Sin darme cuenta...

sábado, enero 04, 2014 Laura Sanchez 2 Comments

La vio llegar a lo lejos, con el cabello anaranjado ardiente y una pequeña sonrisa.
Le habló desde lejos, temerosa de asustarle

"Es posible que no me recuerdes, quizás porque nunca llegaste a conocerme.
Yo era una simple luz de farola, perdida en una ciudad llena de otras como yo. Pasaba el día observando el mundo, envidiando a las luces de los coches, siempre de aquí a allá, que se bañaban fugazmente en mi goteo color naranja, pero no quería más que mi apatica vigilancia de la ciudad latente. No aspiraba a más.

Un día, sin embargo, tú llegaste a mi lado. Brillabas con una luz distinta a la de las hermanas que yo conocía. Intenté hablar con ella, con la luz que te inundaba y te volvía, la susurré en todos los idiomas de la luz que conocía, pero ella permaneció silenciosa...

Todas las noches pasabas, con aquella misteriosa compañera, y cada noche yo intentaba hablar con ella, conocerla, sin éxito.
Pasaba mis horas de descanso imaginando de dónde vendría esa luz tan hermosa, tan extraña.

No sabía yo que un día dejarías de pasar bajo mi halo y como esto destrozaría mi mundo.
Sentía en mi una necesidad desconocida, algo que se revolvía en mi interior, así que decidí despegarme, dejarme caer desde mi atalaya en un salto de fe y caí directa a un reloj de pulsera, donde me convertí en un reflejo, una luz con muy poca clase la verdad.

Viajé en ese reloj, buscándote en las recónditas calles de la ciudad, pero no te encontré.

Entonces llegué lejos, más lejos de lo que alguna vez pude soñar: llegué a cielo abierto.
Me recibió un cielo de satén negro bordado de pequeñas perlas, estrellas, lejanas voces antiguas con el tiempo, entonando una canción tan hermosa que por primera vez me emocioné.

Fue entonces cuando comenzó mi verdadero viaje. Nunca te olvidé amigo, pero en tu búsqueda encontré otras muchas cosas.

Aprendí el dolor de la tristeza al ver morir poco a poco a un llama moribunda en un candil olvidado. Aquella noche mi pecho se deshizo en pedazos al verla marchar y se cosió de nuevo a la mañana siguiente, porque también comprendí que mientras yo no la olvidará esa llama jamás se apagaría.

La esperanza la encontré en el sitio más extraño, el que todo el mundo evita, en el hospital. Tantas muertes, tanta enfermedad, pero entre las rendijas de la amargura se colaban pequeños retazos de esta emoción, en el pitido y la luz titilante de un corazón que volvía a latir.

Aprendí tantas, tantas cosas, tantos nombres, tantas vidas... pero nunca conocí una luz como la tuya.
Volví a mi ciudad, que ahora era distinta, las luces de mi ciudad, mis hermanas, compañeras en mi soledad, nunca me parecieron tan extrañas...

Busqué tu mirada en un mar de gente eterno, recorrí la ciudad saltando de acá para allá entre luces de farolas, coches y algún brillante cartel de neón, hasta que un día te encontré.
Me crucé contigo, siendo el destello del metro al pasar, pero oh, pobre de ti, amigo mio, ya no eras tú mismo... habías perdido aquella luz tan hermosa que te envolvía.

Te seguí a casa oculta en el reflejo de los critales de tus gafas, encogiéndome para que no me vieras... parecías tan solo, tan triste...
Me colé en tu casa, en tu mundo sin que me invitases, y busqué en cada rincón a aquella luz que me había fascinado tanto, pero no la pude encontrar.
Entonces la luz de tu mesilla me contó que habías perdido a alguien tan importante para ti que tu luz se apagó, se perdió en la negrura de tu triteza. Me habló de tu soledad, de como echabas de menos a "tu pequeña estrella"

Por eso cambié, por eso estoy hoy aquí. Tú me habías dado tanto, tanto que nada habría sido suficiente. Pedí al Creador, al Señor de las Luces, que cambiara toda mi vida eterna como luz, mi brillo anaranjado y mi corazón luminiscente, por este cuerpo, por esta posibilidad de vida... para intentar ser lo que perdiste"

Ella calló entonces, su esperanza hecha un nudo en su pequeño pecho.
Con la mirada empañada en lágrimas él se bajó poco a poco de la barandilla del puente y se acercó lentamente y con los brazos temblorosos abrazó el pequeño cuerpo de la niña, tan cálido y brillante y entonces por un momento, la pequeña luz de ciudad vio brillar la luz en su interior, escondida en el abrazo que la rodeaba, y escuchó por primera vez su voz.

Mientras apoyaba su cabeza en el hueco de su hombro y enredaba sus bracitos alrededor de su cuello pensó:
"Ah... así que eras amor"

***

Esta entrada es bastante especial para mi, fue la ultima que escribí, de prisa y corriendo, antes de que acabara el año, en un cuaderno que llevo escribiendo 5 años, del que han salido la mayoría de las historias, relatos, "poesías", que hay en este blog.

Han sido más de 144 paginas, y casi 150 entradas que he compartido con todos los que llevais leyendo este blog tanto tiempo, y por eso simplemente quería daros las gracias, ha empezado un nuevo año y yo un nuevo cuaderno y espero que sigáis por aquí.

Muchas gracias a todos


2 comentarios:

  1. Ufff, terminaste el cuaderno... ¡Que de cosas! Me costaría mucho decir cuál es mi favorito, tengo algunos candidatos, pero es difícil escoger.
    Espero que sigas rellenando cuadernos y compartiéndolos con nosotros, siempre es un placer leerte ^^

    Me ha gustado mucho como la luz viajaba de un sitio en otro, en el reflejo en un reloj, en las gafas, buscando lo que quería sin rendirse. Muy bonito

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  2. Pero Laura!! Es precioso!! No sé por qué te leo tan poco, si todo lo que encuentro aquí es oro. Esta me ha gustado especialmente. Estás llena de talentos!!
    Un besiiito!

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Los comentarios me animan mucho a seguir escribiendo, asi que, si os gusta, comentad^^