleta y tiró de ella. Eso era el colmo. Había tenido que aguantar un buen rato de peine está mañana para que la coleta quedara perfecta y el lazo en su sitio, para que ahora esta comemocos me lo estropeará. Fui y la empuje sin mediar palabra. Ella me empujó a mi. Yo la agarré con fuerza de los rizos y ella terminó de destrozarme la coleta mientras yo intentaba que se comiera un puñado de arena.

La lucha acabó, como todas las anteriores, con Eva llorando y corriendo hacia su cuidadora, mientras yo limpiaba los restos del destrozo. Pero esta vez mi niñera se levantó y fue andando a paso apresurado hasta mi. No vi venir el azote. Fue como un jarro de agua fría para mi orgullo de ganadora. Me enfadé tanto con ella que salí corriendo. Ella no podría alcanzarme, con esas patitas cortitas y rechonchas, me escaparía sin problemas. Subí corriendo las escaleras del tobogan solo pensando en huir de ella.
La niñera me gritaba desde abajo, pero yo estaba muy asustada. Aquel era el tobogan de los mayores. Era muy alto y al final no había colchoneta blandita, como en el de los pequeños, sino arena pura y dura. Tampoco podía bajar por que había niños esperando en las escaleras. Esperaban a que yo me tiraba. Me gritaban y me animaban a tirarme, pero yo tenía mucho miedo. Al final pasó lo que tenía que pasar. El niño mayor que había detrás de mi, harto de esperar me dio un empujón. Caí de bruces por el tobogan y al llegar abajo me comí un buen puñado de arena. Note que la sangre goteaba de mi labio y empecé a llorar como una posesa. No sabía donde estaba mi niñera y la boca me dolía mucho.
Un par de manitas pequeñas como las mías, me cogieron de los hombros y me sacaron de allí. Yo apenas podía ver con los lagrimones cayendo por mis mejillas, pero esas manitas me llevaron hasta un banco, me sentaron y me ofrecieron un pañuelo.
Cuando sequé mis lagrimas y mis sollozos se calmaron un poquito, vi que el que me había llevado hasta allí era un niño. Debía tener más o menos mi edad, aunque era más bajito que yo. Llevaba unos pantalones cortos y una camiseta, que estaban casi tan sucios como mi vestido. Era moreno, con el pelo de punta y tenía unos ojos de un azul igual que el cielo, y unas pestañas negras y largas, como si se las hubiera pintado:
- Hola, soy Raúl-
- ...Yo...Inés-
- ¿Te duele mucho el labio?- asentí con la cabeza dejando que un par de lagrimones escaparan- ¿Donde está tu mamá?-
- Mi mamá no está- el labio me sangraba a borbotones, por la herida de deabjo de mi nariz
-¿Estás tú solita?-
- No, venía con mi niñera, pero la he perdido- ahora me sentía muy pero que muy mal por eso
- Ven, la buscaremos juntos-

Estuvimos buscando juntos a mi niñera durante un buen rato. Cuando la encontramos, puso el grito en el cielo al verme toda llena de sangre y en seguida me cogió en brazos para llevarme a casa. Yo miraba por encima de su hombro mientras me llevaba a casa despidiéndome de Raúl con la mano. No sabía por qué pero tenía muchas ganas de volver a verle.

Final de Verano 2008

No sé por qué, hoy justo, la noche antes de primer día de universidad me he tenido que soñar eso. Quizás fue por que antes de irme a dormir vi esa mini cicatriz que la caída me dejo bajo la nariz. O quizá por que al intentar olvidarme de Javier, mi ultimo novio, me he acordado de Raúl que fue el primero. Si, desde aquella tarde iba todos los días al parque para jugar con él. Jugabamos a Papás y a Mamás, a Piratas, ibamos juntos de la mano. Parece mentira lo que nos parece tener novio de pequeño. En fín después de cumplir los 6 años no volví a ver a Raúl, pero supongo que se me ha quedado grabado en la mente. Ya sé sabe que "el amor verdadero es sólo el primero y los demás son solo para olvidar" o al menos eso dice la canción

Quien me iba a decir, que ese sueño iba a ser una premonición de lo que ocurriría después. Seguro que a Freud le encantaría...

Ines&Raúl


Cada vez que me intento poner a escribir, es como si todo lo que paso se emborronara en mi mente. Me quedo parada delante del teclado del ordenador, sin saber muy bien por donde empezar. Y es que la historia que quiero contaros no tiene un comienzo claro y aún no ha acabado, así que probaré a poneros un poco en antecedentes para que así podáis entender lo que pasa por mi cabeza en estos momentos.
Bueno, empezaré presentándome. Me llamo Inés y tengo 18 años. Lo primero que vais a pensar de mi es que soy la típica hija única malcriada. Pues bien acertaríais de lleno. Soy de esas típicas personas que lo han tenido, todo, absolutamente fácil. Todo lo que he querido en esta vida lo he tenido a mi alcance, sólo tenia que alargar la mano y cogerlo. Y si no fuera suficiente ser una malcriada, encima era una malcriada guapa y con buen tipo. Y creedme eso es mucho peor. Desde que era pequeña todo el mundo se desvivía por mí. Se pasaban el día halagándome, haciéndome monerías y regalándome chucherías. Lo que provoco que con sólo cinco añitos tuviera un ego demasiado grande para ese cuerpo tan pequeñazo.
Bueno, pues fue a los cinco años, que yo recuerde donde empieza esta historia. Y como casi todas las historias que merecen ser contadas en esta vida, es una historia de amor. Si, ya sé que con esto no os desvelo nada nuevo, que con la introducción ya os estabais imaginando la típica historia de amor, en la que la típica niña guapa rubia y tonta se enamora del empollon de empollones y viven juntos para siempre. Pues bueno, para empezar, soy morena. No me entendáis mal, no tengo nada contra ellas, pero digamos que las pobrecitas tienen tanta laca y estereotipos encima que las cuesta pensar.
Me estaba desviando del tema. A los cinco años conocí a Raúl y no tenia nada, pero nada de nada de especial. Un chaval flacucho, moreno y desgarbado, que ayudó a una niña pequeña que se cayó de un tobogán.
Y bueno aquí estamos 13 años después. De pie bajo la lluvia. Pero eso es el final de la historia, y para eso todavía tengo que explicaros como llegué allí. Solo tenéis que seguir leyendo.