Desde el corazón





uela, te digo, vuela. No le temas al vacio ni a la ignorancia, extiende así tus alas blancas. Irás a lugares donde no te creerán, donde no te acojan e incluso dudarán de ti, mas no temas, ya que incluso en la más oscura de las noches encontrarás refugio en la esperanza y en el anhelo.

Hazle frente a quien con violencia te confunde y a aquellos, que solo por pasión te tratan, enséñales que no hay éxtasis más puro que abrir al corazón al otro.

A aquellos, que usando tu nombre en vano, el corazón les rompieron, ofréceles el consuelo claro de la mano amiga. Porque no hay red más segura que la sonrisa de un amigo verdadero, ni manta más cálida que el abrazo de una madre.

A ti, y a tu ausencia, se han dedicado novelas, canciones, poemas y lienzos.
Tú que eres tan frágil y huidizo y a la vez tan enorme, que por ti imperios enteros se hundieron en el fango y los muertos volvieron de la tumba a tu llamada.

Tú que cientos de nombres reclamas…

¿Cómo debería yo llamarte?
Amor

Las líneas del corazón

El día era horrible, absolutamente horrible. No había ni una sola nube en el cielo, el calor era agradable y olía a césped recién cortado. A mi todo eso me hacía un nudo en el estómago y me daba ganas de vomitar.
Nada más salir de clase me puse los cascos, con Rammnstein sonando a todo volumen, para no oír el alegre parloteo de la gente y distraerme lo suficiente para no ver a los enamorados primaverales, que se besaban y abrazaban en el césped bajo el sol de Mayo.
No quería que nada de eso estuviera pasando, preferiría que el día fuera gris y oscuro, que el césped estuviera encharcado, porque si dentro de mi todo estaba tan roto y magullado ¿por qué el exterior era tan hermoso? No, no era justo, nada había sido justo, normal o alegre en las últimas semanas.
El tren llegó a su hora y esa monotonía, esa rutina, me infundió algo de ánimo. Al menos había algo que no cambiaba que no cambiaría repentinamente, dejándote devastado e inútil.
En el vagón viajaban apenas unas diez personas. Era pronto y en los primeros días de la primavera, después del largo invierno, la gente acostumbraba a quedarse descansando un rato en el césped, hablando con los amigos y discutiendo lo cerca que estaban los exámenes y lo pronto que tendrían que ponerse a estudiar. La dulce alegría de la ingenuidad. Mis amigos, preocupados por mí supongo, habían insistido para que yo también me quedará pero rehusé con una sonrisa y algunas bromas. Me sentía tan solo en mi dolor que no quería que ellos rozaran siquiera esa sensación.
El paisaje pasaba a toda velocidad por las ventanas. El mismo paisaje cada día, en cada viaje, otro pequeño atisbo de normalidad que tranquilizó mi inquieto corazón.
Apagué el reproductor de música y dejé que el silencio atronador me envolviera, y que el ligero traqueteo del vagón me arrullará un poco. Quizás si me quedaba dormido no sentiría mi vacio.
Sin embargo, no todo era silencio. Me di cuenta al poco, cuando se fue pasando el efecto del exceso de volumen en mis oídos. Si prestabas atención se podía escuchar un sollozo suave, casi un hipido. Busqué con la mirada por el vagón y de pronto vi que había una chica sentada frente a mí en el vagón.
Ella también iba sola. Sujetaba, más bien estrujaba, un pañuelo empapado de lágrimas en su puño. El pelo castaño, muy largo, se había quedado pegado a los mofletes en una maraña húmeda y pegajosa. Cuando ella levantó la mirada nuestros ojos se encontraron.
Vi en su mirada el mismo dolor que veía en la mía. En sus ojos gris acero vi que ella también sufría, que su corazón estaba roto como el mío. Sentí que su soledad era uno con la mía y el nudo de mi estómago se hizo más tirante para luego aflojarse poco a poco.
Con la valentía que sólo puede exhibir un extraño, me levanté de su asiento y me senté a su lado ofreciéndole un pañuelo. Ella sonrió, débilmente con los labios aún temblorosos por las lágrimas. Yo le devolví la sonrisa, algo cohibido porque ni yo mismo sabía lo que estaba haciendo, pero no me iba a mover de allí.
Cuando se hubo secado las lagrimas y sonado la nariz un par de veces, agachó la cabeza hundiéndola entre las manos y dijo con la voz aún temblorosa y cortada:
- Me ha dejado…y duele…mucho –
Yo tenía razón. Lo que yo había sentido al mirarla a los ojos era cierto, ella estaba tan abandonada como yo. Éramos dos personas a las que les habían arrancado un trocito de su alma, pero que sorprendentemente aún andábamos, hablábamos, comíamos y sentíamos. Le puse la mano encima del hombro y ella alzó la cabeza con un respingo:
- Si, duele muchísimo, pero tarde o temprano se pasará –
Cuando lo hube dicho en voz alta me di cuenta que llevaba razón. Llevaba tanto tiempo lamentándome en mi dolor que no me había dado cuenta que poco a poco la herida se iba cerrando. Yo había amado, había sido amado y me habían despreciado. Empezó tan repentinamente como terminó, pero yo no me arrepentía. No tenía por qué hacerlo, sólo tenía que superarlo. Ella pareció comprenderlo también y esta vez sonrió de verdad y sus ojos se iluminaron un poco.
Recuerdo que aquella tarde recorrimos la línea entera, muchas veces hablando, otras muchas en silencio. Fue maravillosamente extraño. Ella sonreía y yo notaba como el peso de mi corazón se iba haciendo más ligero con esas sonrisas y veía que la tristeza de ella también se hacía menos espesa.
Al despedirnos la besé en la frente. Como todo en aquel viaje fue improvisado y sincero. Ella pareció confusa al principio pero luego sonrió de nuevo para mí. Era la sonrisa de una amiga, de una compañera de soledad. Se despidió con la mano y se marchó.
Podría deciros que no volví a saber de ella y que no la volví a encontrar y que aquel fue el mejor viaje de mi vida…pero os diré la verdad.
La verdad es que salía cada día corriendo de clase para coger ese tren esperando que ella estuviera allí. Esperando volver a verla. No sé lo que esperaba de verdad, quizás solo verla sonriendo al hablar con alguien o ver esos ojos grises sin tanta tristeza.
Los meses pasaron, pasaron los exámenes, el verano y el comienzo de curso y yo empecé a olvidarme de ella. Se convirtió en un recuerdo precioso, en algo que se atesora y se guarda.
Era un día como cualquier otro, yo con mi música taladrándome los oídos, el traqueteo rítmico del vagón y la cabeza llena de cosas que hacer. Seguro que habéis sentido alguna vez ese hormigueo en el cuello, cuando alguien os mira. Eso es exactamente lo que sentí yo, seguido de una sensación de vacío en el estómago. Ya sabía lo que iba a encontrar cuando me diera la vuelta.
Sus ojos grises me miraban ahora brillantes, traslucidos, llenos de luz propia. La garganta se me quedó seca cuando ella sonrió. Tanto tiempo buscándola y ahora no sabía qué decirle. Las palabras más torpes salieron de mi boca:
- He estado buscándote – dijo mi lengua de trapo mientras su sonrisa se ensanchaba.
- Lo sé – ella puso su mano suave sobre mi cara – Ya no duele –
No dijo nada más pero fue suficiente. Entendí que ella había estado curándose, al igual que yo, esperando al momento en que el corazón dejara de doler y estuviese listo para otra aventura hacia lo incierto. Ambos estábamos preparados para esa aventura, comprendí mientras besaba sus labios y daba el pistoletazo de salida hacia lo genuinamente incierto.

FIN

El diario de los amantes bobos (Parte 1)

Buenas de nuevo lector@s!! Aqui traigo la nueva entrega de mis diarios, aunque para los que les gusten las historias largas, siento decepcionarles, pero este solo tendrá 3 partes y bastante cortas cada una. Esta historía se me ocurrió hablando con un amigo, sobre lo dificiles que son todas las relaciones y de lo complicado que lo ponemos todos, hombres y mujeres. Espero que sepais leer entre líneas ^^

Diario de Elena, 1995

Hoy he tenido mi primera cita con David, el chico ese sobre el que escribía antes, ese tan guapo, con esos ojos tan verdes que cuando sonríe parece que te vas a caer de culo…El otro día me invitó a salir, bueno algo así. Vino con gesto cabreado, tanto que mis amigas se apartaron pensando que nos iba a pegar o algo, se me quedó mirando y luego me dijo que tenía entradas para una “peli” que nadie quería ver con él y que si quería ir con él. Me moría de ganas por decirle que sí, pero entonces habría parecido una chica fácil así que espere un par de días hasta decirle que sí.

Ese día era una matojo de nervios, vacié el armario encima de la cama, pensando en qué ponerme y como estar guapa, MUY guapa. Me pasé horas durante el espejo maquillándome, peinándome y echándome toda la clase de potingues que tenía.

Una pena, por que cuando llegué el apenas me miró y en seguida me llevó dentro del cine. Era una película muy romántica, de esas que hacen llorar y todo. Yo esperaba esperanzada, que cuando los protagonistas después de todo el drama, acabaron besándose bajo la lluvia, él cogiera mi mano y me besara a mí también. Y de verdad que parecía que iba a hacerlo, pero al final parece que se arrepintió y volvió a meter la mano en la bolsa de las palomitas.

La película terminó y ya era hora de volver a casa. Me acompaño hasta la puerta y nada más, ahí también me quedé con las ganas del beso, pero que se le va a hacer, al final igual solo me invitó porque tenía una entrada de más. Debería haberme lanzado en vez de esperar a que se lanzara él…

Busco colaboradores!!!!

ATENCIOOOOOON!!!
Bueno esta entrada no es un relato, sino una pedida de ayuda a todos los que leeis y seguis mi blog.
Os informo de que he abierto un nuevo blog, aunque no es de relatos cortos, y que me gustaría contar con colaboradores para ese nuevo blog...
La idea del blog es hacer reseñas sobre libros que hayais leido y dar una pequeña opinión. Nada serio, como si fueras a recomendarle el libro a un amigo.
La idea surgió de que todo el mundo anda siempre preguntandome qué leer y he llegado a la conclusión de que debe de haber un montón de gente con el mismo problema y ya que como el titulo del blog, yo como libros, pues no está mal compartir un poco no??
Bueno la dirección del blog es esta
http:/yocomolibros.blogspot.com

Os recomiendo que leais la descripción, pero a grandes rasgos es lo que yo os he contado, y si alguno está interesado, no tiene más que dejarme un comentario y nos pondremos en contacto.
Un saludo y muchas gracias a todos!

De película

“Nadie obtiene en esta vida todo el cariño que se merece”
La frase flotaba una y otra vez por mi cabeza mientras volvía a casa del cine. La película había sido magnífica, la banda sonora era tan intensa y triste que el corazón se estremecía, aún así, esa frase me había calado mucho más hondo que lo demás.
Quizás fuera porque fui al cine sola y al estar rodeada de gente mucho más acompañada, mi soledad se hizo más grande. Quizás fue porque de alguna manera, me sentí identificada con la protagonista y su vida llena de tesituras, enredos y dolor.
No sabría concretar el por qué, pero esa frase se había colado en lo más oscuro de mi mente y no era capaz de sacarla de allí.
Yo tampoco había obtenido todo el cariño que merecía, ni siquiera el que necesitaba, y ahora, a pesar de que mi vida no había llegado aún a la madurez, me sentía terriblemente vacía y falta de ese calor, que solo se puede conseguir con amor.
Abrí la puerta de mi casa, y mi gato, gordo y viejo, se coló entre mis piernas frotándose y haciendo así de su saludo la única muestra de cariño de mi día. Me agaché para acariciarle tras de las orejas y lo cogí en brazos mientras me dirigía al salón.
No esperaba yo lo que aguardaba sentado en mi sofá. La misma sudadera negra que el día que se marchó, dejándome ese vacío helado en mi interior. Los mismos ojos, ahora más cansados, en los que yo me había mirado tantas veces, como un espejo de aguas turbias. Las mismas manos, cruzadas en un gesto nervioso, que me agarraron aquel día por las muñecas. La misma boca, que susurró ahogada las palabras que fueron mi muerte y que suplicaban una y otra vez que no llorara.
Me había quedado muda. Él permanecía silencioso. Descruzó las manos, mostrándome una copia de la llave de mi casa, que aún conservaba. En mis brazos el gato pugnaba por liberarse de mi férreo abrazo, a cada momento más tenso. Lo dejé ir y trotó hacía él, que recompensando su lealtad le acarició hasta que el caprichoso felino se aburrió.
Yo seguía sin palabras y por fin él se lanzó a hablar. Me dijo cuánto lo sentía, se disculpo por sus errores y melló sus defectos. Destapo su alma ante mi, una vez más. Mientras yo, apenas le escuchaba, solo veía como se movía, sus manos, ansiosas, jugueteando con un cordón, y sus ojos brillantes por lo que se podrían llamar lagrimas de hombre.
Fue ahí cuando recordé otra frase, de otra gran película, mucho más antigua y sin querer, como en un momento romántico digno de cualquier filme, salió de mis labios:
- Calla, calla… ya me tenías con el hola -

Buenas!! Me he tomado un descansillo entre estudio y estudio para escribir esta mini historía. Me ha costado lo mio redactarla, porque está basada en un suceso personal algo doloroso, pero para mi es una manera de dejarlo atrás ^^.
Para los que estén interesados, la primera frase pertenece a la película "Memorias de una geisha" que si no la habeis visto os la recomiendo, por que tiene unas frases y una fotografía genial. La segunda pertenece a "Jerry Maguire" protagonizada por Tom Cruise y que a mi me gusta mucho también!
Un saludo y feliz vuelta de vacaciones a los que ya estais por aquí ^^

Sensualidad

Nuestras manos no se tocan, ni nuestros labios están si quiera cercanos a rozarse. Te acaricio con la mirada, sigo las líneas rectas de tu rostro, que me llevan a tu cuello y después a tu torso. Siento como tu cuerpo se estremece ante mi mirada, como si fuera una caricia, liviana, etérea, casi fantasmal. El aire sale de tus labios sin producir un sonido, solo para acariciar mi oreja, después mi cuello y desate en todo mi cuerpo oleadas de calor y frío al mismo tiempo.
Ahora los dos temblamos, deseosos de poder apagar nuestro fuego y calentar nuestro frío al abrigo del abrazo del otro; pero seguimos sin tocarnos. La distancia es cada vez más escasa y puedo ver el verde moteado de tus ojos y sentir como tu olor, tu aroma, me envuelve, me nubla los sentidos e intenta quebrar mi voluntad.
Alzas la mano y yo casi la uno a la tuya en el aire, pero no hay roce. Entre nuestras manos pasa el aire, casi asfixiado por el calor que desprendemos, pero aún así pasa.
Un milímetro más cerca.
Apenas es un suspiro lo que nos hemos movido, pero ya puedo sentir tu calor más cercano al mio, una llama que se crece, amenazando con convertirse en un incendio, devastador, que nos queme a los dos.
Noto tus deseos, tus anhelos, tu ansia, que juguetean con mis pecados, haciéndolos de los dos.
Ya sólo hay medio suspiro entre nosotros.
Veo más allá del verde moteado de tus ojos, siento como, febriles al igual que los mios, vuelven su caricia más intensa, tanto que juraría que mi ropa se ha movido respondiendo a tu necesidad de apartarla para poder tocarme.
Nuestros labios están tan cerca, que desde lejos jurarían que nos estamos besando. Pero nuestros labios no se tocan. Bailan una danza muy antigua, en la que sólo hay dos invitados, puritanos ellos, que negandose a rozarse, giran y giran al mismo compás.
Uno de los puritanos rompe su clausura y alcanza al otro. Es un roce tan suave que parece que no ha existido, pero en mi interior ya prenden llamas.
Alargo el roce ansiosa, disfrutando del tacto de tus labios, su carnosidad y su sabor, tan tuyo. Tú tampoco te marchas y con el cuidado de quien sujeta algo delicado posas tus labios contra los mios.
Esta vez si hay roce. El incendio se propaga, empieza en algun punto oscuro de mi pecho, pero pronto se ha extendido y ahora campa a sus anchas por todo mi cuerpo, desde la punta de mis dedos, que ardiente se muere por tocarte, hasta mi cabeza que da vueltas como un carrusel de feria.
Cierro los ojos e imagino. Yo alzo la mano y te toco. Tú dibujas las líneas ondulantes en mi cuerpo con la yema de tus dedos. Atrapas mi cabello entre tus manos y me acercas a ti. Yo capturo el beso. Nos unimos. Mi cabeza. Mi cabeza. Cada vez da más vueltas y de pronto hay un estallido y todo se vuelve ligero, como si flotara...
Nuestros labios se han separado.
Recuperamos la compostura y nos cobijamos de nuevo en la oscuridad. Una sonrisa aletea por tus labios y vuela presta hacia los mios...
Ha sido solo un beso, tan solo un beso, pero ha sido bastante, más que suficiente...ENORME...
Rompes nuestro pacto y me coges de la mano. Ahora si sonrío de verdad.

Buenas!! Ya he vuelto del verano! Con las pilas cargadas como podeis comprobar. Esta historía es algo que se me ocurrio viendo una pelicula antigua, en la que un simple beso denotaba tanta (o más) pasión que todas las escenas "subidas de tono" que se pueden ver hoy en televisión. Es una especie de homenaje a la sensualidad. Espero que os haya gustado ^^

El momento del silencio

Los sueños aún me arropaban cálidos y abrumadores cuando la brisa cálida de la noche me alborotó el pelo.

A esta hora de la noche, incluso la luna se había ocultado tras las nubes para descansar su brillo.

A esta hora todo dormía.

La ciudad, tan bulliciosa durante el día, respiraba ahora calmada con los suspiros de aquellos que se acurrucaban plácidos bajo las sabanas.

Sentía el calor de los ladrillos entre mis dedos, me hablaban de tardes de sol y calor, en las que sus inquilinos se guardaban bajo toldos color verde esperanza, abanicándose pesados y adormilados, intentando aguantar el verano.

El verano había llegado hace pocos días, y los edificios brillaban con una luz especial, con su blanco, el terracota y el marfil. El brillo alegre tras un invierno lluvioso y gris hacía ensombrecer a las anaranjadas farolas.

Respiré el aire de la noche, que olía a plácidos sueños y miré a la luna, que había vuelto de su escapada en las nubes.

El momento había pasado y ahora se escuchaban coches a lo lejos, sonidos de una ciudad dormida solo en apariencia. Mi ciudad y mi sueño, ambos volvieron conmigo a la cama, contentos de haber presenciado ese momento eterno y fugaz.