El cielo pintado

lunes, junio 10, 2013 Laura Sanchez 0 Comments

La brisa del oeste desdibuja las nubes, difuminando el horizonte en tonos violetas y rosas, que besan dulcemente el mar.
Bajo mis pies siento el cosquilleo del agua, tan clara que parece no existir. Podrías nadar y nadar sintiendo que ya rozas el fondo con la mano y moror ahogado a mitad del camino.

El globo aerostático de colores hace horas que zarpó, pero en el cielo aún aparecen dibujados sus colores.
Si yo alzara mi mano, también quedaría grabada, por eso no me muevo, no quiero ensuciar un cielo añil tan hermoso.

En Ciudad Deriva cada movimiento queda plasmado... sobre los edificios... sobre el cielo... sobre las personas...

Sobre mí llevo la marca de todas las personas que he conocido, que he amado, retazos de lo que ellas fueron que se han quedado tatuadas en mi piel, formando una geografía de mi vida que decora mi piel en mil colores.

También llevo conmigo mis sitios más amados: las flores violetas de mi campo favorito engarzan la punta de mis dedos y mis pies son del color del agua de un arrecife.

Llevo mi vida como un traje que adorna mi cuerpo. Nada que ocultar, sin engaños ni lugar para el arrepentimiento.

Dejo que mi mirada vague y que mis ojos se tiñan del color del horizonte.

Sonrío y los labios de mi amado sonríen conmigo, pero las arrugas de mi rostro revelan un destino que no tiene fin.

Introduzco vacilante los dedos de mi pie derecho en el agua. Su frío es reconfortante.
El agua va borrando mi pie y cuando lo saco ya no queda nada. Mi pie derecho ha desaparecido para siempre.

No siento dolor, tampoco pérdida.

Ahora sumerjo los dos pies y dejo que el agua me llegue hasta la rodilla.

Siento el agua fría un momento y luego como mi esencia se va diluyendo en ella.

Para cuando la mitad de mi cuerpo ha sido lamida por el agua me doy cuenta de lo poco que puede significar un cuerpo si el alma está rota y me dejo caer completamente.

Veo el inmenso mundo azul y la sombra de la ciudad proyectándose sobre el fonde de arena blanca. Veo cómo me voy deshaciendo en un pequeño arco iris submarino, que se aleja ondulante.

Es una bella forma de morir... quizás parte de mí coloree algún día un brillante arrecife... o acabe siendo arena blanca bañada por el sol.

Quién sabe.

En mi último momento de  consciencia noto su presencia a mi lado. Él me ha esperado.

Suspiro y me deshago en burbujas de colores.

Hasta pronto

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