Me despertó el ronroneo. Por un momento, mientras mis pupilas salÃan a regañadientes del sueño, pensé que de nuevo se habrÃa colado en el piso algún gato callejero y repasaba mentalmente mis reservas de atún y leche.
Aún despegándome de la telaraña pegajosa del sueño, abrà los ojos y pensé extrañado que debÃa ser temprano porque la luz del amanecer ya cubrÃa la pared derecha de mi cuarto.
Entonces el resto de mis sentidos empezaron a despertar. Noté el zumbido en cada folÃculo de mi piel, el extraño olor fresco que de pronto parecÃa venir de todas partes y mis ojos comprendieron confusos que aquella luz era desconocida para ellos.
Me incorporé en la cama lentamente sin soltar las sábanas, para no dejar ni un solo centÃmetro de piel a merced de aquello de que fuera que acechaba mi cuarto.
Por primera vez vi la "Puerta".
Era un óvalo de poco más de metro y medio de alto, la palabra puerta no era la más correcta sino que era un aro de luz que parecÃa haber crecido de entre el gotelé del cuarto.
Supongo que tuve la misma sensación que quien ve por primera vez a una medusa, algo en ti sabe que es dañino, pero a la vez no puedes evitar admirar su belleza.
Aún a resguardo de las sábanas observe la puerta unos minutos más antes de tomar la decisión de levantarme y acercarme.
Di vueltas alrededor, estudiando cuidadosamente sus contornos, incluso fui hasta el salón para saber si allà también existÃa, pero no allà el gotelé parecÃa seguir con su textura y cualidades normales.
Estuve otros minutos observándolo, parecÃa absorber todo el ruido del mundo mundano y sólo dejaba un zumbido arrullador.
Al final pasé una mano por su frente decidido. El vello de mi brazo se pusieron en formación y un escalofrÃo me recorrió la espalda llegando a la puntas de mi cabello.
No podrÃa decir que se tratase de algo fÃsico, palpable, no tenÃa solidez pero aún asà nadie que se acercará a el dirÃa que no existÃa. ParecÃa existir en un plano distinto de la realidad.
Fui un poco más allá e introduje la mano. Un maraña de estructuras fibrosas, como hilos de seda, me envolvió la mano. En lugar de ser una textura pegajosa como la de la tela de araña, el tacto era fresco que más que enredarse se amoldaba a mi.
El valor me empujó más allá e introduje el brazo hasta el codo. El espacio al otro lado tenÃa una textura extraña, como un aire fresco hecho de gelatina muy flexible, pero seguÃa siendo aire.
Le siguió el hombro y luego la otra mano y finalmente en un ataque de imprudencia el resto del cuerpo.
Me encontré en una realidad vacÃa, un espacio que no parecÃa tener ni principio ni fin, de un color añil similar a los atardeceres en la playa. En ese espacio a fÃsico habÃa decenas de puertas como la mÃa por las que se podÃan intuir escenas que nada tenÃan que ver con las que yo podrÃa conocer.
La temeridad y la curiosidad me empujaron un paso más allá y me di impulso de algún modo para llegar a la siguiente puerta. Note como los hilos de mi puerta formaban una carcasa a mi alrededor, pegándose a mi cuello con un roce ligeramente molesto.
Ese fue mi primer mundo por visitar.
Aún recuerdo la arena transparente por la que de desenvolvÃan una rara mezcla de pez cangrejo. La estrella azul que iluminaba el cielo y la claridad de saber que nadie estuvo allà antes que yo...
Volvà a mi propia realidad, a mi cama, sintiendo como la coraza de hilos se pegaba aún a mi y pase las horas en vela sin poder soñar con nada que fuera remotamente tan hermoso como el mundo a través de la puerta.
Han pasado dos semanas desde entonces.
Cada noche hago el mismo ritual: llego a casa en silencio, llevando mi fea y gris realidad conmigo, preparo algo de comer y me siento en el sofá aparentando tener una calma de la que carezco.
Entonces llega el momento con el que llevo soñando todo el dÃa, vuelvo a pasar por la puerta y visitó alguno de los universos que me ofrece. He llegado hasta a contarlos 47 puertas luminosas. 47 maravillas. He visitado mundos en los que creà desarrollar sentidos nuevos he visto colores que no existÃan y ahora solo existen en mi cabeza. He vivido la creación y la destrucción de un mundo en una noche y luego vuelta a empezar.
He visto tantas cosas...
... PERO...
Los hilos, que al principio pensé que eran una coraza para mi, se han convertido en mi ancla, me atan a mi realidad y cada vez aprietan un poco más. Siempre están presentes, incluso cuando estoy lejos de la puerta. Empieza a costarme respirar y creo que es a su costa.
Dos semanas después :
He visitado 46 de los 47 mundos. Mi realidad me parece cada vez más absurda, como si fuera una broma cruel que alguien me hace vivir como el show de Truman, una serie de momentos que carecen de sentido cuando no estoy en la puerta... El dolor fÃsico se ha vuelto prácticamente insoportable, he visto a varios médicos pero ninguno sabe que me pasa, los cardenales se duplican por doquier en mi cuerpo con forma de pequeñas fracturas, algunos médicos me han dicho que en las radiografÃas parece que me estuvieran cortando los huesos con un serrucho muy fino. Les doy las gracias y me marcho, no saben nada y no hay nada que yo pueda explicarles para que lo entiendan.
He intentado dejar de viajar por la puerta, pero ya nada es suficiente para mi.
La última puerta que me queda es la más lejana he intentado ir varias veces pero el dolor ha hecho que me desmaye varias veces. La intriga, la curiosidad, no me dejan dormir
Hoy he decidido que iré a verla, he conseguido una dosis de morfina para el dolor, no pienso dejar que me venza esta vez.
Paso con decisión por la puerta y empiezo a deslizarme por el espacio a dimensional, los hilos empiezan a cortarme según me alejo y telarañas de sangre empiezan a tatuarme los brazos.
El dolor se hace más y más fuerte y tomo un descanso para usar la morfina. Si, eso está mejor.
La puerta cada vez está más cerca casi puedo sentir su ronroneo en la punta de mis dedos.
Oh vaya...
Me estoy ahogando.
La parte racional de mi aún lo entiende, pero me empuja una fuerza mayor que se escapa de mi poder.
Noto como algunos hilos empiezan a romperse. Hay esperanza pienso y empujó más fuerte
Solo un poco más
...
Aguanta un poco más...
...
...
Los hilos se rompen como una crisálida de mariposa. La coraza desaparece y noto de pronto una acidez del ambiente que me quema. Nado desesperado hasta la puerta y agarró su frÃo borde.
Ya he llegado pienso con la euforia corriendo por mis venas. No siento casi el ácido que está quemando mi piel, ni como la vida se me escapa por las gotas de sangre, porque por fin he visto las 47 puertas.
Entonces noto una mano frÃa sobre la mÃa y veo, no... ME VEO, un reflejo un yo que no soy yo, un ser a medio crear que está tomando mi forma poco a poco, con una sonrisa malvada en los labios.
Lo último que oye mi consciencia es " Siempre hay un pobre diablo que quiere saber demasiado"
Y me hundo en un mundo negro cosido por un punto blanco.
La vio llegar a lo lejos, con el cabello anaranjado ardiente y una pequeña sonrisa.
Le habló desde lejos, temerosa de asustarle
"Es posible que no me recuerdes, quizás porque nunca llegaste a conocerme.
Yo era una simple luz de farola, perdida en una ciudad llena de otras como yo. Pasaba el dÃa observando el mundo, envidiando a las luces de los coches, siempre de aquà a allá, que se bañaban fugazmente en mi goteo color naranja, pero no querÃa más que mi apatica vigilancia de la ciudad latente. No aspiraba a más.
Un dÃa, sin embargo, tú llegaste a mi lado. Brillabas con una luz distinta a la de las hermanas que yo conocÃa. Intenté hablar con ella, con la luz que te inundaba y te volvÃa, la susurré en todos los idiomas de la luz que conocÃa, pero ella permaneció silenciosa...
Todas las noches pasabas, con aquella misteriosa compañera, y cada noche yo intentaba hablar con ella, conocerla, sin éxito.
Pasaba mis horas de descanso imaginando de dónde vendrÃa esa luz tan hermosa, tan extraña.
No sabÃa yo que un dÃa dejarÃas de pasar bajo mi halo y como esto destrozarÃa mi mundo.
SentÃa en mi una necesidad desconocida, algo que se revolvÃa en mi interior, asà que decidà despegarme, dejarme caer desde mi atalaya en un salto de fe y caà directa a un reloj de pulsera, donde me convertà en un reflejo, una luz con muy poca clase la verdad.
Viajé en ese reloj, buscándote en las recónditas calles de la ciudad, pero no te encontré.
Entonces llegué lejos, más lejos de lo que alguna vez pude soñar: llegué a cielo abierto.
Me recibió un cielo de satén negro bordado de pequeñas perlas, estrellas, lejanas voces antiguas con el tiempo, entonando una canción tan hermosa que por primera vez me emocioné.
Fue entonces cuando comenzó mi verdadero viaje. Nunca te olvidé amigo, pero en tu búsqueda encontré otras muchas cosas.
Aprendà el dolor de la tristeza al ver morir poco a poco a un llama moribunda en un candil olvidado. Aquella noche mi pecho se deshizo en pedazos al verla marchar y se cosió de nuevo a la mañana siguiente, porque también comprendà que mientras yo no la olvidará esa llama jamás se apagarÃa.
La esperanza la encontré en el sitio más extraño, el que todo el mundo evita, en el hospital. Tantas muertes, tanta enfermedad, pero entre las rendijas de la amargura se colaban pequeños retazos de esta emoción, en el pitido y la luz titilante de un corazón que volvÃa a latir.
Aprendà tantas, tantas cosas, tantos nombres, tantas vidas... pero nunca conocà una luz como la tuya.
Volvà a mi ciudad, que ahora era distinta, las luces de mi ciudad, mis hermanas, compañeras en mi soledad, nunca me parecieron tan extrañas...
Busqué tu mirada en un mar de gente eterno, recorrà la ciudad saltando de acá para allá entre luces de farolas, coches y algún brillante cartel de neón, hasta que un dÃa te encontré.
Me crucé contigo, siendo el destello del metro al pasar, pero oh, pobre de ti, amigo mio, ya no eras tú mismo... habÃas perdido aquella luz tan hermosa que te envolvÃa.
Te seguà a casa oculta en el reflejo de los critales de tus gafas, encogiéndome para que no me vieras... parecÃas tan solo, tan triste...
Me colé en tu casa, en tu mundo sin que me invitases, y busqué en cada rincón a aquella luz que me habÃa fascinado tanto, pero no la pude encontrar.
Entonces la luz de tu mesilla me contó que habÃas perdido a alguien tan importante para ti que tu luz se apagó, se perdió en la negrura de tu triteza. Me habló de tu soledad, de como echabas de menos a "tu pequeña estrella"
Por eso cambié, por eso estoy hoy aquÃ. Tú me habÃas dado tanto, tanto que nada habrÃa sido suficiente. Pedà al Creador, al Señor de las Luces, que cambiara toda mi vida eterna como luz, mi brillo anaranjado y mi corazón luminiscente, por este cuerpo, por esta posibilidad de vida... para intentar ser lo que perdiste"
Ella calló entonces, su esperanza hecha un nudo en su pequeño pecho.
Con la mirada empañada en lágrimas él se bajó poco a poco de la barandilla del puente y se acercó lentamente y con los brazos temblorosos abrazó el pequeño cuerpo de la niña, tan cálido y brillante y entonces por un momento, la pequeña luz de ciudad vio brillar la luz en su interior, escondida en el abrazo que la rodeaba, y escuchó por primera vez su voz.
Mientras apoyaba su cabeza en el hueco de su hombro y enredaba sus bracitos alrededor de su cuello pensó:
"Ah... asà que eras amor"
***
Esta entrada es bastante especial para mi, fue la ultima que escribÃ, de prisa y corriendo, antes de que acabara el año, en un cuaderno que llevo escribiendo 5 años, del que han salido la mayorÃa de las historias, relatos, "poesÃas", que hay en este blog.
Han sido más de 144 paginas, y casi 150 entradas que he compartido con todos los que llevais leyendo este blog tanto tiempo, y por eso simplemente querÃa daros las gracias, ha empezado un nuevo año y yo un nuevo cuaderno y espero que sigáis por aquÃ.
Muchas gracias a todos
Perdà una lagrima, en el confÃn más lejano de la orilla más
antigua de un mar del que olvidé el nombre.
Se deslizó entre los finos granos de diamantes desmigajados
y se abrió camino entre sÃlice y magma hasta el centro mismo de la Tierra.
Perdida en la cálida inmensidad del corazón del mundo, floto
en la incandescencia hasta que se coló por una grieta y encontró un Océano, vasto y extenso, hecho de un millón de lágrimas perdidas u olvidadas como ella.
La lágrima, mi lágrima, surfeó como espuma en las olas,
resonó calma en un arroyo y se deslizó presta entre los dedos de un peregrino sediento.
Viajó de todas aquellas maneras que solo el agua conoce,
hasta que por puro azar acabó en un charco olvidado que el Sol convirtió en
vapor.
Su alma se volvió nubosa.
Conoció la carcajada del trueno y la ira del rayo. Rozó las
cumbres más altas y llenó de gris las ciudades más recónditas.
Viajó y viajó por el mundo, hasta que un dÃa decidió dejarse
caer, entre un millón de gotas y fue a colarse en mis ojos, pintando mi cara
del gris más aciago cuando te vi marchar.
Se coló en mi, echando raÃces en mi corazón que tú dejaste
roto, y cada dÃa que el mundo ahoga, la soledad se come mi parte del desayuno,
la pequeña gota, la pequeña lagrima, me llena con sus historias de lugares
lejanos, me recuerda el Océano en el que vivió hecho de tantas lágrimas
olvidadas, para recordarme, que no estoy sola, que una pequeña parte de mi
siempre será parte del gran gran mundo.
En
ocasiones imagino que nuestros recuerdos son burbujas.
Revolotean
en nuestro interior con una efervescencia relajante.
Se nos
cuelan por los ojos y nos hacen llorar,
Y a veces
cosquillean nuestro paladar hasta provocarnos risa.
Sin
embargo, son burbujas volubles y caprichosas,
y en ocasiones se escapan, deslizándose entre
las costuras deshilachadas de nuestra piel,
huyen hacia esa nada llena de todo que es nuestro mundo,
hasta
que se cuelgan de una brisa cálida de verano,
de un
brillo especial del sol de las hojas en otoño,
o incluso
de la nota más suave de una balada de amor.
Nosotros
lloramos estúpidamente la perdida de aquel recuerdo bien amado,
sin darnos
cuenta de cuando la edad o la traicionera fragilidad de nuestro cuerpo
nos
deje vacÃos, como refresco que llevan demasiado tiempo abiertos,
podremos
refugiarnos en esos recuerdos, propios o ajenos,
que han
volado a nosotros, en un frescor de verano, en la calidez del otoño,
o en las
notas de una canción de la que tiempo hace ya que olvidamos el nombre y la
letra.