Mostrando entradas con la etiqueta para pensar.... Mostrar todas las entradas

El momento del silencio

Los sueños aún me arropaban cálidos y abrumadores cuando la brisa cálida de la noche me alborotó el pelo.

A esta hora de la noche, incluso la luna se había ocultado tras las nubes para descansar su brillo.

A esta hora todo dormía.

La ciudad, tan bulliciosa durante el día, respiraba ahora calmada con los suspiros de aquellos que se acurrucaban plácidos bajo las sabanas.

Sentía el calor de los ladrillos entre mis dedos, me hablaban de tardes de sol y calor, en las que sus inquilinos se guardaban bajo toldos color verde esperanza, abanicándose pesados y adormilados, intentando aguantar el verano.

El verano había llegado hace pocos días, y los edificios brillaban con una luz especial, con su blanco, el terracota y el marfil. El brillo alegre tras un invierno lluvioso y gris hacía ensombrecer a las anaranjadas farolas.

Respiré el aire de la noche, que olía a plácidos sueños y miré a la luna, que había vuelto de su escapada en las nubes.

El momento había pasado y ahora se escuchaban coches a lo lejos, sonidos de una ciudad dormida solo en apariencia. Mi ciudad y mi sueño, ambos volvieron conmigo a la cama, contentos de haber presenciado ese momento eterno y fugaz.

Carta de un futuro probable

Hola, mi nombre es Brooke y estoy viviendo el fin del mundo.
Parad todas las ideas que tenéis ahora mismo sobre el fin del mundo. No ha habido grandes catástrofes naturales, ni una gran guerra, ni armas nucleares. No, a los que estéis leyendo esta carta os diré que lo que acabó con el mundo fue la estupidez humana, pero sobre todo su vanidad.
Debo contaros como es mi mundo de ahora. No imaginéis calles vacías con grandes plantas rodadoras yendo de un lado a otro. Ni la naturaleza tomando las ciudades. Tampoco hay animales salvajes ni seres venidos de otro planeta.
Todo sigue estando casi como en vuestra época, las calles siguen estando llenas de gente que pasea de un lado a otro con sus prisas y pensando solo en sus cosas. Quizás eso fue lo que nos trajo hasta aquí, que nadie se dio cuenta de lo que les ocurría a los otros hasta que fue demasiado tarde.
Voy a dejarme de misterios y catastrofismos y os diré de una vez que es lo que pasa en mi mundo que lo hace tan terrible…
¿Recordáis a aquellas modelos delgadas de vuestro tiempo?
¿Recordáis cómo se las vanagloriaba y se las trataba como a diosas de la delgadez?
¿Recordáis como todas queríais ser como ellas y os sometíais a dietas horribles solo para adelgazar un kilo?
Pues bien todo eso se ha llevado al extremo en mi mundo. Hubo un momento, un momento extraño, en el que una mujer, que creía con todas sus fuerzas en esos dogmas, subió al poder del país más poderoso del mundo.
Su extrema delgadez aparecía a cada momento en la televisión, en las revistas, en internet. Su rostro chupado, de pómulos huesudos y labios abultados empezó a ser el referente para todo el mundo. No me refiero solo a un puñado de adolescentes hormonadas que haría cualquier cosa para parecerse a ella. No, fue todo el mundo: altos directivos, amas de casas, ministras…desde el escalafón más alto al más bajo, las mujeres fueron cayendo bajo esa absurda maldición.
Hubo resistencia no lo dudéis, hubo unas cuantas que decidieron resistirse y seguir siendo como eran…pero su resistencia duro poco. Las grandes empresas textiles, frotándose las manos al ver que la nueva tendencia les ahorraría mucha dinero en materiales, empezaron a hacer sus tallas cada vez más pequeñas, tanto que un día, aquellas que habían decidido resistirse no tuvieron donde ir a comprarse la ropa. Cuando entraban en una tienda, las esqueléticas dependientas las miraban con desprecio y las decían que allí no había ropa para gente como ellas.
Las hicieron sentir gordas. Las hicieron sentir miserables. Las hicieron verse horribles. Las hicieron sentir tan mal que al final cayeron como todas las demás.
Y os preguntareis que estaban haciendo los hombres en aquel momento ¿no?
Al principio ellos también adoraron a aquella huesuda mujer que las había embrujado a todas , pero poco a poco, al ver que los cuerpos de sus amantes, de sus mujeres, des sus hijas, dejaban atrás sus sugerentes y sanas curvas para dar paso a un saco de huesos apenas recubierto de piel, comenzaron a alarmarse. Fueron ellos los primeros en darse cuenta de que aquello que tan sugerente parecía en las páginas de las revistas, cubierto de maquillaje y photoshop, no era nada atractivo en la vida real.
Ellos se rebelaron, se rebelaron con todas sus fuerzas. Intentaron decirlas que eran hermosas, las más hermosas, sin importar el peso o el aspecto que tuvieran. Pero ellas no les escucharon.
Nadie escuchó. Nadie quiso ver. Nada se hizo, y pronto empezaron los sucesos más escalofriantes empezaron a ocurrir.
Lo primero que empezó a ocurrir es que las tiendas de comida comenzaron a cerrar. La gente no comía más que apio y algunas zanahorias. Hubo algunos que incluso empezaron a alimentarse solo de suero.
Luego llego la época de las discusiones. Yo era muy pequeña por aquel entonces, pero mi madre siempre me decía que podías escuchar a la gente gritarse durante toda la noche. El hambre auto impuesta, volvía a las personas irascibles. Las peleas empezaban por cualquier nimiedad.
Luego llegó la Época del Silencio y la caída de los hombres.
El silencio llegó cuando los hombres cayeron o viceversa, el caso es que un día uno de aquellos hombres que tanto luchaban por hacer sentir a sus mujeres hermosas se volvió como ellas. Dejó de comer, dejo de sonreír y se volvió huraño.
Cayeron muchos en aquella época, pero algunos, los que aún no tenían las neuronas demasiado adormiladas por el hambre, decidieron huir de las ciudades. Huyeron más allá de las junglas de cristal y metal para refugiarse en el campo donde la comida crecía de la tierra y la locura por la delgadez no llegaría.
El último de los grandes problemas fue el más terrible de todos. Los niños. No hubo más de ellos. Ni uno más.
Quizás no lo sepáis pero la extrema delgadez que mantenían las mujeres las hacía infértiles, y aquellas que por alguna extraña casualidad quedaban embarazadas abortaban en seguida, ya que no querían ver su escuálido cuerpo hinchado por la felicidad del embarazo. Y ya no hubo más niños.
Aquellos que nacieron antes de la locura seguían siendo mantenidos por sus padres, pero con la misma austera e incompleta dieta que sus padres practicaban.
A veces los veía pasar escondida tras mi ventana. Andaban medio sonámbulos por las calles, con los ojos hundidos en el rostro, sin sonrisas, sin ganas de jugar. El hambre era demasiado grande…
Creo que con todo lo que os he contado os hacéis una idea de cómo es mi mundo ahora. Yo nací antes de toda la locura, pero por suerte para mí mis padres siempre fueron rebeldes. Mi madre nunca dejó que nadie la hiciera sentirse mal por tener “curvas” como le encanta decir a mi padre, que la abraza por la cintura y le dice que le encanta que sea “mujer”.
Yo tengo la suerte de decir que nunca he pasado hambre y que aunque nunca he jugado con otros niños, siempre he sido feliz.
Hoy voy a dejar la ciudad para siempre con mis padres. Iremos a vivir al campo, a una casa rodeada de huertas de las que podemos alimentarnos.
Sé que es probable que este programa ya no funcione y no envíe mensajes al pasado, pero si alguien lo lee, me gustaría que se parara a pensar un momento y se lo dijera a todo el que pueda.
No dejéis que vuestro mundo se convierta en el mío.
Sentiros hermosas aunque todo el mundo os diga lo contrario.
La talla de la ropa no marca vuestra valía recordadlo.
Espero que en el futuro sigáis sonriendo.
Me despido deseándoos mucha suerte.
Brooke

Espero que os guste esta entrada, después de haber estado tanto tiempo sin escribir, estoy un poquito oxidada XD

Siento estar actualizando tan poco ultimamente, pero he estado un poco en dique seco y centrándome más en la pintura ultimamente, pero bueno intentare esforzarme un poquito y actualizar aunque sea una vez al mes.

Un saludo


PD: aqui esta la dirección de mi pagina en deviant art por si alguien está también por esos lares y quiere echarme un ojo ;)

http://cameliasecret.deviantart.com/


En mi armario

La entrada numero 60 y quiero dedicarla a un relato que llevaba mucho tiempo con ganas de escribir. No es demasiado largo os recomiendo leerlo, sobretodo a mis lectoras, porque igual os hace pensar un poquito.
Y con esto también inaguro la nueva imagen de mi blog!!


La luz fría de febrero se cuela rencorosa por las rendijas y me salpica en la cara. Parpadeo aún adormilada y me revuelvo un momento bajo las cálidas mantas negándome aún a salir a una mañana tan fría que me ha levantado de esa manera. Pero al final la luz rebelde gana y me levanto de la cama.

Mis articulaciones suenan quejumbrosas, oxidadas como los goznes de una vieja puerta, pero es que yo soy vieja.

En el espejo me saluda la misma cara que lleva saludándome desde hace más de ochenta años. Mismos ojos grises, ahora más apagados; misma piel pecosa que ahora parece más un trapo viejo sucio. Tampoco dedico mucho tiempo a mirarme al espejo, nada ha cambiado de ayer para hoy ni cambiará para mañana.

Después me dirijo aún desperezándome del sueño al armario, y lo abro.

Una pequeña nube de polvo sale del armario al abrirlo. Las minúsculas motas revolotean en el aire, jugando con la misma luz que me despertó momentos atrás. Son como decenas de pequeñas luciérnagas suspendidas en la nada.

El polvo huele a viejo siempre, también a sucio, pero sobre todo a recuerdos, y eso es de lo que más hay en mi armario.

Primero busco zapatos, porque el suelo esta frío y mis pies empiezan a enfriarse.
Los primeros que veo son los zapatos que llevaba cuando tenía veinte años. Son de colores llamativos, un arco iris de color en el mundo de los zapatos. Altos, brillantes y estilizados como el primer día, zapatos para ver el mundo y que el mundo te mire cuando pasas. Los desecho con una sonrisa, de esas que dicen que ya has vivido bastante y has visto lo suficiente como para no necesitar que nadie te mire, y cojo de la balda más cercana unas botas negras, ajadas y viejas, pero blandas y cómodas, que envuelven mis pies con su tacto familiar.

Luego, con los pies ya calientes, busco el resto de la ropa entre los recuerdos de mi vida. Ah, los vestido de los treinta, cuando te estabas comiendo el mundo, trajes de oficina, blancos, negros e incluso alguno rojo, agresiva y fiera, dispuesta a comerme el mundo. Los rechazo, ya no tengo ganas de pelear por cosas que no merecen la pena, cuanto me gustaría haber podido decirme eso en aquellos momentos…aunque no creo que me hubiera escuchado. Con un pequeña risita elijo esta vez un vestido azul, del color del cielo, con florecitas estampadas.

Pertrechada como estoy ya, me vuelvo al baño para peinarme. Mi pelo ya no es del rojo brillante que acostumbraba en mi juventud ni de la multitud de colores que lo fue en mi madurez, cuando aún intentaba engañar al tiempo cubriendo mis canas. Ahora era blanco, como la nieve y yo me enorgullecía de ello.

Al abrir los cajones los recuerdos me asaltan de nuevo. Maquillaje, pintalabios y máscara de pestaña, todos resecos y cuarteados por el desuso, pues ya no me importa mostrar mis arrugas, cicatrices de mil batallas en mi rostro, y esconderlas bajo una máscara, por hermosa que sea, sería como negarme a mí misma mis años vividos, y eso es, de lejos, un precio demasiado caro por un bien tan efímero como la belleza.

Me miro por última vez al espejo y veo todas las mujeres que he sido. La joven de los veinte, alocada y vivaz, con el mundo bajo sus tacones de aguja. La de los treinta, una pantera disfrazada de mujer en una jungla llena de hombros, segura y dispuesta. La de los cuarenta, madre entregada y febril trabajadora, amante y esposa, amada y cálida. La de los cincuenta más sabía ya que joven, más tranquila que fiera. La de los sesenta y los setenta, la mujer que se encuentra a sí misma después de haber encontrado todo lo demás y decide por fin descansar.

Y por último, la de los ochenta, la que me devuelve la mirada en el espejo, con sus botas viejas pero cómodas, con su vestido amplio, su pelo cano y su cara lavada. Y es esa mujer la que me sonríe y me dice con alegría que nunca es demasiado tarde para ser feliz y que la mejor forma de empezar un día feliz es con un buen chocolate con churros.

Será esa mujer la que vean por la calle todas las personas que van corriendo a trabajar, que quizás piensen que solo es otra jubilada que sale a desayunar, que lleva ropa horrenda y apenas se ha peinado. Pero solo ella sabrá que todas esas cosas que ellos ven, no merecen la pena, que lo único que importa de verdad es….SER FELIZ.

Con vosotros

A todos los que leéis mi blog:

Con vosotros, he sido guerrera, poetisa y pájaro

Con vosotros he destilado la luz de las estrellas y he mirado a la cara al Sol.

Con vosotros he recorrido mil caminos y mil mundos, llenos de vida e imaginación

Con vosotros he soñado que volaba a lomos de un caballo alado, blanco como la luna

Con vosotros, he llorado, he reído y he amado.

Con vosotros he corrido bajo la lluvia para encontrar a Raúl

Y con vosotros amé a Inés, la circense

Con vosotros he seguido un camino enlosado de baldosas amarillas y he encontrado valor, amor y miedo.

Con vosotros he sido el más cruel de los sicarios y el más solitario de los hombres…

Con vosotros, con vosotros, espero seguir como ahora, escribiendo, pluma en mano y teclas bajo los dedos.

En mi entrada numero 51, quería agradecéroslo a todos, a los que me seguís, a los que me leéis y a los que me comentáis, por que sois vosotros los que me animáis a seguir escribiendo y a quien debo estas 51 entradas. Muchas gracias y¡ hasta pronto!