Buenas de nuevo lector@s!! Aqui traigo la nueva entrega de mis diarios, aunque para los que les gusten las historias largas, siento decepcionarles, pero este solo tendrá 3 partes y bastante cortas cada una. Esta historía se me ocurrió hablando con un amigo, sobre lo dificiles que son todas las relaciones y de lo complicado que lo ponemos todos, hombres y mujeres. Espero que sepais leer entre líneas ^^
Diario de Elena, 1995
Hoy he tenido mi primera cita con David, el chico ese sobre el que escribía antes, ese tan guapo, con esos ojos tan verdes que cuando sonríe parece que te vas a caer de culo…El otro día me invitó a salir, bueno algo así. Vino con gesto cabreado, tanto que mis amigas se apartaron pensando que nos iba a pegar o algo, se me quedó mirando y luego me dijo que tenía entradas para una “peli” que nadie quería ver con él y que si quería ir con él. Me moría de ganas por decirle que sí, pero entonces habría parecido una chica fácil así que espere un par de días hasta decirle que sí.
Ese día era una matojo de nervios, vacié el armario encima de la cama, pensando en qué ponerme y como estar guapa, MUY guapa. Me pasé horas durante el espejo maquillándome, peinándome y echándome toda la clase de potingues que tenía.
Una pena, por que cuando llegué el apenas me miró y en seguida me llevó dentro del cine. Era una película muy romántica, de esas que hacen llorar y todo. Yo esperaba esperanzada, que cuando los protagonistas después de todo el drama, acabaron besándose bajo la lluvia, él cogiera mi mano y me besara a mí también. Y de verdad que parecía que iba a hacerlo, pero al final parece que se arrepintió y volvió a meter la mano en la bolsa de las palomitas.
La película terminó y ya era hora de volver a casa. Me acompaño hasta la puerta y nada más, ahí también me quedé con las ganas del beso, pero que se le va a hacer, al final igual solo me invitó porque tenía una entrada de más. Debería haberme lanzado en vez de esperar a que se lanzara él…
Bueno por fín la octava parte del diario. Siento mucho haber estado tan silenciosa, pero he estado ocupada con cosas de la universidad y avanzando mi libro y no he tenido tiempo de escribir, pero hoy he actualizado doble y espero que os guste. Un saludo

Eva
Desde el primer momento que la vi, la odie. Mi madre dice que era demasiado pequeña para acordarme, pero me acuerdo. Recuerdo aquellos ojos grandes oscuros, la melenita corta y esa sonrisita graciosa que encandilaba a todo el mundo. Recuerdo la admiración que despertaba los mimos que le daba mi madre y como miraba mi padre a su madre, pero lo peor era ella. Esa fierecilla con cara de angelito que los había hechizado a todos, pero no era más que una revoltosa disfrazada de princesita y allí la única princesa era yo. Ahí empezó la guerra.
Íbamos a todas las comidas con nuestras madres, con nuestros incómodos vestidos de algodón blanco almidonado y las horquillas molestando en la cabeza. Sonreíamos y hacíamos jugarretas inocentes mientras nos pellizcábamos por debajo del mantel. Fui a la misma guardería, a la misma clase de ballet, a la misma piscina…pasábamos todo el tiempo juntas. Era una lucha constante, pero de alguna forma lo pasábamos bien. Hasta que llegó él.
Él lo estropeó todo. Inés dejó de hacerme caso para irse con ese crío de ojos azules y mirada tranquila. Eso me enfadaba. Si, la chinchaba pero era mi amiga, pero hubo un momento en el que dejó de serlo. Dejó de existir esa lucha constante entre ella y yo, y el odio se volvió verdaderamente cruel. Era una niña repipi y presumida, orgullosa de su larga melena azabache que sólo se preocupaba de que los niños la miraran, y eso no cambio cuando él se fue, empeoró aún más y yo empecé a ser como ella, a querer superarla en todo, en volver a ser la princesita a la que todos miraban.
Casi me quedo sin aliento cuando la he visto entrar en clase hoy. Como siempre, la he visto entrar por el rabillo del ojo y he aprovechado la ocasión para hablar con Raúl, porque su indiferencia empieza a volverse muy molesta. Entonces he empezado a oír los murmullos y los grititos de sorpresa ahogados y me he vuelto para mirar. No creo que mis ojos puedan abrirse ya más, no comprenden lo que están viendo. Inés, la niña orgullosa de su melena larga y sedosa, ahora parece un chico. Se ha cortado el pelo muy corto, a mechones desiguales, como si lo hubiera hecho ella misma. Parece otra persona, se la ve intranquila pero sin perder el temple. Pasea la mirada por la clase buscando algo. A alguien. Yo sé lo que busca. Miro a Raúl que está sentado a mi lado. Él también la está mirando, su rostro está tan frío como siempre, pero yosé lo que está pensando, él no es más que otro estúpido orgulloso. Está pensando que está aún mas guapa con el pelo así, que sus ojos oscuros parecen llenos de luz y que se muere de ganas por levantarse y abrazarla, pero no lo hará, porque ella lo ha decepcionado y ha herido su orgullo. Ella es de lo único que habla. Apenas la menciona, pero sólo habla de ella. Habla de ella cuando me besa sin fuerza a penas, cuando pasa la mano sobre mis hombros como si fuera sólo un conocido y no mi novio, cuando tras hacerlo, exhausto mira al techo de mi habitación deseando que fuera ella y no yo la que estuviera desnuda a su lado. Yo sé todo eso, pero cada vez que me mira, me sonríe y me miente diciéndome que me quiere con un beso, yo soy feliz, una idiota feliz y engañada. Porque yo le quiero, yo también le he querido desde siempre, pero como siempre me ha dejado en segundo lugar. Me consuelo a mí misma pensando que él es mío de momento y le planto un beso en la mejilla antes de levantarme para hablar con ella:
- Vaya Inés, ¿le debías dinero al peluquero?-
- No, que va, simplemente me apetecía cambiar de imagen, ya sabes renovarme – retuerce entre sus dedos un mechón desigual – la vida es para los que se arriesgan ¿sabes?- y le mira como pidiendo que le dé la razón pero contraataco
- Y de los que no tienen gusto en tu caso –
- Puede, pero eso ya me da un poquito igual – me quedo sin respuestas un segundo eso me sorprende, pero no puede haber cambiado tan rápido
- Vaya, menos mal porque ayer mismo hablaba con Raúl de lo poco atractivas que son las chicas de pelo corto- ha merecido la pena hacerme pasar por imbécil para ver su cara herida, le mira otra vez pero él ya ha apartado la mirada. Cobarde, dejarás que la hagan daño por orgullo
- Entonces está bien que sea tu novio y no el mío – lo dice con naturalidad, pero su voz flaquea en la última palabra
- Ya lo sé, es un encanto – cojo uno de sus mechones y lo acaricio entre las uñas de manicura francesa perfecta – aún así estas preciosa, seguro que algún chico le gustan las chicas un poco…masculinas – me voy meneando el culo como la furcia que le acabo de demostrar que soy y me siento al lado de Raúl acariciándole el brazo
***
-¡¿ES QUE NO VAS A DECIR NADA?!¡¿VAS A QUEDARTE CALLADO COMO SIEMPRE. COBARDE?!- le grito
- Lo siento-
Es lo único que dice y me deja en el suelo gritando y golpeando las paredes, desesperada, despechada y sola:
´- Lo siento no es suficiente- logro balbucir entre sollozos, pero él ya no me oye
Es miércoles, el día que más odio de la semana. El tren llega a la estación ruidoso como siempre y yo me subo siguiendo a la multitud. La música retumba en mis oídos a todo volumen, pero ya no me hace sentir a gusto. Hace más de un mes y medio que nada me hace sentir así. Más o menos desde el botellón. Desde aquella noche que lloré hasta quedarme seca, desde que Raúl y Eva empezaron a salir juntos. Nada me importa de verdad y siento esa sensación de vacío en el pecho continuamente. Pero todo sigue como siempre, para los demás nada ha cambiado, sigo siendo la misma risueña de siempre. Solo en los momentos que estoy sola, aprovecho para descansar, para dejar de fingir y hundirme en el vacío. No quiero pensar en las razones de este vacío No quiero pensar en ellos.
Estoy tan inmersa en mis pensamientos que no me entero de que un chico se sienta a mi lado e intenta llamar mi atención:
hey, hola- dice tocándome el hombro
hola...- me resulta familiar pero no sé quien es
No sé si te acuerdas de mi, hablamos hace tiempo ya, aquí en el tren...- me mira suplicante.
Si, él había sido el desencadenante de todo. Si yo no hubiera flirteado con él aquel día nada de esto habría ocurrido. De pronto todo mi odio, acumulado y enterrado se vuelca contra él. Necesito que alguien lleve mis culpas y él ha aparecido en el momento correcto:
si,ya me acuerdo de ti- digo seca y me vuelvo a poner los cascos
Bueno, esto dijiste que me llamarías pero nunca lo hiciste- insiste
Lo siento, se me olvidó – el desdén en mi voz es palpable.
No importa, da igual – ¿como puede ser tan estúpido? - entonces quieres que quedemos algún día – eso colma mi limitada paciencia y estallo.
NO, NO QUIERO QUEDAR CONTIGO – le grito – no me interesas – las palabras salen de mi boca como un torrente – hablé contigo aquel día por que me sentía mal y necesitaba que alguien me consolara, ¡ya está! -
En el momento en que mi boca se cierra desearía que no se hubiera abierto jamás. Todo el vagón me está mirando, pero lo peor es la mirada del chico. Le he hecho daño, mucho. Me doy cuenta de lo que he hecho e intento arreglarlo, pero él se levanta y se va sin darme tiempo a reaccionar. Me siento miserable, muy miserable, me empieza a doler la cabeza y a marearme. No me encuentro bien. En la siguiente parada me bajo del tren y nada más tocar el anden me pongo a vomitar. Es una situación muy embarazosa. Los que se bajan por la misma puerta que yo simplemente me ignoran e incluso alguno me mira con reprobación. Nadie se acerca a ayudarme, a nadie le preocupa lo que me pase. Posiblemente piensen que soy una mala persona, que me lo merezco. Posiblemente tengan razón.
Me vuelvo a casa, el mareo y el dolor de cabeza no desaparecen. La casa está vaciá cuando llego. Me meto en la cama vestida y me duermo. No sé cuanto tiempo ha pasado. Recuerdo que alguien ha entrado en mi habitación. Oigo conversaciones, ruidos, noto como la luz de la habitación cambia, pero esto demasiado cansada para abrir los ojos. Pasa más tiempo, quizás un momento, quizás un día.
Al final me despierto, me obligo a abrir los ojos perezosa. El reloj de mi mesilla marca las seis de la tarde, pero del viernes. Mi madre entra en la habitación, me dice que he estado enferma, con mucha fiebre. Me deja algo de comer sobre la mesilla, tiene que irse a trabajar. Como con pocas ganas lo que me ha dejado y luego cojo el móvil. Busco el número del chico. Dos tonos y alguien responde:
¿Diga?
Hola, esto...soy Inés- trago con fuerza- la chica del tren- hay un silencio incómodo.
¿Que quieres?- dice al fin
Me gustaría quedar contigo...-
No me interesa, no quiero que juegues más conmigo-
No por favor, creo que te debo una disculpa- se vuelve a quedar callado
Esta bien, quedamos en la estación en media hora-
Allí estaré -
***
Has venido-
Claro, yo si digo algo lo cumplo – me clava la mirada
Muchas gracias – susurro
Y bien, ¿qué querías decirme? -
Yo, quería disculparme, por lo que hice -
¿Te refieres a jugar conmigo? -
Si, lo siento...-
¿Por qué lo hiciste? -
Tenía un mal día... -
Eso no es excusa para jugar con alguien -
Lo siento mucho – lo digo de corazón
Mira – se pasa la mano por el pelo nervioso – cuando vi que te fijaste en mi ese día en el tren, pensé que eras una chica preciosa y que aquel era mi día de suerte – iba a disculparme de nuevo pero sigue hablando - no me llamaste, y cuando te vi el otro día en el tren, me puse muy contento, bueno hasta que me soltaste todo eso...estos días lo he pasado fatal...-
Lo siento, lo siento, lo siento mucho... -
¿Te ha pasado algo malo últimamente? -
Si, unas cuantas cosas -
Entonces con eso me doy por contento – se da la vuelta y se marcha, con las manos metidas en los bolsillos.
Paseo un rato por el parque que hay junto a la estación. Ya estamos en noviembre y cada vez hace más frío. Aún así el parque está lleno de niños que corrían con los abrigos enganchados, imitando a superman. Este también era mi parque de pequeña, aquí fue donde conocí a Raúl. Busco por el parque los columpios antiguos. Ahora están vacíos, han puesto columpios nuevos, con colchonetas y mucho más seguros, así que los antiguos se han quedado abandonados.
El tobogán ahora ya no me parece tan alto. Tantas memorias de esos columpios, sobre todo de Raúl. Por primera vez en mes y medio no siento que el vacío en mi pecho se hace más grande al pensar en él. Cierro los ojos y me concentro pensando en él, en lo que le diría si le viera. Puede que le dijera la verdad, la que yo hace poco he descubierto, que estoy celosa, mucho y que le...:
¿Hola?-
La voz me obliga a abrir los ojos. Hay un chico de pie a mi lado mirándome con sus inconfundibles ojos azules. Mi corazón se para un segundo y pienso que todavía tengo los ojos cerrados, pero me sacude un poco del brazo, si lo he sentido esto despierta:
Hola...¿qué haces tu aquí?-
He venido a dar un paseo ¿y tú?- no me mira a los ojos, esquiva todo el rato mi mirada, aún está enfadado conmigo
Lo mismo – silencio incomodo
Esto...¿qué hacías ahí en medio plantada con los ojos cerrados?-
Recordaba viejos tiempos- le sonrío
¿Ah si?-
Si, pensaba en el día que nos conocimos y en todo lo del tobogán-
Si fue una anécdota curiosa...esto, mira me tengo que ir, he quedado-
¿Con Eva?- ya se la respuesta, pero aún así le hago la pregunta
Si, hemos quedado para dar una vuelta, ya sabes, ella y yo, estamos saliendo-
Me alegro por los dos – miento
Ya, bueno, tengo que irme-
No puedo dejar que se vaya, pero no debo...
He dejado de pensar por un momento. Le he agarrado de la manga y me he puesto de puntillas para besarle. Ha sido un beso rápido en los labios, apenas un parpadeo, pero lo he hecho. Está sorprendido, no se esperaba eso. Yo tampoco. Me muerdo el labio preocupada, ahora debo decir algo:
Yo...- hago acopio de valor- yo si sentí algo el otro día y solo quería que lo supieras...-
Me quiero morir. Sus ojos se han vuelto duros de repente, fríos como el hielo. Me doy la vuelta para irme, pero me tiene sujeta. Me giro para pedirle que por favor me suelte, que ya he hecho el ridículo suficiente, pero las palabras no tienen tiempo de salir. Sus labios están sobre los míos y ahora el beso es más largo, más intenso, pero lleno de desesperación. Cuando se separa sus ojos siguen siendo fríos y distante:
Esto sigue sin significar nada, no te líes, ha sido sólo un beso-
Está bien...-
Un simple beso para mí basta, es suficiente de momento. Ha llegado el momento de cambiar.
Futuro
La lluvía apenas me deja ver. Él ni se inmuta
-¡¿Todo esto no ha significado nada para tí?!¡¿NADA?!-
Lo primero quería pedir perdon a aquellos que siguen el diario por tardar tanto en actualizar, pero es que no me sentía con ganas de continuar y ha sido gracias a un comentario anónimo en la parte anterior que he decidido seguír. Asi que quería agradecerselo por animarme y no se me ha ocurrido una manera mejor que ponerme a escribir^^. Espero que os guste^^
Han pasado más de dos semanas desde la discusión con Raúl y seguimos sin hablarnos. Tampoco nos miramos, cuando nos cruzamos es como si no nos conociéramos. Al principio me molestaba que me ignorara de esa manera, e incluso trataba de sonreír al cruzarnos, pero sus miradas frías me hacían hervir la sangre. Orgullos, prepotente, se creía con derecho a juzgarme. Así que dejé de intentar ser amable. La cosa no hubiera tenido mayor importancia para mi, sino fuera por que tenía que aguantar a Eva todos los días, restregándome lo encantador, divertido y guapo que era. Me hacía hervir la sangre y necesitaba mucho auto control para no levantarme y ahogarla con mis propias manos. Entró tarareando en clase con su sonrisa de “soy mejor que tú” estampada en la cara: Buenas, ¿qué tal?- mi tono era encantador pero mi sonrisa decía “piérdete”
¡Holaa!- canturreó al sentarse- Oh tía acabo de recibir un mensaje de Raúl- empieza la primera ronda del combate.
¿Ah si?no sabía que era de esos, siempre parece tan autista, tan metido en su mundo-
Nada, no creas, el otro día me acompaño a casa y fue la mar de cariñoso- se sonroja un poco, será teatrera...- Incluso me dio un besito de despedida muy tierno- deja caer las pestañas pero veo su mirada envenenada
Eso me ha sentado como un puñetazo en el estómago, y no debería pero me recompongo y sigo escuchándola buscando un punto por donde contraatacar:
Si, dice que se acuerda mucho de mi, de cuando eramos pequeños- sonríe y me mira con picardía- de ti dice que apenas se acuerda, solo de la anécdota del tobogán- KO total.
No me ha dado tiempo a defenderme ha ido hacía mi punto débil y me ha destrozado. No quiero seguir oyéndola, así que en cuanto Victoria y Sonia entran en clase me levanto para saludarlas. Traen noticias interesantes, habrá un botellón está tarde. Sonrío y hago como que estoy interesada, pero las palabras de Eva siguen vibrando en mi cabeza. No quiero pensar en ello, quizás beber me ayude a no pensar.
***
No tenía que haber venido al botellón, estoy bebiendo demasiado. Hay mucho ruido a mi alrededor, mucha gente, casi toda mi clase y mucha otra gente que no conozco. Le doy otro trago a la botella de JB. Ya llevo más de la mitad. Todo el mundo parece estarse divirtiendo, pero yo no. Cuando he llegado todavía estaba enfadada por lo de esta mañana y he cogido una botella, pensando que el alcohol ahogaría mis penas, y al principio no ha ido mal, hasta que ha llegado Eva. Ha llegado colgada del brazo de Raúl, y hablando con Javi, mi ex. Sé que lo ha traído aquí aposta, para restregarme lo sola que estoy ahora mismo. Es una bruja. Ahora mismo no soy capaz de pensar con claridad, el mundo parece tambalearse, inseguro, como mis pisadas. Consigo llegar hasta una esquina y me siento allí sola. Sonia y Victoria, están por ahí riéndose y disfrutando. Son estúpidas, no saben nada, no entienden nada, tan comunes, tan vulgares...Alguien se sienta a mi lado. También lleva una botella en la mano. Levanto la mirada pesadamente para verle. Debo estar más borracha de lo que pensaba. Raúl está sentado a mi lado, alza la botella y le da un buen trago, me mira fijamente. Tampoco parece muy feliz. Se acerca a mi cada vez más, hasta que tengo su cara a pocos centímetro de la mía. Le miro a los ojos. Le brillan mucho. El beso sale solo.
Cuando nos separamos noto que me arden las mejillas, pero el permanece serio. Cuando habla por fin lo hace despacio, poco a poco:
sabía que sería así-
¿Cómo?- la nube de alcohol en mi cabeza se despeja un poco
No he sentido nada, absolutamente nada- le da un trago a su botella- cuando te vi en el tren coqueteando con ese tío, me enfadé mucho y luego pensé que quizás todavía sentía algo por ti- se ríe- pero es absurdo- su mirada ha vuelto a ser dura- eres una niñata malcriada, no me gustaría nada colarme por ti-
Una a una sus palabras me atraviesan el pecho. Me duele tanto que tengo ganas de llorar. “Nunca llores si no vas a conseguir algo a cambio” las palabras de mi madre me hacen tragarme las lagrimas. No le digo nada, me levanto y me voy. Desde ahora él para mi no existe. Todo lo que paso de pequeños no importa. Jamás volveré a pensar en él. Me despido de la gente con una sonrisa. Pongo una excusa cualquiera. Sonia me ruega que me quede pero yo le digo que tengo que irme. Me alejo con la cabeza bien alta y pisando fuerte. Por el rabillo del ojo veo que Eva se sienta al lado de Raúl, justo donde estaba yo. Parece que se están besando. Espero que les vaya bien. Cuando tuerzo la esquina y compruebo que nadie me ve, echo a correr. Corro tan rápido como me lo permiten mis piernas y el alcohol. Llego a mi casa asfixiada, sudorosa y jadeante. Mi madre me espera en el salón. Me mira de arriba a abajo cuando entro y levanta una ceja con desaprobación:
Continuará