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En aguas negras


Ruge el estruendo del mundo
… motor, acero y gasóleo…
La noche es oscura e inhóspita como las alas de un cuervo
 Tras los metálicos marcos de nuestras guaridas, aferrados al liviano trozo de tela que es nuestra sabana encaramos los demonios que acechan en las sombras. Buscamos, velantes o durmientes, una salida.
Huimos del dolor, pero no de un dolor cualquiera, si no del de la peor clase: aquel que nos infligimos a nosotros mismos
Nuestras dudas
Nuestros errores
Aquellas decisiones que tomamos… y las que no debimos tomar…
Todo vuelve, para perseguirnos, en el momento más frágil, más delicado, cuando nuestra mente para el arrollador martilleo de nuestro pensamiento… llega la calma…
… y caen las sombras…
En un parpadeo se han colado bajo nuestras sabanas, bajo nuestra piel y nuestras defensas. Inmisericordes nos torturan, nos recuerdan y nos susurran vilmente “y si…”
Los más  afortunados caen rendidos en las telarañas del sueño… las que no, navegamos en oscuras aguas de pesadillas…

Relojes de arena


Apenas una conjetura  de la pasión y nuestras manos se separan,
Presas, cautivas, prisioneras de lo que no se nombra,
De lo que no se menta.
No hay tiempo para ti ni para mí.
 Todos los relojes de arena se han roto
 Y en aquel lugar que algún día fue nuestra posibilidad, nuestro futuro,
No quedan más que cristales rotos y arena de cuarzo fina,
Que se adhiere a mi piel pero no a mi alma.
No hay lugar para un nosotros.
No hay tiempo para nuestro futuro que quizás llegará
… El mundo….
…. nuestro mundo…
… el tuyo….
… el mio….
 Y aquel que construimos en vanas esperanzas, se desmorona con apatía,
Sueño a sueño, promesa a promesa, ilusión a ilusión
 Hasta que, mi amor, no quede nada de lo que fuimos o pudimos ser
No llores, no llores amor mío
No manches tu rostro con ni una sola lágrima que pueda enturbiar aquello que es tan puro
Siempre te recordaré como ahora
En nuestra playa del tiempo perdido,
Escucharé de las olas el rumor del amor nuevo que encontraste,
De los albatros sabré cuánto de feliz fuiste
Y del viento del Oeste como me olvidaste
Así que no llores mi amor, por que esta arena y yo seremos eternos
Eternamente disipados
Porque soy arena que ha caído de tu reloj….
 Porque ya no hay tiempo para nosotros

Rios carmesí

La sangre se derrama por el marmoleo suelo blanco, dibujando la geografía de una desesperación llevada a realidad. La pálida luz, anidada más allá de las ventanas, contempla la escena con indiferencia. Retazos de blanco, que un día fueron seda. Trasquilones de azabache que un día fueron orgullo, vanidad y ambición. Ópalo blanco en la piel ahora marcado por hilos carmesí.  No queda nada de lo que fue, apenas un atisbo de lo que podría hacer sido y una pregunta en el aire que flota más allá de lo que la vista podría alcanzar…
¿Por qué?

Alma de Blues

Hoy tengo alma de Blues... siento la melancolía dentro, como un latido doloroso en mi pecho, paladeo su cadencia  como quien disfruta de un buen vino sabiendo que lleva cianuro... es un sabor dulce con un regusto rasposo y algo de dolor, que colorea mis labios y atrapa el aliento de mi garganta congelándolo. Quiero que de mí salgan los sentimientos como finas volutas de un cigarro en un local abarrotado, fino gris sobre un fondo oscuro y mezclado de olores de fiesta, whisky y colonia, para que se pierda, como el humo en una niebla espesa que enturbia los ojos y libera la sonrisa.
Quiero que mi voz sea cadenciosa y triste cuando le cante a la muerte que me perdone un día más ...
Hoy quiero que mi alma condenada se mueva al ritmo de un blues muy triste.

Tan sola

El mundo esta lleno de gente pero yo ahora me siento sola. Camino por calles llenas de gente que corre, rie y se abraza, pero ellos...ellos estan tan lejos para mi como las estrellas por que mi soledad no es una soledad normal, que nose resuelve con helado y peliculas romanticas por que mi soledad es algo tan profundo que solo tu has podido crear algo asi y solo tu podras curarme de ella...

Vuelve a mi

La negra noche acalla pero no apaga mi dolor,
Tiemblan mis manos, ansiosas, que tu tacto anhelan
Lloran los viejos árboles lágrimas amargas de roció
Lloran ellos tu ausencia como la lloro yo

Largas tardes rojas han pasado desde que tu amor me juraste
Ahora sé que yo para ti no fui más que el roce de un amor fugaz
Tú para mi fuiste la estrella que ilumino mi senda
y alimentó mi alma
Al marcharte dejaste en oscuridad perpetua mi luz,
en desvanecido frío mi abrigo
en eterna soledad mi corazón

Vuelve, vuelve a mí

Carta de un futuro probable

Hola, mi nombre es Brooke y estoy viviendo el fin del mundo.
Parad todas las ideas que tenéis ahora mismo sobre el fin del mundo. No ha habido grandes catástrofes naturales, ni una gran guerra, ni armas nucleares. No, a los que estéis leyendo esta carta os diré que lo que acabó con el mundo fue la estupidez humana, pero sobre todo su vanidad.
Debo contaros como es mi mundo de ahora. No imaginéis calles vacías con grandes plantas rodadoras yendo de un lado a otro. Ni la naturaleza tomando las ciudades. Tampoco hay animales salvajes ni seres venidos de otro planeta.
Todo sigue estando casi como en vuestra época, las calles siguen estando llenas de gente que pasea de un lado a otro con sus prisas y pensando solo en sus cosas. Quizás eso fue lo que nos trajo hasta aquí, que nadie se dio cuenta de lo que les ocurría a los otros hasta que fue demasiado tarde.
Voy a dejarme de misterios y catastrofismos y os diré de una vez que es lo que pasa en mi mundo que lo hace tan terrible…
¿Recordáis a aquellas modelos delgadas de vuestro tiempo?
¿Recordáis cómo se las vanagloriaba y se las trataba como a diosas de la delgadez?
¿Recordáis como todas queríais ser como ellas y os sometíais a dietas horribles solo para adelgazar un kilo?
Pues bien todo eso se ha llevado al extremo en mi mundo. Hubo un momento, un momento extraño, en el que una mujer, que creía con todas sus fuerzas en esos dogmas, subió al poder del país más poderoso del mundo.
Su extrema delgadez aparecía a cada momento en la televisión, en las revistas, en internet. Su rostro chupado, de pómulos huesudos y labios abultados empezó a ser el referente para todo el mundo. No me refiero solo a un puñado de adolescentes hormonadas que haría cualquier cosa para parecerse a ella. No, fue todo el mundo: altos directivos, amas de casas, ministras…desde el escalafón más alto al más bajo, las mujeres fueron cayendo bajo esa absurda maldición.
Hubo resistencia no lo dudéis, hubo unas cuantas que decidieron resistirse y seguir siendo como eran…pero su resistencia duro poco. Las grandes empresas textiles, frotándose las manos al ver que la nueva tendencia les ahorraría mucha dinero en materiales, empezaron a hacer sus tallas cada vez más pequeñas, tanto que un día, aquellas que habían decidido resistirse no tuvieron donde ir a comprarse la ropa. Cuando entraban en una tienda, las esqueléticas dependientas las miraban con desprecio y las decían que allí no había ropa para gente como ellas.
Las hicieron sentir gordas. Las hicieron sentir miserables. Las hicieron verse horribles. Las hicieron sentir tan mal que al final cayeron como todas las demás.
Y os preguntareis que estaban haciendo los hombres en aquel momento ¿no?
Al principio ellos también adoraron a aquella huesuda mujer que las había embrujado a todas , pero poco a poco, al ver que los cuerpos de sus amantes, de sus mujeres, des sus hijas, dejaban atrás sus sugerentes y sanas curvas para dar paso a un saco de huesos apenas recubierto de piel, comenzaron a alarmarse. Fueron ellos los primeros en darse cuenta de que aquello que tan sugerente parecía en las páginas de las revistas, cubierto de maquillaje y photoshop, no era nada atractivo en la vida real.
Ellos se rebelaron, se rebelaron con todas sus fuerzas. Intentaron decirlas que eran hermosas, las más hermosas, sin importar el peso o el aspecto que tuvieran. Pero ellas no les escucharon.
Nadie escuchó. Nadie quiso ver. Nada se hizo, y pronto empezaron los sucesos más escalofriantes empezaron a ocurrir.
Lo primero que empezó a ocurrir es que las tiendas de comida comenzaron a cerrar. La gente no comía más que apio y algunas zanahorias. Hubo algunos que incluso empezaron a alimentarse solo de suero.
Luego llego la época de las discusiones. Yo era muy pequeña por aquel entonces, pero mi madre siempre me decía que podías escuchar a la gente gritarse durante toda la noche. El hambre auto impuesta, volvía a las personas irascibles. Las peleas empezaban por cualquier nimiedad.
Luego llegó la Época del Silencio y la caída de los hombres.
El silencio llegó cuando los hombres cayeron o viceversa, el caso es que un día uno de aquellos hombres que tanto luchaban por hacer sentir a sus mujeres hermosas se volvió como ellas. Dejó de comer, dejo de sonreír y se volvió huraño.
Cayeron muchos en aquella época, pero algunos, los que aún no tenían las neuronas demasiado adormiladas por el hambre, decidieron huir de las ciudades. Huyeron más allá de las junglas de cristal y metal para refugiarse en el campo donde la comida crecía de la tierra y la locura por la delgadez no llegaría.
El último de los grandes problemas fue el más terrible de todos. Los niños. No hubo más de ellos. Ni uno más.
Quizás no lo sepáis pero la extrema delgadez que mantenían las mujeres las hacía infértiles, y aquellas que por alguna extraña casualidad quedaban embarazadas abortaban en seguida, ya que no querían ver su escuálido cuerpo hinchado por la felicidad del embarazo. Y ya no hubo más niños.
Aquellos que nacieron antes de la locura seguían siendo mantenidos por sus padres, pero con la misma austera e incompleta dieta que sus padres practicaban.
A veces los veía pasar escondida tras mi ventana. Andaban medio sonámbulos por las calles, con los ojos hundidos en el rostro, sin sonrisas, sin ganas de jugar. El hambre era demasiado grande…
Creo que con todo lo que os he contado os hacéis una idea de cómo es mi mundo ahora. Yo nací antes de toda la locura, pero por suerte para mí mis padres siempre fueron rebeldes. Mi madre nunca dejó que nadie la hiciera sentirse mal por tener “curvas” como le encanta decir a mi padre, que la abraza por la cintura y le dice que le encanta que sea “mujer”.
Yo tengo la suerte de decir que nunca he pasado hambre y que aunque nunca he jugado con otros niños, siempre he sido feliz.
Hoy voy a dejar la ciudad para siempre con mis padres. Iremos a vivir al campo, a una casa rodeada de huertas de las que podemos alimentarnos.
Sé que es probable que este programa ya no funcione y no envíe mensajes al pasado, pero si alguien lo lee, me gustaría que se parara a pensar un momento y se lo dijera a todo el que pueda.
No dejéis que vuestro mundo se convierta en el mío.
Sentiros hermosas aunque todo el mundo os diga lo contrario.
La talla de la ropa no marca vuestra valía recordadlo.
Espero que en el futuro sigáis sonriendo.
Me despido deseándoos mucha suerte.
Brooke

Espero que os guste esta entrada, después de haber estado tanto tiempo sin escribir, estoy un poquito oxidada XD

Siento estar actualizando tan poco ultimamente, pero he estado un poco en dique seco y centrándome más en la pintura ultimamente, pero bueno intentare esforzarme un poquito y actualizar aunque sea una vez al mes.

Un saludo


PD: aqui esta la dirección de mi pagina en deviant art por si alguien está también por esos lares y quiere echarme un ojo ;)

http://cameliasecret.deviantart.com/


El juego (Parte 1)

Después de tanto tiempo sin escribir empiezo una historía en partes con algo de misterio, intriga y erotismo. Espero que os guste^^


La carta llegó un día igual a cualquier otro.

Como todos los demás días fue el repiqueteo de la lluvia en mi ventana lo que me despertó. Como todos los días saludé al cielo gris acero que se derramaba sobre los edificios y que empañaba con su frío mi cristal.

Como siempre, salí de la habitación con el pelo revuelto, la cara sin lavar y el pijama medio desabrochado. Como cada día mi compañera de piso no levantó siquiera la vista de su taza de café para mirarme. Me preparé el mismo desayuno de siempre, nesquick con leche fría y galletas de mantequilla. Al principio, cuando todavía nos reíamos juntas, mi compañera solía burlarse alegremente de mí por mi infantil forma de empezar el día.

La única mirada que me dirigió fue cuando salía de casa. Fue una mirada llena de reproche y algo de compasión, pero no dijo nada, ya se había cansado de insistirme en que debía seguir con mi vida, volver a clase, coger las llamadas de mis amigos. Se había cansado de intentar traerme de vuelta.

Horas después, tras haber disfrutado de mi tiempo de soledad y lluvia frente a mi ventana, decidí que era el momento de salir a hacer la compra al menos. Escogí al azar un chubasquero gris de mi armario y cogí un paraguas en la entrada tan negro como mis noticias. Aseguré las llaves en mi mano y el bolso en mi hombro y salí.

Estaba esperándome sobre el felpudo.

Al principio no la vi, pero su impoluta blancura sobre el marrón negruzco del felpudo atrajo pronto mi mirada.
Era un sobre de tamaño normal, de papel grueso y textura rugosa. Algo elegante y sofisticado. No había ni remitente ni dirección, en su lugar sólo había un número escrito con elegancia en el anverso.

13.

La carta pesaba en mis manos y yo no sabía muy bien qué hacer con ella. Al final decidí que debía abrirla y si no era para mí en seguida la entregaría al conserje para que la entregara a su dueño.
En su interior, con letra picuda y elegante había escritas unas breves frases:

Si usted ha recibido esta carta es porque su vida necesita de este juego.
El juego comenzara en cuanto usted haya abierto el primer sobre y terminará cuando encuentre el ultimo.
Señorita X, estaremos esperando su decisión

No me lo podía creer. Era tan extraño que parecía sacado de una película. Miré y remiré el sobre buscando algún indicio de su remitente. Nada. Cuando agité el sobre entre mis manos dos sobres más pequeños cayeron sobre mi regazo.

Con la misma letra elegante se había escrito una palabra en cada uno de los sobres: SI y NO.
Los sobres se quedaron en mi regazo durante interminables minutos. La gotera del dejaba caer las gotas al ya desgastado suelo del pasillo con insistente armonía mientras yo no podía apartar la vista de los dos sobres. En mi pecho el corazón me latía acelerado, como el de un polluelo que en el nido, abre las alas por primera vez para echar el vuelo.

Al final, con la mano temblorosa, los nervios a flor de piel cogí uno de los sobres y lo abrí con dedos torpes y asustados. Al momento, el otro sobre que aún descansaba en mi regazo empezó a reducirse a cenizas hasta que no quedó nada de él. Ya no había vuelta atrás.

Observé la palabra que quedaba en mi sobre, la decisión que no podía deshacer y el SI me devolvió la mirada desafiante y orgulloso, instándome a desvelar sus misterios.

Abrí el sobre allí mismo sobre el frío suelo de baldosas. No contenía mucho, solo una vieja tarjeta de visita amarilleada por los bordes y a su lado, cogido con una elegante pinza con las iniciales IP, un mapa recién impreso de la localización.

Sin pensarlo dos veces y segura de querer emprender la aventura que me proponía el sobre me lancé a la calle en busca de el destino de mi mapa.

Me costó más de una hora encontrarlo. Era un pequeño restaurante semi oculto tras dos grandes edificios en la parte antigua de la ciudad. En su fachada había un gran cartel amarillento con letras marrones redondeadas que anunciaba comida casera y trato amable.

El interior era acogedor y tenue. La sala rectangular que conformaba el restaurante, contaba con poco más de una docena de mesas, la mayoría vacías, y estaba iluminada por auténticos candelabros que goteaban cera sobre las paredes de piedra.

En seguida una joven de ojos color miel salió a mi encuentro y me preguntó con un ronroneante acento marroquí si deseaba sentarme. Sin saber muy bien que decirle le enseñé el contenido del sobre que se encontraba a buen recaudo en el bolsillo de mi impermeable. Su rostro se iluminó y con una sonrisa me acompañó a una de las mesas escondidas en la parte más intima del restaurante.

Allí me esperaba un hombre, o eso supuse, ya que la sombra de la pared no me dejaba más que intuir el brillo de su cigarrillo encendido, bajo el ala ancha de su sombrero.
Estuvimos unos segundos en silencio hasta que el desconocido comenzó a hablar con voz cadenciosa y pausada mientras daba largas caladas a su cigarrillo:

- Por lo que veo ha decidido usted entrar en el juego señorita X –
- Sólo elegí un sobre –
- Eso es suficiente para entrar –
- No sé en qué estoy metida, ni quién es usted –
- Aún así ha decidido venir –
- Sólo por curiosidad, ha sido pura casualidad –
- La casualidad no existe y usted mejor que nadie lo sabe –

El cuchillo de hiel se clavó en mi garganta al oír de sus labios esas palabras y al ver en sus ojos, tenuemente iluminados por el cigarrillo, girones de compasión

- Ha sido un error venir aquí- digo mientras me levanto para marcharme.
- No, no lo ha sido, y usted lo sabe tan bien como yo – noto como me mira desde la sombras y veo su mano salir de la oscuridad – vuelva a sentarse por favor – hago lo que me dice – le prometo que si sigue jugando, cuando termine, todo ese dolor que lleva dentro habrá desaparecido y podrá a vivir su vida como era antes –
- ¿Cómo? – es una sola palabra ahogada que se escapa de mis labios.


Continuará...

EL frío perdón

Este quiero dedicarselo a mi nuevo "critico"!Muchas gracias^^

El amanecer avanzaba lento y frío por el horizonte mientras ella esperaba. La cama se había quedado revuelta, de la noche pasada en vela. En la mesilla, brillaba con luz propia el frasco de cristal que había comprado al boticario. El elixir para su libertad.

Empezaba ya a sentir el frío en las manos y en el rostro. Sentía como su alma se iba despegando de su cuerpo lentamente y como al final, el suspiro de la muerte en su nuca cortó todas las ataduras. Ella se sintió ligera y suave como el aire y volviendo la vista atrás contemplo como su cuerpo terrenal quedaba tumbado en el suelo, con los labios amoratados por el veneno.

Ante ella se abrió un camino de luz pálida y fría. Estaba atemorizada, aún así sus nuevos pies fantasmales la guiaban hacia aquel camino brillante, que era cálido y frío a la vez bajo sus pies.
La joven anduvo por el pasaje de luz tanto rato, que pensaba que no se acabaría nunca y su condena por su cobarde apto sería rondar por aquel camino toda su otra vida. Sin embargo, pronto aparecieron ante ella una puerta enorme.

Era tan grande la puerta, que aún mirando hacia arriba no podías ver su fin. De la puerta colgaba una aldaba enorme en forma de cabeza de Gorgona. La joven llamó a la puerta asustada.
La Gorgona cobró vida de pronto y la joven se encontró rodeada de serpientes, que siseaban cerca de su oído. Los ojos de la Gorgona clavados en ella:

- Tu nombre niña – rugió la Gorgona
- Aileen –
- ¿Cuál fue tu muerte?-
- Me envenené –

Las serpientes de la Gorgona sisearon con más fuerza y su dueña torció el rostro. La aldaba no dijo nada más y volvió silenciosa a la puerta. Nada sucedió durante un momento, pero los goznes de la puerta chirriaron y esta empezó a abrirse lenta y pesadamente, abriendo paso a Aileen.

Con el miedo haciéndole temblar las rodillas Aileen cruzó la puerta. Hubo un fogonazo de luz que la dejó ciega unos instantes y luego la sala apareció entre sus ojos.

Era grande, inmensa, azul como el cielo de verano. Largas columnas se alzaban hacia el techo, rectas y orgullosas, sujetando una bóveda de cristal brillante. La sala estaba llena de gente, no, de figuras tan fantasmales y etéreas como ella, que clavaban sus ojos sin brillo en la recién llegada.
Al fondo de la sala, sentada en el trono más majestuoso que Aileen había visto jamás, estaba sentada una mujer. Tenía la mirada fría y temible, los labios finos apretados en una línea, el cabello blanco y ralo cayendo por los hombros hasta la cintura. Sus ropajes eran sencillos, como los de los demás espíritus, pero sus ojos estaban llenos de vida y brillaban como ascuas.

La sala, a pesar de estar llena de gente, guardaba silencio absoluto y todas las miradas estaban clavadas en la mujer del trono, que no apartaba sus ojos de Aileen. Cuando por fin se decidió a hablar su voz, firme y cadenciosa, reverberó por toda la sala, llenándola de vida.

- Aileen, caminante del camino de la luz, la Gorgona nos ha avisado de tu llegada –

Los espectros empezaron a zumbar cuando la mujer pronunció su nombre. Un escalofrío le recorrió la espalda a la joven al escuchar aquel sonido tan fantasmal. Sentía todas aquellas miradas vacías clavadas ahora en ella, viendo todo lo que antes había ocultado su piel y la juzgaban. Eso era aquello, un juicio, su juicio, y aquella mujer de mirada penetrante no era otra cosa que su juez.

La mujer bajó del trono y se situó frente a Aileen, que temblaba de pies a cabeza. Su voz se dejó oír de nuevo, acallando el siniestro zumbido:

- Sabemos de la forma en que moriste – estaba tan cerca que Aileen podía sentir el frío que emanaba de ella y que la envolvía empeorando su temblor – has cometido un agravio al señor de los Fríos –

Esta vez cuando su voz cesó no llegó el zumbido. Los espíritus permanecieron silenciosos, mirando ahora a la mujer. Aileen no se atrevía a levantar la mirada, pero cuando la mujer prosiguió, la fuerza de su voz la obligó a hacerlo:

- Pero el señor de los Fríos ha visto tu vida y ha decidido perdonarte – al cogerla de los hombros su tacto se volvió cálido y la joven dejó de temblar
- Tu vida como mortal fue desgraciada y tu muerte trágica, por eso mi señor ha decidido otorgarte un gran deber– los espectros a su alrededor iban desapareciendo poco a poco y pronto solo quedaron ellas en la sala
- ¿Cuál es ese deber?- preguntó aún asustada
- Tú serás la encargada de que aquellos que han sido desgraciados, no lo sean también en su muerte -
- ¿Pero cómo? –
- Tú pequeña, que llevas la luz en tu nombre, iluminarás su camino y les guiarás a un lugar donde puedan ser felices, aún en la muerte –


Hola lectores mios! a que noa divinias que? sii también es una historia para mis cuentos del hielo...ya sé que os estoy bombardeando mucho con este tema pero de verdad vuestra opinión es muy importante, y en este especialmente por que no estoy segura de que vaya bien con los anteriores. Un saludo!!

"Memoria de pez"

A pesar de que ya me había despedido hasta septiembre, no he podido resistirme a colgar este relato. Espero que os guste y os emocione tanto como a mí, y una vez más, que paseis buen verano^^

La primera vez que oí la expresión “memoria de pez” fue cuando aún estaba en el colegio. La televisión nos bombardeaba con su cantidad habitual de anuncios, pero hubo uno que llamó mi atención. El anuncio en cuestión decía que los peces tenían una memoria muy corta, apenas un minuto. Mi madre se rió a causa del anuncio en aquel momento y dijo en tono muy serio a mi padre que a ella le gustaría tener memoria de pez y después volvió a reírse. En ese momento me pareció una tontería que alguien quisiera olvidar todo lo aprendido y quisiera volver a aprenderlo todo una y otra vez.
La expresión se volvió muy común, supongo que gracias al anuncio, y ahora todo el mundo iba por ahí burlándose de este o aquel por tener memoria de pez. Yo, como todos los demás, también utilizaba la frasecita del anuncio, pero la frase de mi madre seguía sin tener ningún sentido para mí. Hasta que la conocí y todo cambio.
Gracias a ella quise vivir mi vida intensamente, que cada experiencia fuera una explosión de sabor, color y sentimiento. El olor de la hierba recién cortada era nuevo cada día, fresco, dulce y atrayente. La sensación de la lluvia goteando por mi frente, su sabor, su textura y luego al dejar que el agua caliente de la ducha se llevará poco a poco la esencia salvaje de la tormenta, para dar lugar a una más franca y hogareña.
Pero sobre todo gracias a ella, pude ver lo grande que es el amor. El amor de una madre, de un padre, de una familia, y también el amor de un compañero, incluso, doy gracias al cielo por eso el amor de los amantes. Fue por ella que cada beso se volvió único, dulce, picante, intenso e irremplazable y a la vez efímero. Fue por ella que cada una de las caricias dejó un tatuaje imborrable en mi piel, como si cada vez fuera la primera vez.
Hasta que la conocí no entendí lo que quiso decir mi madre. Yo también quiero tener memoria de pez, quiero vivir los mejores momentos una y otra vez, como si fuera la primera y a la vez la última vez.
Ahora os pido que desterréis de vuestra mente toda idea de ella que hayáis concebido a lo largo de mi relato. Ella no tiene forma, ni color, ni peso, ni esencia. Ella como tal no existe. No, no me toméis por loco, tampoco es una invención mía. Es una persona, que tarde o temprano, todo el mundo conoce. Yo la he mirado a los ojos demasiado pronto, demasiado joven, pero gracias a ella, a su presencia, inexorable y acechante, a mi espalda, he sido capaz de sentir todo lo que os he contado. Es cierto que los oscuros ojos de la Muerte, me han mirado demasiado pronto, pero quizás eso me ha dado la oportunidad de darme cuenta de lo hermosa y frágil que es la vida, y cuanto merece la pena vivirla. Por eso me gustaría deciros a voz en grito y con una sonrisa que tengáis “memoria de pez” y que viváis cada día como el primero, y que jamás, jamás, olvidéis que la vida es el don más preciado y hay que disfrutarlo antes de que sea demasiado tarde.

La leyenda del palacio del hielo

Con esta historía me he salido un poco de mis registros habituales, pero espero que os guste^^

Había una vez en un lugar lejano y frío, un reino de hielo y praderas esteparias. En ese reino había un palacio. Era un palacio de torres altas, gigantes transparentes alzándose hasta el cielo al borde de un acantilado. Un lugar entre el mar y el cielo, etéreo, transparente y frío. Los habitantes de este castillo no tenían secretos, eran gente afable que deambulaba de un lado a otro del castillo, deslizándose sobre sus patines, levantando suaves olas de escarcha y crujidos dulces en los suelos de los pasillos.
Como en todos los reinos, había un rey, en este caso una reina. La reina era una joven dulce y aparentemente feliz, que como todos los habitantes de este reino jugaba entre las estatuas de hielo y las traslucidas paredes del castillo. Era una reina feliz para un reino feliz.
Sin embargo, ni siquiera en un mundo tan feliz, todos podían serlo. Nuestra princesa, que tan alegremente correteaba durante el día por los pasillos, por la noche se escapaba de su habitación a hurtadillas y se escabullía hasta el tejado de la más alta de las torres. Desde allí contemplaba la luna, la blanca y hermosa luna, única amante de sus noches de soledad. Era a la luna a quien contaba sus pesares, sus pérdidas y sus añoranzas. Y la luna, paciente y maternal, escuchaba todos los días a la pequeña princesa contarle sus desvelos, y una noche, apenada decidió mandarle a la princesa un compañero. Era un hombre hecho de polvo de estrellas que sólo duraría una noche, pero que, siendo como era hijo de la luna, amaba a aquella princesa tanto como el astro que le había dado la vida. Y durante una sola noche, el hombre hecho de polvo de estrellas y la princesa, fueron amigos, esposos y amantes, deshaciéndose al amanecer el hombre en polvo brillante entre los sedosos cabellos de la princesa.
Aquella noche fue robada, un secreto para todos los habitantes del castillo. Sin embargo pronto ese secreto tan preciadamente guardado fue expuesto. El vientre de la princesa se hinchó mes tras mes a la vista de los habitantes del palacio, hasta que en la novena luna nació una niña. Era una niña preciosa, de cabellos albos como su madre y una piel tan pálida y brillante que parecía estar hecha del más fino de los metales. El corazón de la princesa estaba por una vez rebosante de alegría, la niña era el recuerdo vivo de su gran felicidad y de aquel hombre que tanto había amado por una sola noche.
Tristemente, no todos en el palacio estaban tan gloriosos con el nacimiento de la nueva princesa, y pronto los rumores empezaron a expandirse. Las palabras envenenadas se transmitieron como una llama en la pólvora, hasta que por fin se produjo el estallido. Todos clamaban saber la identidad del padre, no podía haber secretos en un palacio hecho de paredes tranparentes. Nadie creyó a la princesa cuando habló de la luna y del hombre de polvo de estrellas y pronto los fríos ojos de los habitantes invernales, acusaban a la princesa, y las manos, de pronto celosas y anhelantes de poder, buscaban con fiereza su bien más preciado. La princesa huyó, huyó por los pasillos gélidos y amenazantes del palacio, pero allí no había donde esconderse. Al final huyo a su lugar secreto, a la más alta de las torres. No había escapatoria. La multitud se acercaba vociferante, clamando por la niña. La princesa con una última mirada llena de lagrimas hacia la luna, saltó por la ventana.
Entonces la luna, piadosa del cruel destino de la princesa y su vástago, antes de que estas cayeran al gélido mar, las convirtió en estrellas. Miles de pequeñas y brillantes estrellas, como si fueran polvo, que se grabaron en el cielo negro sedoso adornando a la pálida luna. La luna, furiosa con los habitantes del hielo, echó abajo sus altas torres, redujo a polvo fino las paredes de su hermoso palacio y los condenó. Los condeno para siempre, para que no pudieran jamás volver a moverse grácilmente sobre el hielo. Les condenó a vivir en el mar y a ser torpes en la tierra, los convirtió en pájaros incapaces de volar, para que nunca jamás pudieran acercarse a la princesa y su hija, que desde entonces adornan cada noche el cielo como un magnifico camino brillante.

La estatua de hielo

El suelo de mi habitación está frío, lo noto contra mi mejilla. El ambiente es cálido, una noche de principios de verano. Por un momento los coches se silencian en la avenida y observo el techo negro de mi habitación. No puedo dormir, mis pensamientos revolotean como mariposas enjauladas que no me dejan descansar. Mordisqueo la cadena que llevo al cuello para calmar mi inquietud. Me gustaría que desaparecieras por un momento de mis pensamientos, poder descansar esta noche.
Tú, siempre tú. Eres como una estatua de hielo en medio del verano. Si me acerco a ti, eres fresco y dulce, un alivio dentro del abrasante infierno de la ciudad, pero no puedo quedarme a tu lado, no puedo acariciar tu piel congelada, porque me quedaría pegada a ti, sin poder alejarme mientras tu hielo quema mis dedos. Esa es la sensación que tengo, ahora y en todo momento, siempre me alejas, si me acerco me quemo y si me alejo, siempre quiero volver a ese lugar fresco y dulce a tu lado. Querer es un verbo difícil, la añoranza no es un sentimiento fácil y el dolor es amigo de los dos. Y yo te quiero, te añoro y me duelen tus heridas, las que sin pensarlo me infringiste, aquellas que me hacen ese daño dificil de olvidar, facil de curar. Ojala lo entendieras de verdad y por una vez pudieras darme lo que yo más ansío...pero sé que no será así, por que las cosas son lo que son y nunca será de otra manera, lo unico que queda esperar es la dura batalla entre el corazón y la sensatez, que yo observo inmovil sobre el suelo, mientras el mundo detrás de mi ventana vuelve a ser palpitante y ruidoso. Buenas noches