Inés&Raúl: La lluvia se lo lleva todo (Final)
Por fin me atrevo a colgar la ultima parte de este diario. Me ha llevado mucho tiempo decidir cual serÃa el final para estos dos, asà que espero que os guste. Un saludo^^La lluvia me caÃa como una pesada cortina sobre los ojos, las piernas me pesaban como si fueran de plomo, pero seguÃa corriendo. Seguà corriendo casi ciega por la lluvia, buscándole.
Le encontré donde esperaba. Estaba sentado en el parque donde soliamos jugar de pequeños, la mirada baja, clavada en el suelo. No la levantó cuando llegué a su lado, pero habló:
- ¿Qué haces aquà Inés?
- He…venido…a… buscarte – casi no podÃa respirar por la carrera mucho menos hablar
- ¿Por qué? – en ese momento levantó la mirada y me encontré con un abismo gélido que pretendÃa engullirme
- Por que te quiero – la respuesta me salió sola, natural y limpia y mi pecho se relajó por el peso de la verdad
Se rió y se levantó del banco poniéndose frente a mÃ. Me sacaba casi una cabeza asà que tuve que alzar la vista para mantener su mirada:
- ¿Qué me quieres? – sus ojos estaban llenos de orgullo – No me jodas Inés, tu solo te quieres a ti misma – el reproche me dolió, pero me mantuve firme
- Ya no es asà –
- Siempre ha sido asà – alzó la mirada y siguió hablando – cuando yo me marché decidiste que no merecÃa la pena esperarme, que serÃa mejor liarse con algún imbécil-
- ¡Por dios Raúl! ¿Cuántos años tenÃamos?¿ocho?-
- Yo ya te querÃa con ocho años Inés – me volvió a mirar y la esperanza aleteó nerviosa en mi corazón – pero me has demostrado que ya no eres quien creÃa – el aleteo murió en la tempestad de ira de sus ojos – jamás te podré perdonar por lo que eres ahora-
La puñalada se clavó en mi corazón y casi sentà como los pedazos se deshacÃan en mi interior. Las lagrimas llegaban a mis ojos a toda prisa y por una vez en aquella maldita tarde agradecà la lluvia que me empapaba la ropa y me estaba dejando helada. Agradecà el frÃo que impedÃa que mi cara se enrojeciera más aún y agradecà la mirada cruel de Raúl, en la que no habÃa esperanza a la que agarrarse. Se habÃa acabado, mi viaje habÃa acabado antes de empezar.
Incapaz de pronunciar otra palabra me di la vuelta y eché a andar todo lo deprisa que mis doloridas piernas me permitÃan. QuerÃa desaparecer, esconderme bajo el barro que inundaba la calle. QuerÃa irme de allÃ.
Sin embargo mi cuerpo no podÃa más. Mis cansadas piernas se negaban a llevarme a casa y mi cabeza estaba demasiado embotada para encontrar el camino. Al final acabé me acabé sentando en la parada del autobús, a salvo bajo la marquesina de cristal coloreada de grafitis. Me encogÃ, abrazando mis rodillas con mis brazos y dejé que la suave somnolencia me atrapara. TenÃa frÃo, si, pero eso no importaba, solo querÃa dormir un poquito…
Me desperté poco a poco, ahora ya no hacÃa frÃo. Algo grande y pesado me caÃa sobre los hombros, dándome calor, aunque también estaba húmedo. Abrà los ojos lentamente, arropada por aquel calor suave. HabÃa alguien de pie junto a mà pero me costaba enfocar la vista.
Cuando mis ojos enfocaron del todo vi a Raúl de pie frente a mÃ. TenÃa la respiración agitada y me miraba con el rostro enrojecido. Sus ojos me miraban ya sin ira, pero yo no podÃa entender nada…
- Raúl…qué…- intenté preguntar
- Mentira – dijo entre jadeos
Alcé la mirada aún más para que nuestros ojos se encontraran. Ahora me di cuenta de que los tenÃa rojos. Frunció los labios y se agachó para poner sus ojos a la altura de los mÃos:
- Todo lo que dije antes era mentira –
DebÃa haberme quedado dormida en la parada del autobús por que esto no podÃa estar ocurriendo. No después de todo lo que habÃa dicho:
- Yo… - me miró como intentando explicarse – cuando volvà y te volvà a ver…bueno, tu eras mucho más de lo que yo recordaba…pero habÃas cambiado por dentro… y yo no formaba parte de tu vida ya….-
Bajó la mirada, buscando como seguir. No pude evitarlo y le acaricié el pelo. Era negro y brillante, mojado, y tenso. Sorprendido alzó la mirada y se encontró con mis ojos.
Raúl
Sus ojos estaban tan llenos de pena, que se me encogió el corazón en el pecho. No lloraba ahora, pero los ojos la traicionaban. Su caricia me habÃa sorprendido.
Me habÃa costado llegar hasta allÃ. Me habÃa ensañado con ganas con uno de los árboles del parque hasta que me habÃa calmado.
Mi orgullo no paraba de gritarme que no fuera, que no perdiera que ella no debÃa ganar. Pero aún asà sentÃa que estaba perdiendo. Al final salà corriendo tras ella
Cuando la encontré estaba medio dormida en una parada de autobús, helada y calada hasta los huesos. Le puse mi cazadora sobre los hombros y la abracé hasta que entró en calor. En cuanto empezó a despertarse me separé de ella.
HabÃa intentado decirlo lo que sentÃa de verdad, lo que pensaba de ella, pero ahora no podÃa, sus ojos estaban tan triste que me ahogaban en sus lagrimas. Me sentÃa miserable por haberla hecho llorar, no sabÃa qué hacer, y al final ella tomó la iniciativa
Me cogió la cara con manos temblorosas y frÃas y guió mi mirada hacia la suya. HabÃa tantas cosas que me decÃan que no siguiera que no lo hiciera que estuve a punto de echar a correr otra vez, pero ella dijo lo que necesitaba oir, lo dijo aunque en ese momento no me lo mereciera
- Te quiero –
Lo dijo tan bajo que apenas fue un susurro, pero a mà me dejó un sabor dulce y cálido en los labios. Entonces fui yo quien me levanté y la abracé. Acurruqué su cara contra mi hombro y acaricié su pelo ahora corto y desmelenado. Ella me agarraba con fuerza de la camiseta, y notaba como sus lagrimas cálidas se mezclaban con la lluvia que empapaba mi ropa.
La separé de mi solo un segundo para mirarla a los ojos y decirle lo que siempre habÃa pensado. Lo que me habÃa vuelto loco de celos, orgulloso e irracional:
- Tú lo eres todo para mi, te quiero, te quiero, te quiero…- se lo seguà diciendo mientras le limpiaba las lagrimas con mis besos.
