Medianoche entre extraños
La vieja taza de café roja descansa humeante sobre la mesa, empañando lánguidamente la ventana. Es una noche tranquila. Los coches, compañeros de mis noches de insomnio, se han alejado también esta noche, huyendo de la negra polución que cubre toda la urbe. Sólo quedamos las hastiadas luces de las farolas y yo mismo. Es una noche tranquila, o al menos lo era…El latir de un corazón de piedra
Los amantes de agua
El amor friki
Lo que te echo de menos
En la soledad de mi noche pienso en ti una vez más, me visitas cada hora como un reloj de cuco bien afinado. Tu eres la presencia junto a mi almohada: es un sonido, tal vez una risa. Quizás una sensación, puede que una caricia. Tal vez un recuerdo…
Si, eres un recuerdo, un visitante no deseado que me recuerda cada oscuro minuto, que aún no estás conmigo, que te has marchado lejos de mÃ, llevándote contigo el calor de tu abrazo.
No saldrán de mis labios los sonidos, ni de mis dedos las palabras que puedan hacer justicia a lo que siento ahora.
Un escritor aficionado que se ha quedado indeciso ante una hoja de papel en blanco, con las palabras resistiéndose a ser escritas, estas son ingratas compañeras, ya que fluyen, se amontonan en la punta de mi lengua y de mis dedos, embarullando mis pensamientos, pero no encuentran cobijo ni cabida en este silencio, que las ahoga antes de salir, que las ahoga con un vaso de agua ahoga la llama de una vela.
Silencio de tu ausencia, que cubre como una manta mi cama, que en vez de darme calor solo me da frÃo y pesadillas…
Mix de historÃas
Hola bloggeros y bloggeras favorit@s! He decidido empezar una nueva manera de escribir (al menos por un tiempo). Aquà abajo aparecen dos comienzos de dos historias diferentes, la idea es que comenteis eligiendo una de ellas y dentro de unos dÃas, cuando haya algun voto escribiré la segunda parte de la historia que hayais elegido, también con varias opciones. De esta manera sois vosotros los que me ayudais a elegir las historias!!Espero que os guste esta nueva idea ^^
Besitoooos
1.
- Calla - le digo
Él me mira extrañado pero no dice nada más. Nos escabullimos entras las sombras del parque. El vigilante casi nos pilla en dos ocasiones. La tensión es magnÃfica.
Las nubes se alejan de pronto y la luna aparece, redonda como un queso, ilumnándolo todo con claridad diurna.
El estanque parece ahora un lugar propio de un libro gotico donde los amantes, ella muerta él vivo, se encuentran cada noche. Se me escapa una risilla, pero el aliento casi se me congela cuando una mano me aprieta el hombro.
- ¡Estúpido!- le siseó y puedo ver como su cara se ilumina perfectamente en la oscuridad.
- ¿Estás lista?- asiento con la cabeza y meto un pie en el estanque. El agua está frÃa, pero me refresca los pensamientos. Cuando me llega hasta la cintura me doy cuenta de que no hay vuelta atrás y me lanzo.
Me sumerjo hasta el fondo del estanque y busco con las manos. El fondo es blando y asqueroso...Las tonterias que hace una por amor...
2.
El calor era tan terrible, que incluso las chicharras se habÃan silenciado. El aire era denso, espeso y pegajoso, tan pesado como una manta. La arena de la playa se me quedaba pegada a la piel y ni siquiera el olor a mar fresca me eliminaba la sensación de pesadez...pero ay, ay, la dichosa camomila...todo olÃa a camomila: mi ropa, mi pelo, mi piel e incluso mi alma...Una extraña en la noche, el sabor de un beso a fresa, el olor de mujer mezclado en camomila, y despertar en la playa con la boca sabiendo a arena y una servilleta arrugada entre los dedos con dos frases:
GAME ON
¡BUSCAME!
Las lÃneas del corazón
El dÃa era horrible, absolutamente horrible. No habÃa ni una sola nube en el cielo, el calor era agradable y olÃa a césped recién cortado. A mi todo eso me hacÃa un nudo en el estómago y me daba ganas de vomitar.Nada más salir de clase me puse los cascos, con Rammnstein sonando a todo volumen, para no oÃr el alegre parloteo de la gente y distraerme lo suficiente para no ver a los enamorados primaverales, que se besaban y abrazaban en el césped bajo el sol de Mayo.
No querÃa que nada de eso estuviera pasando, preferirÃa que el dÃa fuera gris y oscuro, que el césped estuviera encharcado, porque si dentro de mi todo estaba tan roto y magullado ¿por qué el exterior era tan hermoso? No, no era justo, nada habÃa sido justo, normal o alegre en las últimas semanas.
El tren llegó a su hora y esa monotonÃa, esa rutina, me infundió algo de ánimo. Al menos habÃa algo que no cambiaba que no cambiarÃa repentinamente, dejándote devastado e inútil.
En el vagón viajaban apenas unas diez personas. Era pronto y en los primeros dÃas de la primavera, después del largo invierno, la gente acostumbraba a quedarse descansando un rato en el césped, hablando con los amigos y discutiendo lo cerca que estaban los exámenes y lo pronto que tendrÃan que ponerse a estudiar. La dulce alegrÃa de la ingenuidad. Mis amigos, preocupados por mà supongo, habÃan insistido para que yo también me quedará pero rehusé con una sonrisa y algunas bromas. Me sentÃa tan solo en mi dolor que no querÃa que ellos rozaran siquiera esa sensación.
El paisaje pasaba a toda velocidad por las ventanas. El mismo paisaje cada dÃa, en cada viaje, otro pequeño atisbo de normalidad que tranquilizó mi inquieto corazón.
Apagué el reproductor de música y dejé que el silencio atronador me envolviera, y que el ligero traqueteo del vagón me arrullará un poco. Quizás si me quedaba dormido no sentirÃa mi vacio.
Sin embargo, no todo era silencio. Me di cuenta al poco, cuando se fue pasando el efecto del exceso de volumen en mis oÃdos. Si prestabas atención se podÃa escuchar un sollozo suave, casi un hipido. Busqué con la mirada por el vagón y de pronto vi que habÃa una chica sentada frente a mà en el vagón.
Ella también iba sola. Sujetaba, más bien estrujaba, un pañuelo empapado de lágrimas en su puño. El pelo castaño, muy largo, se habÃa quedado pegado a los mofletes en una maraña húmeda y pegajosa. Cuando ella levantó la mirada nuestros ojos se encontraron.
Vi en su mirada el mismo dolor que veÃa en la mÃa. En sus ojos gris acero vi que ella también sufrÃa, que su corazón estaba roto como el mÃo. Sentà que su soledad era uno con la mÃa y el nudo de mi estómago se hizo más tirante para luego aflojarse poco a poco.
Con la valentÃa que sólo puede exhibir un extraño, me levanté de su asiento y me senté a su lado ofreciéndole un pañuelo. Ella sonrió, débilmente con los labios aún temblorosos por las lágrimas. Yo le devolvà la sonrisa, algo cohibido porque ni yo mismo sabÃa lo que estaba haciendo, pero no me iba a mover de allÃ.
Cuando se hubo secado las lagrimas y sonado la nariz un par de veces, agachó la cabeza hundiéndola entre las manos y dijo con la voz aún temblorosa y cortada:
- Me ha dejado…y duele…mucho –
Yo tenÃa razón. Lo que yo habÃa sentido al mirarla a los ojos era cierto, ella estaba tan abandonada como yo. Éramos dos personas a las que les habÃan arrancado un trocito de su alma, pero que sorprendentemente aún andábamos, hablábamos, comÃamos y sentÃamos. Le puse la mano encima del hombro y ella alzó la cabeza con un respingo:
- Si, duele muchÃsimo, pero tarde o temprano se pasará –
Cuando lo hube dicho en voz alta me di cuenta que llevaba razón. Llevaba tanto tiempo lamentándome en mi dolor que no me habÃa dado cuenta que poco a poco la herida se iba cerrando. Yo habÃa amado, habÃa sido amado y me habÃan despreciado. Empezó tan repentinamente como terminó, pero yo no me arrepentÃa. No tenÃa por qué hacerlo, sólo tenÃa que superarlo. Ella pareció comprenderlo también y esta vez sonrió de verdad y sus ojos se iluminaron un poco.
Recuerdo que aquella tarde recorrimos la lÃnea entera, muchas veces hablando, otras muchas en silencio. Fue maravillosamente extraño. Ella sonreÃa y yo notaba como el peso de mi corazón se iba haciendo más ligero con esas sonrisas y veÃa que la tristeza de ella también se hacÃa menos espesa.
Al despedirnos la besé en la frente. Como todo en aquel viaje fue improvisado y sincero. Ella pareció confusa al principio pero luego sonrió de nuevo para mÃ. Era la sonrisa de una amiga, de una compañera de soledad. Se despidió con la mano y se marchó.
PodrÃa deciros que no volvà a saber de ella y que no la volvà a encontrar y que aquel fue el mejor viaje de mi vida…pero os diré la verdad.
La verdad es que salÃa cada dÃa corriendo de clase para coger ese tren esperando que ella estuviera allÃ. Esperando volver a verla. No sé lo que esperaba de verdad, quizás solo verla sonriendo al hablar con alguien o ver esos ojos grises sin tanta tristeza.
Los meses pasaron, pasaron los exámenes, el verano y el comienzo de curso y yo empecé a olvidarme de ella. Se convirtió en un recuerdo precioso, en algo que se atesora y se guarda.
Era un dÃa como cualquier otro, yo con mi música taladrándome los oÃdos, el traqueteo rÃtmico del vagón y la cabeza llena de cosas que hacer. Seguro que habéis sentido alguna vez ese hormigueo en el cuello, cuando alguien os mira. Eso es exactamente lo que sentà yo, seguido de una sensación de vacÃo en el estómago. Ya sabÃa lo que iba a encontrar cuando me diera la vuelta.
Sus ojos grises me miraban ahora brillantes, traslucidos, llenos de luz propia. La garganta se me quedó seca cuando ella sonrió. Tanto tiempo buscándola y ahora no sabÃa qué decirle. Las palabras más torpes salieron de mi boca:
- He estado buscándote – dijo mi lengua de trapo mientras su sonrisa se ensanchaba.
- Lo sé – ella puso su mano suave sobre mi cara – Ya no duele –
No dijo nada más pero fue suficiente. Entendà que ella habÃa estado curándose, al igual que yo, esperando al momento en que el corazón dejara de doler y estuviese listo para otra aventura hacia lo incierto. Ambos estábamos preparados para esa aventura, comprendà mientras besaba sus labios y daba el pistoletazo de salida hacia lo genuinamente incierto.
El diario de los amantes bobos (Parte 1)
Buenas de nuevo lector@s!! Aqui traigo la nueva entrega de mis diarios, aunque para los que les gusten las historias largas, siento decepcionarles, pero este solo tendrá 3 partes y bastante cortas cada una. Esta historÃa se me ocurrió hablando con un amigo, sobre lo dificiles que son todas las relaciones y de lo complicado que lo ponemos todos, hombres y mujeres. Espero que sepais leer entre lÃneas ^^Diario de Elena, 1995
Hoy he tenido mi primera cita con David, el chico ese sobre el que escribÃa antes, ese tan guapo, con esos ojos tan verdes que cuando sonrÃe parece que te vas a caer de culo…El otro dÃa me invitó a salir, bueno algo asÃ. Vino con gesto cabreado, tanto que mis amigas se apartaron pensando que nos iba a pegar o algo, se me quedó mirando y luego me dijo que tenÃa entradas para una “peli” que nadie querÃa ver con él y que si querÃa ir con él. Me morÃa de ganas por decirle que sÃ, pero entonces habrÃa parecido una chica fácil asà que espere un par de dÃas hasta decirle que sÃ.
Ese dÃa era una matojo de nervios, vacié el armario encima de la cama, pensando en qué ponerme y como estar guapa, MUY guapa. Me pasé horas durante el espejo maquillándome, peinándome y echándome toda la clase de potingues que tenÃa.
Una pena, por que cuando llegué el apenas me miró y en seguida me llevó dentro del cine. Era una pelÃcula muy romántica, de esas que hacen llorar y todo. Yo esperaba esperanzada, que cuando los protagonistas después de todo el drama, acabaron besándose bajo la lluvia, él cogiera mi mano y me besara a mà también. Y de verdad que parecÃa que iba a hacerlo, pero al final parece que se arrepintió y volvió a meter la mano en la bolsa de las palomitas.
La pelÃcula terminó y ya era hora de volver a casa. Me acompaño hasta la puerta y nada más, ahà también me quedé con las ganas del beso, pero que se le va a hacer, al final igual solo me invitó porque tenÃa una entrada de más. DeberÃa haberme lanzado en vez de esperar a que se lanzara él…
De pelÃcula
“Nadie obtiene en esta vida todo el cariño que se merece”La frase flotaba una y otra vez por mi cabeza mientras volvÃa a casa del cine. La pelÃcula habÃa sido magnÃfica, la banda sonora era tan intensa y triste que el corazón se estremecÃa, aún asÃ, esa frase me habÃa calado mucho más hondo que lo demás.
Quizás fuera porque fui al cine sola y al estar rodeada de gente mucho más acompañada, mi soledad se hizo más grande. Quizás fue porque de alguna manera, me sentà identificada con la protagonista y su vida llena de tesituras, enredos y dolor.
No sabrÃa concretar el por qué, pero esa frase se habÃa colado en lo más oscuro de mi mente y no era capaz de sacarla de allÃ.
Yo tampoco habÃa obtenido todo el cariño que merecÃa, ni siquiera el que necesitaba, y ahora, a pesar de que mi vida no habÃa llegado aún a la madurez, me sentÃa terriblemente vacÃa y falta de ese calor, que solo se puede conseguir con amor.
Abrà la puerta de mi casa, y mi gato, gordo y viejo, se coló entre mis piernas frotándose y haciendo asà de su saludo la única muestra de cariño de mi dÃa. Me agaché para acariciarle tras de las orejas y lo cogà en brazos mientras me dirigÃa al salón.
No esperaba yo lo que aguardaba sentado en mi sofá. La misma sudadera negra que el dÃa que se marchó, dejándome ese vacÃo helado en mi interior. Los mismos ojos, ahora más cansados, en los que yo me habÃa mirado tantas veces, como un espejo de aguas turbias. Las mismas manos, cruzadas en un gesto nervioso, que me agarraron aquel dÃa por las muñecas. La misma boca, que susurró ahogada las palabras que fueron mi muerte y que suplicaban una y otra vez que no llorara.
Me habÃa quedado muda. Él permanecÃa silencioso. Descruzó las manos, mostrándome una copia de la llave de mi casa, que aún conservaba. En mis brazos el gato pugnaba por liberarse de mi férreo abrazo, a cada momento más tenso. Lo dejé ir y trotó hacÃa él, que recompensando su lealtad le acarició hasta que el caprichoso felino se aburrió.
Yo seguÃa sin palabras y por fin él se lanzó a hablar. Me dijo cuánto lo sentÃa, se disculpo por sus errores y melló sus defectos. Destapo su alma ante mi, una vez más. Mientras yo, apenas le escuchaba, solo veÃa como se movÃa, sus manos, ansiosas, jugueteando con un cordón, y sus ojos brillantes por lo que se podrÃan llamar lagrimas de hombre.
Fue ahà cuando recordé otra frase, de otra gran pelÃcula, mucho más antigua y sin querer, como en un momento romántico digno de cualquier filme, salió de mis labios:
- Calla, calla… ya me tenÃas con el hola -
Buenas!! Me he tomado un descansillo entre estudio y estudio para escribir esta mini historÃa. Me ha costado lo mio redactarla, porque está basada en un suceso personal algo doloroso, pero para mi es una manera de dejarlo atrás ^^.
Para los que estén interesados, la primera frase pertenece a la pelÃcula "Memorias de una geisha" que si no la habeis visto os la recomiendo, por que tiene unas frases y una fotografÃa genial. La segunda pertenece a "Jerry Maguire" protagonizada por Tom Cruise y que a mi me gusta mucho también!
Un saludo y feliz vuelta de vacaciones a los que ya estais por aquà ^^
Eclipse
Nuestros mundos eran tan distintos, que no podÃan existir al mismo tiempo. VivÃamos separados, por siempre, para siempre, sin posibilidad de cambiarlo. Apenas nos atisbábamos unos instantes en nuestro recorrido. Ella era dorada y hermosa, brillaba sola y potente en su mundo azul y cálido. Mi mundo era oscuro y frÃo y vivÃa rodeado de un millar de bellas mujeres, que en cada momento buscaban mi favor. Pero todas eran llamas pálidas, frÃas e insignificantes, no eran más que simples destellos a la sombra del brillo de mi amada.Vivimos enamorados desde que el mundo existió y desde entonces vivimos separados. Nadie sabrá jamás de nuestro amor, de nuestras penurias, nuestras sonrisas robadas y nuestras lágrimas acalladas, pues nadie sabrá nunca de nuestro amor. Un amor tan puro, que no conoce el pecado, un amor platónico nacido de la búsqueda de nuestras almas gemelas. El único amor que podremos alguna vez conocer y el único se nos permitirá albergar.
Yo velo sus sueños, iluminando su cálida y sedosa piel, como mi manto nÃveo y etéreo, y ella calienta los pliegues de mi mundo al alzarse hermosa y triunfante una vez que mi reinado de oscuridad desvanece. Somos la alquimia eterna, lo que siempre sigue, lo que siempre rota. Somos, seremos y fuimos.
Solo una vez, se nos concedió el momento de estar juntos. Fue una sola vez, un instante robado a la eternidad. El camino se detuvo ante nuestro cruce. Su luz creció a mi alrededor, quemándome la piel, mientras mi frÃo arrancaba de sus rosados labios pequeñas nubes de aliento helado. Nuestras manos se cruzaron y el mundo se volvió negro bajo nuestra luz. Algo tan poderoso no podÃa existir, asà que los astros imperturbables mantuvieron el camino, alejando su cálido tacto de mi de nuevo. Añoré aquel roce de un segundo. Añoré el beso que no ocurrió pero que rozo mis labios en un sueño. Añore la sonrisa que se dibujo en sus labios y luego en sus ojos al mirarme. Lo añoré siempre y rogando a mi pálido harem, desee que por una vez, volviera a ocurrir aquel milagro y poder tocar esta vez sus labios, hechos de cálida luz. Solo una vez, una sola vez más querÃa dejar abrasar mi piel.
Inés&Raúl: La lluvia se lo lleva todo (Final)
Por fin me atrevo a colgar la ultima parte de este diario. Me ha llevado mucho tiempo decidir cual serÃa el final para estos dos, asà que espero que os guste. Un saludo^^La lluvia me caÃa como una pesada cortina sobre los ojos, las piernas me pesaban como si fueran de plomo, pero seguÃa corriendo. Seguà corriendo casi ciega por la lluvia, buscándole.
Le encontré donde esperaba. Estaba sentado en el parque donde soliamos jugar de pequeños, la mirada baja, clavada en el suelo. No la levantó cuando llegué a su lado, pero habló:
- ¿Qué haces aquà Inés?
- He…venido…a… buscarte – casi no podÃa respirar por la carrera mucho menos hablar
- ¿Por qué? – en ese momento levantó la mirada y me encontré con un abismo gélido que pretendÃa engullirme
- Por que te quiero – la respuesta me salió sola, natural y limpia y mi pecho se relajó por el peso de la verdad
Se rió y se levantó del banco poniéndose frente a mÃ. Me sacaba casi una cabeza asà que tuve que alzar la vista para mantener su mirada:
- ¿Qué me quieres? – sus ojos estaban llenos de orgullo – No me jodas Inés, tu solo te quieres a ti misma – el reproche me dolió, pero me mantuve firme
- Ya no es asà –
- Siempre ha sido asà – alzó la mirada y siguió hablando – cuando yo me marché decidiste que no merecÃa la pena esperarme, que serÃa mejor liarse con algún imbécil-
- ¡Por dios Raúl! ¿Cuántos años tenÃamos?¿ocho?-
- Yo ya te querÃa con ocho años Inés – me volvió a mirar y la esperanza aleteó nerviosa en mi corazón – pero me has demostrado que ya no eres quien creÃa – el aleteo murió en la tempestad de ira de sus ojos – jamás te podré perdonar por lo que eres ahora-
La puñalada se clavó en mi corazón y casi sentà como los pedazos se deshacÃan en mi interior. Las lagrimas llegaban a mis ojos a toda prisa y por una vez en aquella maldita tarde agradecà la lluvia que me empapaba la ropa y me estaba dejando helada. Agradecà el frÃo que impedÃa que mi cara se enrojeciera más aún y agradecà la mirada cruel de Raúl, en la que no habÃa esperanza a la que agarrarse. Se habÃa acabado, mi viaje habÃa acabado antes de empezar.
Incapaz de pronunciar otra palabra me di la vuelta y eché a andar todo lo deprisa que mis doloridas piernas me permitÃan. QuerÃa desaparecer, esconderme bajo el barro que inundaba la calle. QuerÃa irme de allÃ.
Sin embargo mi cuerpo no podÃa más. Mis cansadas piernas se negaban a llevarme a casa y mi cabeza estaba demasiado embotada para encontrar el camino. Al final acabé me acabé sentando en la parada del autobús, a salvo bajo la marquesina de cristal coloreada de grafitis. Me encogÃ, abrazando mis rodillas con mis brazos y dejé que la suave somnolencia me atrapara. TenÃa frÃo, si, pero eso no importaba, solo querÃa dormir un poquito…
Me desperté poco a poco, ahora ya no hacÃa frÃo. Algo grande y pesado me caÃa sobre los hombros, dándome calor, aunque también estaba húmedo. Abrà los ojos lentamente, arropada por aquel calor suave. HabÃa alguien de pie junto a mà pero me costaba enfocar la vista.
Cuando mis ojos enfocaron del todo vi a Raúl de pie frente a mÃ. TenÃa la respiración agitada y me miraba con el rostro enrojecido. Sus ojos me miraban ya sin ira, pero yo no podÃa entender nada…
- Raúl…qué…- intenté preguntar
- Mentira – dijo entre jadeos
Alcé la mirada aún más para que nuestros ojos se encontraran. Ahora me di cuenta de que los tenÃa rojos. Frunció los labios y se agachó para poner sus ojos a la altura de los mÃos:
- Todo lo que dije antes era mentira –
DebÃa haberme quedado dormida en la parada del autobús por que esto no podÃa estar ocurriendo. No después de todo lo que habÃa dicho:
- Yo… - me miró como intentando explicarse – cuando volvà y te volvà a ver…bueno, tu eras mucho más de lo que yo recordaba…pero habÃas cambiado por dentro… y yo no formaba parte de tu vida ya….-
Bajó la mirada, buscando como seguir. No pude evitarlo y le acaricié el pelo. Era negro y brillante, mojado, y tenso. Sorprendido alzó la mirada y se encontró con mis ojos.
Raúl
Sus ojos estaban tan llenos de pena, que se me encogió el corazón en el pecho. No lloraba ahora, pero los ojos la traicionaban. Su caricia me habÃa sorprendido.
Me habÃa costado llegar hasta allÃ. Me habÃa ensañado con ganas con uno de los árboles del parque hasta que me habÃa calmado.
Mi orgullo no paraba de gritarme que no fuera, que no perdiera que ella no debÃa ganar. Pero aún asà sentÃa que estaba perdiendo. Al final salà corriendo tras ella
Cuando la encontré estaba medio dormida en una parada de autobús, helada y calada hasta los huesos. Le puse mi cazadora sobre los hombros y la abracé hasta que entró en calor. En cuanto empezó a despertarse me separé de ella.
HabÃa intentado decirlo lo que sentÃa de verdad, lo que pensaba de ella, pero ahora no podÃa, sus ojos estaban tan triste que me ahogaban en sus lagrimas. Me sentÃa miserable por haberla hecho llorar, no sabÃa qué hacer, y al final ella tomó la iniciativa
Me cogió la cara con manos temblorosas y frÃas y guió mi mirada hacia la suya. HabÃa tantas cosas que me decÃan que no siguiera que no lo hiciera que estuve a punto de echar a correr otra vez, pero ella dijo lo que necesitaba oir, lo dijo aunque en ese momento no me lo mereciera
- Te quiero –
Lo dijo tan bajo que apenas fue un susurro, pero a mà me dejó un sabor dulce y cálido en los labios. Entonces fui yo quien me levanté y la abracé. Acurruqué su cara contra mi hombro y acaricié su pelo ahora corto y desmelenado. Ella me agarraba con fuerza de la camiseta, y notaba como sus lagrimas cálidas se mezclaban con la lluvia que empapaba mi ropa.
La separé de mi solo un segundo para mirarla a los ojos y decirle lo que siempre habÃa pensado. Lo que me habÃa vuelto loco de celos, orgulloso e irracional:
- Tú lo eres todo para mi, te quiero, te quiero, te quiero…- se lo seguà diciendo mientras le limpiaba las lagrimas con mis besos.
La leyenda del palacio del hielo
Con esta historÃa me he salido un poco de mis registros habituales, pero espero que os guste^^HabÃa una vez en un lugar lejano y frÃo, un reino de hielo y praderas esteparias. En ese reino habÃa un palacio. Era un palacio de torres altas, gigantes transparentes alzándose hasta el cielo al borde de un acantilado. Un lugar entre el mar y el cielo, etéreo, transparente y frÃo. Los habitantes de este castillo no tenÃan secretos, eran gente afable que deambulaba de un lado a otro del castillo, deslizándose sobre sus patines, levantando suaves olas de escarcha y crujidos dulces en los suelos de los pasillos.
Como en todos los reinos, habÃa un rey, en este caso una reina. La reina era una joven dulce y aparentemente feliz, que como todos los habitantes de este reino jugaba entre las estatuas de hielo y las traslucidas paredes del castillo. Era una reina feliz para un reino feliz.
Sin embargo, ni siquiera en un mundo tan feliz, todos podÃan serlo. Nuestra princesa, que tan alegremente correteaba durante el dÃa por los pasillos, por la noche se escapaba de su habitación a hurtadillas y se escabullÃa hasta el tejado de la más alta de las torres. Desde allà contemplaba la luna, la blanca y hermosa luna, única amante de sus noches de soledad. Era a la luna a quien contaba sus pesares, sus pérdidas y sus añoranzas. Y la luna, paciente y maternal, escuchaba todos los dÃas a la pequeña princesa contarle sus desvelos, y una noche, apenada decidió mandarle a la princesa un compañero. Era un hombre hecho de polvo de estrellas que sólo durarÃa una noche, pero que, siendo como era hijo de la luna, amaba a aquella princesa tanto como el astro que le habÃa dado la vida. Y durante una sola noche, el hombre hecho de polvo de estrellas y la princesa, fueron amigos, esposos y amantes, deshaciéndose al amanecer el hombre en polvo brillante entre los sedosos cabellos de la princesa.
Aquella noche fue robada, un secreto para todos los habitantes del castillo. Sin embargo pronto ese secreto tan preciadamente guardado fue expuesto. El vientre de la princesa se hinchó mes tras mes a la vista de los habitantes del palacio, hasta que en la novena luna nació una niña. Era una niña preciosa, de cabellos albos como su madre y una piel tan pálida y brillante que parecÃa estar hecha del más fino de los metales. El corazón de la princesa estaba por una vez rebosante de alegrÃa, la niña era el recuerdo vivo de su gran felicidad y de aquel hombre que tanto habÃa amado por una sola noche.
Tristemente, no todos en el palacio estaban tan gloriosos con el nacimiento de la nueva princesa, y pronto los rumores empezaron a expandirse. Las palabras envenenadas se transmitieron como una llama en la pólvora, hasta que por fin se produjo el estallido. Todos clamaban saber la identidad del padre, no podÃa haber secretos en un palacio hecho de paredes tranparentes. Nadie creyó a la princesa cuando habló de la luna y del hombre de polvo de estrellas y pronto los frÃos ojos de los habitantes invernales, acusaban a la princesa, y las manos, de pronto celosas y anhelantes de poder, buscaban con fiereza su bien más preciado. La princesa huyó, huyó por los pasillos gélidos y amenazantes del palacio, pero allà no habÃa donde esconderse. Al final huyo a su lugar secreto, a la más alta de las torres. No habÃa escapatoria. La multitud se acercaba vociferante, clamando por la niña. La princesa con una última mirada llena de lagrimas hacia la luna, saltó por la ventana.
Entonces la luna, piadosa del cruel destino de la princesa y su vástago, antes de que estas cayeran al gélido mar, las convirtió en estrellas. Miles de pequeñas y brillantes estrellas, como si fueran polvo, que se grabaron en el cielo negro sedoso adornando a la pálida luna. La luna, furiosa con los habitantes del hielo, echó abajo sus altas torres, redujo a polvo fino las paredes de su hermoso palacio y los condenó. Los condeno para siempre, para que no pudieran jamás volver a moverse grácilmente sobre el hielo. Les condenó a vivir en el mar y a ser torpes en la tierra, los convirtió en pájaros incapaces de volar, para que nunca jamás pudieran acercarse a la princesa y su hija, que desde entonces adornan cada noche el cielo como un magnifico camino brillante.
La estatua de hielo
El suelo de mi habitación está frÃo, lo noto contra mi mejilla. El ambiente es cálido, una noche de principios de verano. Por un momento los coches se silencian en la avenida y observo el techo negro de mi habitación. No puedo dormir, mis pensamientos revolotean como mariposas enjauladas que no me dejan descansar. Mordisqueo la cadena que llevo al cuello para calmar mi inquietud. Me gustarÃa que desaparecieras por un momento de mis pensamientos, poder descansar esta noche.Tú, siempre tú. Eres como una estatua de hielo en medio del verano. Si me acerco a ti, eres fresco y dulce, un alivio dentro del abrasante infierno de la ciudad, pero no puedo quedarme a tu lado, no puedo acariciar tu piel congelada, porque me quedarÃa pegada a ti, sin poder alejarme mientras tu hielo quema mis dedos. Esa es la sensación que tengo, ahora y en todo momento, siempre me alejas, si me acerco me quemo y si me alejo, siempre quiero volver a ese lugar fresco y dulce a tu lado. Querer es un verbo difÃcil, la añoranza no es un sentimiento fácil y el dolor es amigo de los dos. Y yo te quiero, te añoro y me duelen tus heridas, las que sin pensarlo me infringiste, aquellas que me hacen ese daño dificil de olvidar, facil de curar. Ojala lo entendieras de verdad y por una vez pudieras darme lo que yo más ansÃo...pero sé que no será asÃ, por que las cosas son lo que son y nunca será de otra manera, lo unico que queda esperar es la dura batalla entre el corazón y la sensatez, que yo observo inmovil sobre el suelo, mientras el mundo detrás de mi ventana vuelve a ser palpitante y ruidoso. Buenas noches
Ven a mi
Puedo oÃr el viento golpeando las persianas metálicas. Es un viento primaveral furioso, que huele a lluvia, a hierba fresca y a algún retazo cálido de verano. Puedo oler y oÃr todos esos pequeños matices de ese malhumorado viento, pero no podÃa verlo. Vivo en un mar oscuro e inmenso, que siempre huele a limpio, demasiado limpio para ser verdad, pero este viento me trae recuerdos de aquella noche, aquella hermosa noche.El cielo estaba completamente negro, y el sonido de los truenos amenazaban de fondo con tormenta. Entramos en el bar, mis amigos y yo, entre risas y gritos roncos, chispeantes por las copas que nos habÃamos bebido ya. El local estaba lleno de humo, y yo lo veÃa todo ralentizado, como flotando entre cortinas de azul pálido que desaparecÃan entre mis manos. Ella llegó hasta mÃ. Me hipnotizó con una sola mirada de sus ojos negros. Era fresca y dulce como una noche de verano. OlÃa a colonia de marca y champú afrutado. No pude evitar tocarla, deleitarme con la suavidad de sus hombros huesudos y disfrutar con la sonrisa de esos labios pintados de rosa tÃmido. SabÃa a brillo de labios de frambuesa con un toque de vodka.
Salimos del bar. No dijimos nada, nos escabullimos entre la multitud, probándonos en cada esquina, dejando que la ropa no fuera nunca más un estorbo y mordisqueando los pliegues del deseo.
Fuera llovÃa a cantaros. La lluvia arreciaba con fuerza y los relámpagos cruzaban el cielo como hilos plateados sobre un manto ultramar oscuro. Las luces de las farolas se debilitaban ante el envite de la naturaleza, y los postigos de las puertas ahogaban su chirriar en la inmensidad del trueno. Ella bailaba, dejando que la lluvia empapara su pelo y su ropa, dejándome entrever su cuerpo delgado y firme de bailarina. Sus ojos se desdibujaban entre manchas oscuras de mascara de ojos, su piel brillaba con el tono anaranjado de las faroles, llamándome tentándome. La besé de nuevo, con calma. Sus labios eran un oasis cálido para los mÃos que deseaban posarse allà para siempre. Sus ojos estaban esperándome cuando cesé mi deseo, negros, profundos y achinados, llenos de recovecos que ya me morÃa por descubrir, de pasión, de misterio y añoranza de tiempo en que fueron más felices.
Estaba tan absorto en sus ojos que no vi las luces hasta que fue demasiado tarde. No eran las luces plateadas del cielo, tampoco las mustias luces urbanas, eran luces blancas, de neón. Dos luces blancas recortadas por la lluvia, dos faros paralelos que auguraban la tragedia. La empujé a un lado alejando de mà el suave aroma de su cuerpo y el cálido sabor de sus besos. El dolor duró un instante, sólo el instante que tardó mi cabeza en golpearse contra el diabólico borde de la acera, tras ser embestido por el coche. Luego todo empezó a ponerse rojo, y luego intensamente negro. Dejé de sentir mi cuerpo y empecé a flotar en un mar de absoluta negrura al que sólo llegaban sonidos apagados de chillidos, sirenas y voces que se perdÃan en susurros.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde entonces, pueden haber sido horas, minutos o años, no lo sé con certeza. Alguien cierra la ventana y dejó de sentir el viento en mi mano, pero huelo algo mucho más conocido. Colonia de marca y champú afrutado. Una mano suave y pequeña envuelve la mÃa, con un amor tan tierno como el de una madre. Si pudiera sonreÃr, ahora mismo lo harÃa. De mis amigos poco he sabido desde que la noche me engulló, pero la colonia y las manos suaves están allà cada vez que consigo rozar la superficie. Me impulsan, tiran de mi, quieren acercarme a ella, de nuevo sentir sus besos, pero no llego, no alcanzo y vuelvo a caer. Ahà viene de nuevo, la oscuridad vuelve a atraparme, todo se vuelve difuso y oigo unas palabras casi ahogadas entre las lágrimas:
- Ven a mÃ-
Y mi mano se mueve entre las suyas
Mareas
Las nubes negras de añil cielo pasan, llevándose la lluvÃa, pequeñas lagrimas de agua dulce. Ver las nubes alejándose me provoca una sensaación de vacio y desasosiego. Se marchan, como huyendo, llevándose con ellas ese pequeño milagro llamado lluvia. Las gaviotas graznan enloquecidas en el puerto, llenando con su singular melodÃa la marcha de las nubes. Me arrebujo bajo la lana aspera de mi bufanda, resguardándome de la brisa marina. La playa es un camino arenoso solitario, que la mayoria de los transeuntes evita por el intempestivo tiempo. Los más cautos y perezosos se acobardan bajo las mantas ante el bramido ensordecedor de las olas. Para mi esos bramidos amenazantes, no son para mi más peligrosos que los gimoteos de un gatito asustado. El mar es parte de mi, mi hogar, mi sino, mi mundo. La espuma blanca con las que las olas glasean los acantilados, es para mi una suave caricia, un mimo entre dos amantes condenados a la separación. El verde grisaceo del mar tempestuoso teñido por la tormenta, es tras la superficie, un remanso oscuro y silencioso, en el que los truenos rebotan convirtiéndose en murmullos apagados. Me descalzo y paladeo la textura rugosa de la arena entre mis dedos, su roce mojado y suave, y dejo que el agua aguijoneé mis tobillos con su helador abrazo. Mis parpados se cierran al empuje del viento, que se mete entre mis cabellos acariciándolos y desordenándolos como harÃa un padre cariñoso. El temblor y la rojez de mis manos recuerdan que llega el momento de partir. Me alejo del viento, del mar y de las gaviotas, siguiendo el camino recorrido por las nubes. La arena se seca y se despega de mis pies, la ultima proción de mi unión se deshace con esa arena, dejándome sola de nuevo, con el horizonte montañoso, picudo y amenazador esperándome. El horizonte es lejano y el camino será largo y tedioso, pero siempre llevaré en mi piel el olor y el sabor de este mar, tan antiguo como el mundo, que me vio nacer y me verá morir. Hasta pronto mi querido mar.M loves M
Nos conocemos desde siempre, pero no nos vemos nunca. Somos los amantes de Teruel, tonto ella y tonto él. Te quiero pero te engaño, me quieres pero me mientes. Es un ni contigo ni sin ti, siempre aquà y allá, siempre tu y yo pero casi nunca nosotros. Si me paro a respirar y pienso yo quiero a alguien como tú, tú eres mi partido mi juego, pero hay veces que no te quiero. Tú y tus manÃas, yo y mi orgullo, siempre igual siempre de acá para allá. El camino ya es largo y tuvimos muchas paradas, muchos apeaderos en corazones desconocidos, ajenos, extraños que no nos comprendieron, que no nos valoraron lo suficiente. Ahora otra vez, estamos juntos aquà de nuevo. Eres como un muelle, siempre tirando de mi hacia ti y cuando me acerco rebotando de nuevo por miedo de que el alambre se enredara y nunca más pudieramos separarnos. Yo soy como soy y tu lo sabes, me conoces. Yo sé quien es ella, la que te encandila cuando yo no estoy, me enfada me cabrea y la detesto, pero por alguna extraña razón pensar en tà sigue haciéndome sonreir. No hay más explicación que pueda darse, somos M+M y siempre fuimos asÃ. Siempre somos asà y en el fondo de mi corazon desgastado ya de golpes, batallas y paradas desafortunadas, espero que sea asà siempre. Por que si te marchas yo me muero, por muy cursi y redicho que resulte. Cosa extraña esto del amor. Sólo tu y yoUna dedicación para todos esos amores imposibles que no pueden vivir ni juntos ni separados.
Ines&Raúl: Casualidades y desencuentros(3ª Parte)
Para los nuevos seguidores(los demás no hace falta):Es la tercera parte de un diario,yo os recomiendo que no os la leais si no os habeÃs leido las otras dos por que no os vais a enterar de nada. Un beso!!
¿Alguna vez os habéis levantado con la sensación de que algo va a ocurrir?Si, cuando sientes esa presión incómoda en el pecho con la que te cuesta tragar y que te hace sentir incómoda todo el tiempo.
Yo me levanté asà el primer dÃa de universidad. SerÃa comprensible si fuera una persona nerviosa o que estuviera asustada por el primer dÃa de clase. Pero ni una ni la otra. Mis nervios estaban calmados y desde luego la universidad no era algo que pudiera asustarme. Aún asà la molesta presión no desaparecÃa, asà que decidà ignorarla.
Una hora más tarde, mientras escuchaba Linkin Park a todo volumen por mis cascos Skull Candy rosas, la presión habÃa disminuido hasta transformarse en una pequeña molestia a la que apenas hacia caso. Mi preocupación en esos momentos eran no mirar lo bonitas que eran mis piernas bronceadas. Años implacables de ballet le habÃan conferido a mis piernas una largura y forma de las que yo estaba más que orgullosa. El otro gran motivo de mi orgullo era mi pelo. Me llegaba más abajo del codo, era de color negro como la obsidiana (o al menos eso decÃa mi padre siempre) y liso. Me aparté de la cara los mechones que me estorbaban aireando de paso un poco de mi colonia. Aquellos tÃos no me importaban un comino, pero la sensación de sentirse admirada y deseada era deliciosa.
Cuando llegué a la facultad me seguÃa relamiendo con la sensación del tren y la molestia habÃa desaparecido por completo. En la puerta me encontré a un par de chicas que habÃa conocido en la charla introductoria de Julio, que me saludaron muy efusivas. Se llamaban Victoria y Sonia. Unas de las muchas chicas que habÃa escogido PsicologÃa. Chicas como yo. Bueno, más o menos. Eran chicas muy majas y me caÃan bastante bien, pero no se podÃa decir que fueran precisamente agraciadas. Mejor, ya se sabe que siempre hay una persona guapa en el grupo y los demás que están para hacerle fondo(cita textual de mi madre). Bueno, pues ellas eran mi fondo.
Entre muchos grititos de ilusión y sorpresa por su parte y mucha paciencia para aguantarlos por la mÃa llegamos a nuestra clase. Todo el mundo dice que la universidad es un gran cambio, pero cuando entré en la clase el primer dÃa, fue como volver al instituto. La gente ya se habÃa juntado en grupos de estilos parecidos, amigos comunes, gustos comunes o simplemente coincidencia. Todos se apiñaban alrededor de las mesas nerviosos y chillones. Muchas chicas, pocos chicos. No me molesté en reconocer el terreno. Ya tendrÃa tiempo durante el resto del curso y además era mucho más divertido que ellos vinieran a mi. Por eso no lo vi llegar.
Iba mirando distraÃdamente a las mesas de los laterales y me choqué con alguien Me volvà en seguida con la más encantadora y falsa de mis sonrisas para disculparme. La sonrisa se me deshizo en los labios. Unos ojos azules, frÃos como témpanos y enmarcados en pestañas largas y negras se clavaron en mis pupilas. En ese momento sonaba en mis cascos la canción Another Heart Calls de The All- American Rejects. La presión se intensificó en un segundo en mi pecho dejándome sin respiración. Fue como si el tiempo se detuviera y sin darme cuenta me sonrojé hasta las orejas. Yo nunca olvidaba unos ojos, y mucho menos aquellos. La voz que me saludó no se parecÃa nada a la que habÃa escuchado hacÃa mas de doce años, mucho mas ronca y grave:
Vaya, esto si que es una casualidad- se pasó la mano por el pelo, que seguÃa siendo igual de rebelde- no sabÃa que fueras a hacer psicologÃa-
Ya, es lo que tiene no verse desde hace mucho tiempo. Pensé que tu querÃas ser piloto-
Bueno, es que todos los niños quieren ser pilotos ¿no?-
Me hizo sentirme como una estúpida por hacer un comentario como aquel, pero no le dio tiempo a verlo por que el profesor entró en clase, y exactamente igual que en el instituto nos mando sentarnos a gritos.
No fue hasta sentarnos que me fije en la chica pelirroja con el pelo rizado. Cruce los dedos por que no fuera quien yo creÃa. No tuve esa suerte. En cuanto me senté me encontré con su odiada carita angelical mirándome:
Vaya, ¡que coincidencia!Que bien que vayamos a la misma clase-
Si, claro que si Eva lo estaba deseando-
Claro que no. Nos odiábamos a muerte desde que eramos pequeñas. Ya os he contado la aventura del castillito. HabÃamos ido juntas a la guarderÃa, al colegio y al instituto. Y ahora para colmo me tocaba aguantarla también en la carrera. No habÃa manera de quitársela de encima:
¿Sabes que Raúl ha vuelto a Madrid y que está haciendo primero aquÃ?-
Si, me acabo de cruzar con él. Está en esta clase también- intenté mantener el tono de voz neutro, pero eso no iba a colar a estas alturas con Eva.
Si, yo también le he visto. Se ha puesto muy guapo- echó una mirada malvada hacia donde estaba sentado y luego me miró a mi- Igual se convierte en mi próximo novio,¿que te parece?-
¿A mi?me da exactamente igual, ¿por que deberÃa importarme?-
No sé como os traÃas ese rollo de novios cuando eramos pequeños-
Por favor, tenÃamos seis años. No significa nada-
En el momento en que lo dije y vi la expresión de Eva desee haberme tragado mis palabras una a una. Ahora en mis cascos sonaba Time is running out. Muy propio pensé mientras hacÃa como que copiaba lo que decÃa el profesor. No eran más de las nueve y ya estaba cansada. Iba a ser un curso muy duro...
Sueños de medianoche
Es de madrugada.Me despierto y estas a mi lado. Durmiendo tranquilamente, con la almohada agarrada con fuerza.
Me has vuelto a echar a una esquina, estoy al borde de la cama, contra la pared.
Hace mucho calor.
Desembarazo mis piernas de entre las sabanas y me escabullo de la cama sin hacer ruido.
Apenas entra luz por la ventana, pero los timidos rayos de la luz anaranjada de las farolas que se atreven a colarse por la ventana, puntean tu rostro. Me agacho un segundo a tu lado.
Sin poder evitarlo dibujo tu contorno con mis dedos y tu murmuras en sueños.
Hace no mucho me preguntaste que habÃa visto en ti.
Si me vieras ahora mismo lo entenderÃas.
SonrÃo para ti como no lo harÃa para otro, pero mi sonrisa se pierde en las sombras.
Me acerco a tu mejilla para darte un beso y saboreo un instante el aroma y la suavidad de tu piel.
Te agitas en sueños y temo despertarte.
Me alejo de ti reticente y camino por el pasillo oscuro a tientas.
Fuera hace frio.
Los barrotes de metal de la barandilla refrescan mi sudorosa piel.
La noche es perfecta.
No hay ni una sola nube en el cielo.
La luna brilla, blanca pura y tranquilizadora.
Su palida luz se mezcla con las calidas luces de las farolas.
La ciudad calla envuelta en el manto del sueño.
Me quedo extasiada ante esa tranquilidad perfecta y silenciosa.
El frÃo comienza a hacerme tiritar y mis pies descalzos ruegan por tocar de nuevo el calido parqué.
Reticente abandono esa tranquilidad que ya no es tan silenciosa para volver al arrullo de la cama.
Te encuentro dormido, tal y como te deje.
A tientas vuelvo a meterme en la cama y el calor me envuelve al caer el nórdico.
Me ajusto al espacio que hay entre tus espalda y la pared.
De pronto te giras y me abrazas.
Nuestras manos se encuentran a medio camino y las entrelazamos con fuerza.
Siento tu aliento en la espalda.
Me preguntas entre susurros y yo te respondo con un beso en la mano.
Por tercera vez esta noche las lagrimas escapan silenciosamente por mis mejillas.
Susurro para mi esas siete letras prohibidas y me abrazo a ti con fuerza.
No quiero que esta noche acabe jamás.
Quiero que me abraces para siempre.
S-I-E-M-P-R-E
Enamorarse de unos ojos
Si te enamoras de la boca te enamoras de las palabrasLas palabras cambian y las bocas miente
Enamorarte de una boca es enamorarte de sus mentiras
Una boca ha besado miles de besos y ha dicho te quiero, te odio y te necesito
Todas dejaron un vacio y una mancha...
Enamorarte de las manos es enamorarte de las caricias, de la pasión
Sientes el suave tacto ardiente y el mundo compieza a girar
No ves más no escuchas más solo sientes las manos
Pero cuando las manos se separen caprichosas sólo sentirás el frio de la soledad
Sin embargo...cuando te enamoras de unos ojos, ay, los ojos
Puedes enamorarte de unos ojos oscuros, claros o imaginarios
Da lo mismo
Los ojos ni mienten ni callan
Son el espejo del alma...
Yo me enamore de unos ojos
y desde entonces no he dejado de quererle
Son en lo primero que pienso al levantarme
y lo ultimo que susurro al acostarme
Sus secretos me fascinan, su ternura me diluye
Por que al enamorarme de los ojos
me enamoré de la persona
con todos sus secretos, sus defectos y sus virtudes
todo eso que puedes ver al mirarle y todo aquello que no ves
todo lo que ocultan sus ojos
es todo a lo que yo quiero
Marilyn Monroe
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